¿La superstición mejora nuestra probabilidad de sobrevivir?

Este artículo ha sido verificado y aprobado por Gema Sánchez Cuevas el 18 noviembre, 2017
Beatriz Caballero · 18 noviembre, 2017

La superstición es en realidad un efecto colateral de la capacidad de aprender. Cualquier ser con capacidad de establecer conexiones entre sucesos es vulnerable a ser supersticioso en cierto grado.

De acuerdo con Rotter (1966), si una persona percibe que lo que obtiene de su conducta está fuera de su control (impredecible, destino, otros poderes, suerte…) entonces tiene una creencia o expectativa de control externo. De hecho, algunos teóricos opinan que la conducta supersticiosa puede desarrollarse cuando alguien está expuesto a situaciones incontrolables. Por otro lado, bien sabemos que es imposible controlar todo lo que sucede a nuestro alrededor.

En este sentido, el ser humano ha evolucionado y adquirido capacidades que le permiten sobrevivir en este mundo, en buena parte, impredecible. Así, en parte todos albergamos creencias e ilusiones que nos permiten tener la sensación de controlar nuestra propia existencia.

La superstición como forma de adaptación

Tocar madera, cruzar los dedos, evitar pasar debajo de una escalera o tener una pata de conejo como talismán puede servir a tu cerebro, salvando las distancias, igual que una golosina a un niño. Las gominolas les encantan a los más pequeños. De hecho se emplean habitualmente como refuerzo, y ni siquiera saben qué son exactamente. Lo mismo ocurre con los rituales supersticiosos.

Manos con los dedos cruzados para representar la superstición

Muchas personas poseen amuletos o rituales que les ayudan a hacer mejor las cosas. Incluso pueden aumentar su motivación de logro o autoconfianza.

El Pensamiento Supersticioso Personal (PSP) daría nombre a la tendencia que tenemos a pensar de un modo que nos permite prepararnos para defendernos de las decepciones, desilusiones y disgustos. Este estilo de pensamiento forma parte del pensamiento constructivo definido por Epstein (1998).

En este sentido, la confianza en uno mismo es decisiva. Por lo que cualquier factor, por irracional que resulte, mejorará las posibilidades de sobrevivir. En definitiva, afirmar que la superstición puede resultar adaptativa, por locura que pueda sonar un principio, no deja de ser cierto en muchos casos.

Experimentando con la superstición

En estos ejemplos experimentales se induce a los sujetos a pensar que su conducta se está viendo reforzada. Pero, por ejemplo, en el caso del estudio de Koichi Ono, la conducta supersticiosa no se debe del todo al reforzamiento accidental. La hipótesis de que la falta de control lleva al ser humano a comportarse de manera supersticiosa se confirma en el experimento de Helena Matute.

Experimento de puntuaciones (Koichi Ono, 1987)

Basándose en los trabajos de Skinner con palomas, empleó cámaras experimentales que contaban con tres palancas y un panel en el que se registraba la puntuación. Se pidió a veinte sujetos que intentaran acumular la mayor cantidad de puntos posibles, pero no se les dijo que realizaran ninguna conducta determinada.

El equipo estaba programado para entregar el reforzador – un punto en el marcador – cada vez que transcurría cierto tiempo, sin requerir ninguna acción. Lo que sucedió es que muchos participantes mostraban conducta supersticiosa después de que ocurría algo y era seguido de un punto. Uno de ellos incluso brincaba hacia el techo pensando que así le otorgarían más puntos.

Experimento de sonido (Helena Matute, 1993)

Utilizó la presentación de un estímulo aversivo en el ordenador. En este caso se trataba de un ruido molesto programado para desaparecer pasado cierto tiempo. Los participantes fueron divididos en dos grupos. En el primer grupo, se pidió a los sujetos que intentaran parar el sonido utilizando las teclas del ordenador. A los miembros del segundo grupo se les explicó que, hicieran lo que hicieran, no podrían controlar la emisión del sonido.

Los resultados fueron dispares: los sujetos del primer grupo generaron un patrón de conducta en el momento de presionar las teclas. Estos participantes desarrollaron una ilusión de control, que les llevó a realizar conductas supersticiosas. Realmente llegaron a creer que si presionaban ciertas teclas del ordenador podían controlar la emisión del sonido molesto. En cambio el segundo grupo no hizo nada, tal y como se les pidió.

adolescente triste ante el ordenador

La ilusión como escudo

Nuestro cerebro está formado por una red de conexiones que tiende a realizar asociaciones. Asociamos palabras, lugares, sensaciones, eventos, etc. Cuando una persona percibe erróneamente su conducta como posible causa, su cerebro está siendo dominado por la “ilusión de control”. Cuando esto ocurre de manera más genérica, atribuyendo la causa o el origen a un agente externo, sírvase de ejemplo un curandero, este fenómeno se denomina “ilusión de causalidad”.

Herstein (1966) argumentó que es improbable que esta conducta se deba simplemente al reforzamiento accidental. En cambio sí presupone que si una persona es inducida al menos una vez a tener un comportamiento supersticioso, podría mantenerse por reforzamiento accidental. En muchas sociedades se realizan rituales como danzas para la lluvia o sacrificios humanos. A modo de reflexión, ¿podrían estas prácticas atribuirse al mero reforzamiento accidental de la conducta individual o constituirían una estrategia que mejoraría nuestra probabilidad de supervivencia?