La técnica del rol fijo de Kelly

9 mayo, 2019
Este artículo fue redactado y avalado por la psicóloga Alicia Escaño Hidalgo
La técnica del rol fijo se utiliza para que el paciente, mediante a asunción de un papel ficticio, explore y aprenda nuevas maneras de construir la realidad y pueda quedarse con las que le son más funcionales en su vida.

En el marco de los modelos constructivistas, George Kelly desarrolla la teoría de los constructos personales así como la técnica del rol fijo. Según este enfoque, es el individuo el que va construyendo su realidad y por lo tanto, esta no sería algo inamovible y totalmente cognoscible.

La realidad, en última instancia, dependerá de cada persona en particular. Por lo tanto, no existe una única realidad, sino tantas como personas habitan el planeta. Mediante lo que Kelly denominó como «constructos personales», las personas dan significado a su realidad.

El sistema de constructos se va adaptando y modificando dependiendo de las experiencias que vayamos teniendo a lo largo de la vida. Cada sistema de constructos depende de la persona que lo tenga, es particular y único.

Los constructos son dimensiones bipolares de significado que constituyen el conjunto estructurado del conocimiento que tiene el individuo para entender y anticipar su mundo de experiencia. Así el constructo tiene la doble función de procesar la información que llega a los sentidos y de anticipar los acontecimientos futuros. Por ejemplo, si conozco a alguien, puedo construirlo como «amable» en opuesto a «desagradable» dependiendo de las experiencias que haya tenido anteriormente con este constructo.

Por lo tanto, la persona funciona como un «científico», formulando teorías -los sistemas de constructos- que nos permiten organizar, predecir y negociar nuestra experiencia con el mundo. La construcción de la experiencia condicionará que el individuo se comporte de una manera o de otra.

Hombre pensando en el trabajo

Técnica del rol fijo

La técnica del rol fijo fue desarrollada por Kelly e 1955. Aunque en desde la teoría de los constructos personales existen otras técnicas, como la «técnica de la rejilla» con la que podemos evaluar los constructos del paciente, la técnica del rol fijo es la más representativa del modelo. El objetivo es conseguir el cambio terapéutico del paciente explorando otros esquemas del self diferentes a los que el paciente tiene de sí mismo.

El terapeuta ayuda al paciente a que empiece a comportarse en su vida como si fuese otra persona. Para ello, el terapeuta explora roles alternativos que podrían ser funcionales para la persona. Estos roles deben ser representados por el paciente durante aproximadamente dos semanas.

Anteriormente hemos comentado que los constructos personales determinan en gran medida el comportamiento de las personas. Siguiendo el ejemplo anterior, si conozco a alguien y le otorgo el constructo de «agradable», lo más normal es que mi comportamiento sea consonante con ese constructo. Es decir, me acercaré a esa persona, le daré conversación, quedaré con él, etc. Al contrario, pasa exactamente igual: mi comportamiento también influye en el sistema de constructos.

Si albergo constructos personales inadaptados o ineficaces (cada persona nueva que conozco la construyo como «desagradable»), mi comportamiento seguirá siempre esa construcción y eso no me beneficiará en absoluto. Kelly, en este sentido, propone la opción de convertirnos en una especie de actor y obligarnos a comportarnos como si se hubiéramos calificado a esas personas como «agradables» en lugar de «desagradables». Al cambiar la conducta, será más fácil que puedan explorarse otros sistemas de constructos más eficaces.

Como puede deducirse, es esencial que el paciente acepte la técnica de buen agrado y se comprometa con la adopción de un rol distinto. De hecho, esta técnica suele utilizarse cuando ya se han probado otras sin éxito.

Fases de la técnica del rol fijo

Esta técnica se compone de algunas fases que deben realizarse antes de adoptar el nuevo rol. Son las siguientes:

  • Autocaracterización. En la primera fase el paciente desarrolla una descripción de sí mismo en tercera persona. A esta descripción también se le llama «bosquejo del carácter». Tras la descripción del paciente, es el turno del terapeuta. Este escribirá una nueva descripción pero esta vez basada en un nuevo rol, técnica denominada «búsqueda del nuevo rol». Es, por lo tanto, el terapeuta quien elige el nuevo rol del paciente ya que puede ver, desde su propia perspectiva, cual puede funcionarle mejor y permitirle acceder a nuevos constructos personales.
  • Posteriormente, el paciente se compromete con el rol prescrito y lo desarrolla en los retos y circunstancias de su vida diaria durante al menos dos semanas. También debe llevarlo a cabo en la propia consulta. Si el paciente es muy celoso porque tiene el constructo de «posesión» cuando piensa en su pareja, una alternativa podría ser comportarse durante dos semanas como alguien «confiado» -con todo lo que ello implica: no mirar el móvil, no llamar compulsivamente a la pareja, etc.-.
  • Una vez han terminado las dos semanas de interpretación, terapeuta y paciente realizan una sesión para valorar los resultados de la técnica. En este sentido, el paciente tiene que decidir si quiere seguir manteniendo algunas de las características del nuevo rol o prefiere volver a la dinámica habitual del rol anterior. Lo más normal, si la persona se ha sentido más calmada o ha disfrutado de los beneficios del rol ficticio, es que quiera seguir interpretando algunos aspectos de ese papel. Con la práctica, se irá convirtiendo en un hábito y es muy probable que la persona lo termine interiorizando en su personalidad.
  • Por último, el paciente escribe una carta de despedida a su rol anterior, preparando el cierre de la intervención.

Psicólogo haciendo terapia cognitiva

Conclusiones

La técnica del rol fijo de Kelly pretende, al fin y al cabo, la activación del paciente en el sentido que le beneficia. Se le instiga a la persona a comenzar un cambio. En lugar de hacerlo desde el plano cognitivo -o de los constructos- se realiza desde el plano conductual. Su parecido con las técnicas conductuales de activación son visibles.

La ventaja que tiene esta terapia constructivista es que el paciente se siente libre de poder elegir. No le decimos que se comporte para siempre de una determinada forma. Más bien, se le anima a «probar» nuevos caminos y ver qué pasa. Si quiere, puede volver al punto anterior.

Este matiz diferencial con otras técnicas, repleto de empatía, ayuda al paciente a adherirse mejor al tratamiento, no perdiendo la sensación de control. La persona no se siente presionada a cambiar, sino que más bien, se le da la opción. El hecho de que sean solo dos semanas de entrenamiento permite al individuo tener experiencias con otros constructos, y a su vez, saber que la técnica tiene un fin y que podrá ser libre de quedarse en la posición que prefiera.

  • Senra, J., Feixas, G. y Fernandes, E. (2005). Manual de intervención en dilemas implicativos. Revista de psicoterapia, 179-201.
  • Martorell, J (1996): Psicoterapias. Pirámide. Madrid