La terapia brainspotting: un avance para la psicoterapia

Este artículo ha sido verificado y aprobado por Sergio De Dios González el 28 junio, 2018
Judith Francisco · 28 junio, 2018

La terapia brainspotting fue descubierta en el año 2003 por David Grand. Él mismo la define como una propuesta psicoterapéutica que utiliza el campo visual para localizar “posiciones oculares relevantes”. Estas posiciones oculares (o brainspots) estarían relacionadas con determinadas áreas cerebrales que se activan como respuesta al trauma psicológico.

Es decir, David Grand descubrió que a través del campo visual y de la posición de los ojos podía acceder a puntos concretos del cerebro donde se escondían los traumas de sus pacientes. Una vez localizadas las posiciones oculares relevantes, se trabaja a través del mindfulness o consciencia plena en esos puntos concretos hasta que el paciente llega a un estado de resolución.

Como ya podemos intuir, la terapia brainspotting es un proceso abstracto y complejo. Así, para comprender mejor los mecanismos sobre los que se articula, vamos a hacer un pequeño viaje al pasado, concretamente hasta su origen.

¿Cuándo y cómo se descubrió la terapia brainspotting?

En el año 2003, David Grand se encontraba tratando a una patinadora sobre hielo de 16 años. Esta adolescente padecía problemas disociativos que estaban perjudicando su rendimiento.

Había momentos en los que no sentía las piernas o no recordaba esa secuencia que había ensayado tantas veces sobre sus patines. Después de descartar las diferentes hipótesis que podrían situar el origen de esta sintomatología en el plano físico, sospechando un origen disociativo, los especialistas empezaron a trabajar con ella en el plano mental.

Mujer con la mente iluminada

David Grand estuvo trabajando con ella durante un año, hasta que empezó a considerar la idea de que lo que le pasaba tenía que ver con un rechazo por parte de su madre, además de una larga historia de lesiones y fracasos deportivos.

Establecida la hipótesis de trabajo, durante la intervención, la patinadora debía imaginar a cámara lenta algún ejercicio que le resultara imposible realizar. Mientras lo imaginaba, tenía que detectar en qué punto sentía y veía que “se iba” y congelar ese momento.

Es entonces cuando Grand animaba a la paciente a seguir sus dedos con la mirada, mientras los movía de un lado a otro. En una de estas prácticas, los ojos de la patinadora temblaron ligeramente y se produjo un notable flujo de procesamiento.

A los diez minutos, el procesamiento se ralentizó y el bloqueo ocular cesó. A la mañana siguiente, la patinadora llamó a David y le comunicó que había logrado realizar varias veces el salto que había imaginado sin ningún problema. 

Es así como el autor empezó a sospechar que podía estar a punto de descubrir algo importante. Para corroborar su hipótesis, decidió probarlo con otros pacientes con problemas similares; para ello se puso en contacto con otros terapeutas que se lanzaron a probarlo también. Así fue acumulando evidencia de la efectividad de la terapia brainspotting con una amplia variedad de personas que presentaban diferentes diagnósticos, historiales y síntomas.

¿Cómo funciona la terapia brainspotting?

Como hemos mencionado anteriormente, la terapia brainspotting basa su poder en un primer logro: localizar, dentro del campo visual, el punto en el que la persona se siente más conectada con su experiencia corporal. Una vez conseguido, se promueve la observación con consciencia plena de los procesos internos (el afecto, la memoria, las sensaciones corporales, etc.).

El paciente debe observar sin filtros críticos o censuras lo que sucede en su interior, tal y como ocurre. En varios momentos, el terapeuta intervendrá, produciendo pequeñas discusiones que van revisando el procesamiento del paciente. A su vez, se intenta ir reorientando la atención hacia la experiencia de su propio cuerpo; el objetivo será alcanzar un estado de resolución.

Ojos con puntos

El proceso o la terapia continúan hasta que el paciente es capaz de recordar o imaginar el motivo original de la activación, es decir, el trauma, sin que esto le produzca ningún tipo de perturbación. En este momento se pide que vuelva a iniciar el procesamiento, hasta que ya casi no se produzca activación.

La resolución puede darse en cualquier momento entre la primera sesión y varios meses o incluso años de tratamiento, dependiendo del diagnóstico, de la complejidad de la condición y de la capacidad del paciente para procesar. Por otro lado, para que la intervención tenga éxito la presencia, pericia e implicación del terapeuta es fundamental, así como una relación de profundo respeto en el marco de la terapia.