La utilización de la psicología contra el terrorismo: el caso Guantánamo

Edith Sánchez · 21 febrero, 2020
Este artículo ha sido verificado y aprobado por la psicóloga Gema Sánchez Cuevas el 21 febrero, 2020
En todas las guerras, incluso en la antigüedad, se ha hecho uso de la psicología para combatir a los enemigos. Sin embargo, el caso Guantánamo es un franco retroceso porque, con el permiso de las autoridades, se hizo más uso de la brutalidad que del conocimiento psicológico.

El psicólogo James E. Mitchell fue interrogado en el marco del juicio militar por el caso Guantánamo y sus declaraciones dejaron consternados a muchos. Se hablaba sobre la utilización de la psicología contra el terrorismo y Mitchell no solo admitió que utilizó sus conocimientos para torturar a los prisioneros, sino que además agregó que volvería a hacerlo.

Recordemos que el concepto de lucha contra el terrorismo se popularizó y masificó después de los ataques del 11 de septiembre en Estados Unidos. Los mismos produjeron una suerte de declaratoria de guerra, en particular contra los grupos armados irregulares de Oriente Medio.

De esa situación se desprendió la invasión a Afganistán, entre otros hechos. La persecución a los miembros de esos grupos irregulares condujo a la detención de muchos de ellos y luego a su confinamiento en la base militar de Guantánamo. Primero a través de Wikileaks y después a través de otros medios se supo de torturas contra los prisioneros en el caso Guantánamo, con ayuda de psicólogos.

Podrán torturar mi cuerpo, romper mis huesos e incluso matarme. Así, obtendrán mi cadáver. No mi obediencia”.

-Gandhi-

Mano manipulando las cuerdas de una marioneta para representar a un manipulador

Dos psicólogos en el caso Guantánamo

Todo comenzó cuando fue hallado el famoso “Manual de Manchester”. Era en realidad una guía del grupo Al Qaeda para sus seguidores y señalaba, entre otras cosas, cómo podían mentir durante un interrogatorio. Los psicólogos James E. Mitchell y Bruce Jessen hicieron un análisis sobre este documento y se lo hicieron llegar a las autoridades estadounidenses.

Todo indica que lograron su cometido de llamar la atención sobre su capacidad para enfrentar los métodos de Al Qaeda durante los interrogatorios. En ese entonces, ambos trabajaban como psicólogos e instructores en la escuela de Supervivencia, Evasión, Resistencia y Escape de la Fuerza Aérea de EEUU (SERE, por sus siglas en inglés).

Su trabajo consistía en entrenar a los soldados estadounidenses para que resistieran a las diferentes presiones a las que podían ser sometidos si eran capturados en el marco de una confrontación armada. Con el análisis del Manual de Manchester, el trabajo de estos psicólogos se convirtió en lo contrario: ahora debían utilizar sus conocimientos para interrogar prisioneros.

El uso indecente de la psicología

Mitchell y Jessen aparecen ahora como los expertos en psicología detrás de las torturas a las que fueron sometidos los prisioneros, en el caso Guantánamo. Sin embargo, si se mira detenidamente, lo que hicieron fue utilizar métodos bárbaros, que existen desde hace cientos o miles de años y justificar su uso con teoría psicológica.

Según estos “expertos” lo que hicieron fue aplicar al caso la teoría de la indefensión aprendida. Recordemos que esta fue formalizada por el psicólogo Martin Seligman, en 1967. Se refiere a que el castigo continuado lleva a que una persona aprenda a comportarse pasivamente frente a un agresor, bajo la premisa inculcada de que no tiene la capacidad de responder ante esos ataques.

Mitchell y Jessen hicieron una interpretación burda de esta teoría y así crearon lo que ellos llamaron “técnicas avanzadas de interrogatorio”. Estas no eran más que abusos físicos sistemáticos, en un marco de aislamiento, privación del sueño y del alimento, todo orientado a romper la voluntad de los detenidos. Realmente en ello no hay ninguna innovación, sino sadismo.

Sombra de una persona aterrorizada por Jack el destripador

El peligro de estos precedentes

Estos dos psicólogos ni siquiera hablaban el idioma de los prisioneros, pero sí se involucraron personalmente en los casos de tortura. Ellos mismos aplicaron procedimientos como ahogamientos y golpes en la cabeza durante horas. Lo más desconcertante de todo es que hay muchos indicios que señalan que ni siquiera así lograron su objetivo: muchos prisioneros resistieron y no dijeron lo que ellos querían saber.

Ahora que el caso Guantánamo sigue un juicio contra cinco prisioneros, Mitchell fue llamado a declarar como testigo, pero no se le acusa de nada. Junto con su colega Jenssen ganó 81 millones de dólares por su trabajo. Ambos tienen una cláusula que les ampara, con cinco millones de dólares contra posibles juicios en su contra. Sin embargo, esos juicios nunca se darán, porque el caso Guantánamo está rodeado de total impunidad.

Es grave que una de las mayores potencias del mundo patrocine y estimule este tipo de prácticas tan crueles. También es grave que se utilice no la psicología, sino el nombre de la psicología, para llevar a cabo acciones bárbaras.

Pérez Gónzalez, M., & Rodríguez-Villasante y Prieto, J. L. (2002). El caso de los detenidos de Guantánamo ante el derecho internacional humanitario y de los derechos humanos. Revista Española de Derecho Internacional, 11-40.