La vida es bella, una película sobre la superación de las adversidades

Leah Padalino · 9 enero, 2018

La vida es bella es, probablemente, la película italiana más reconocida y aclamada a nivel internacional. El guión, la banda sonora y las interpretaciones de los actores la convierten en una película inolvidable, capaz de ir de la risa al llanto y de transmitir infinidad de emociones. En definitiva, una obra maestra del cine cargada de mensajes, dirigida y protagonizada por Roberto Benigni en 1997.

Este film está inspirado en la obra Alla fine ho sconfitto Hitler de Rubino Romeo Salmoni, un superviviente de Auschwitz que narra su experiencia en dicho libro. La película trata la historia de Guido Orefice, un judío-italiano que se muda a Arezzo para trabajar en el hotel de su tío. Pronto, se topará con Dora, una profesora procedente de una familia acomodada afín al régimen fascista. Guido hará todo lo posible por conquistar a Dora, se le aparece siempre de forma inesperada y tratará de sorprenderla de todas las formas posibles.

“Buenos días, princesa”.

-Guido, La vida es bella-

Finalmente, triunfa el amor entre ambos, y tendrán un hijo, Giosuè; parece que a Guido la vida le sonríe. Sin embargo, la Segunda Guerra Mundial hará que toda su vida se desmorone y terminarán en un campo de concentración.

La vida es bella nos traslada a una Italia sumida en el fascismo y nos lleva a los horrores de los campos de concentración. Lo hace de una forma diferente, nos plantea esta historia como una especie de cuento de final agridulce.

“Esta es una historia sencilla, pero no es fácil contarla. Como en una fábula, hay dolor, y como una fábula, está llena de maravillas y felicidad”,

-Giosuè, La vida es bella-

Guido y Dora

La vida es bella, de la comicidad a lo trágico

La vida es bella comienza en tono alegre, cómico y divertido; de hecho, por sus primeras escenas, difícilmente intuimos que estamos ante un drama, aunque sí presenciamos ya desde el comienzo el ascenso del fascismo en Italia.

La comicidad en La vida es bella la encontramos en pequeños detalles, en pequeños instantes que desembocan en un guiño cómico. Sin embargo, lo realmente interesante es cómo de una situación desagradable y espeluznante logra sacarnos una sonrisa.

La ideología fascista que imperaba en ese momento hizo que en 1938 se publicase el Manifiesto de la raza, texto firmado por científicos italianos que avalaban la existencia de razas humanas. Estas razas se dividían en razas pequeñas y grandes, donde la aria era, por supuesto, la raza grande. Una raza pura italiana. Estas ideas junto a las leyes raciales fascistas se explicaban en las escuelas y así, los niños evitarían juntarse con judíos para no alterar su “pureza”.

¿Es posible que un judío burle estas leyes raciales? ¿Es posible que un judío desmonte toda una teoría fascista en un momento ante un grupo de niños? Sí, lo es, al menos, en La vida es bella.

Guido se hace pasar por un inspector del ministerio que debe ofrecer una charla a los niños sobre el Manifiesto de la raza. En realidad, Guido lo que desea es llamar la atención de Dora, pero lo que demuestra la escena es que todos somos iguales.

Guido señala su ombligo como un auténtico ombligo italiano, sus orejas, etc. Los niños, al verlo, lo imitan y ríen. De este modo, Guido logra desmitificar esas diferencias a las que apela el manifiesto, pues él es judío y no presenta ninguna característica física que lo distinga de esos niños italianos “puramente arios”.

Esta escena, sin duda, nos saca a todos una sonrisa, pero es una sonrisa agridulce si tenemos en cuenta el verdadero significado que tenía esa charla, lo que suponía para esos niños escuchar a un señor del ministerio hablarles sobre razas humanas.

Guido burla todas esas creencias, desmonta toda ideología racista con comentarios ingeniosos y divertidos. Se trata de un personaje que nos conquista desde el principio, es desenfadado, muy creativo y su lucha por conquistar a Dora nos fascina. Nada lo para, ni siquiera el fascismo.

“Anoche, soñé contigo, íbamos al cine, llevabas ese vestido rosa que tanto me gusta”.

-Guido, La vida es bella-

La vida de Guido y su familia se ve truncada por el Holocausto, Guido parte junto a su hijo y su tío hacia un campo de concentración. Dora, al ser italiana y no judía, no está obligada a ir, pero decide marchar voluntariamente para tratar de estar junto a su familia.

A partir de este momento, la película da un giro radical, del tono alegre y desenfadado camina hacia la tragedia. Pero Guido no pierde la sonrisa ni un instante, trata siempre de luchar por su supervivencia y la de su familia y comienza a inventar una historia que evitará el sufrimiento del pequeño Giosuè.

Guido con su familia

La lucha y el sacrificio de Guido

Una frase, una creencia o una idea pueden hacer que el mundo de una persona cambie por completo, que nuestra forma de ver la vida se transforme y que todo cobre sentido. Ferruccio, un amigo de Guido, le dice a este al comienzo de la película que según Schopenhauer “con la voluntad se puede hacer todo”. Esta frase marcará a Guido para siempre. Al principio, la utilizará de forma cómica, pero con el tiempo, nos damos cuenta de que se tratará de su forma de vida.

Guido tiene un propósito, quiere sobrevivir, pero, sobre todo, quiere que lo haga su hijo. Luchará hasta el final, tratando de que su hijo nunca pierda la sonrisa, de que sea feliz en el infierno. Sacrificará su propia seguridad para que su hijo no vea los horrores del campo de concentración, hará todo lo posible por encontrar a Dora y mandarle señales para que sepa que siguen con vida.

Guido es todo un ejemplo de lucha y superación ante las adversidades. Su gran imaginación y su voluntad harán que cree una falsa realidad para que su hijo no sea consciente de lo que están viviendo. Le hará creer que todo es un juego, que son libres y pueden marcharse cuando quieran, pero si aguantan y consiguen ganar mil puntos, tendrán su recompensa. Por otro lado, Giosuè siempre ha soñado con tener un tanque de verdad, por ello, Guido le hará creer que el premio será ese y, de este modo, crea en Giosuè una voluntad para vivir.

Guido no sabe si sobrevivirán, no sabe cuánto tiempo deberán permanecer en el campo, pero su afán por sobrevivir es más fuerte que cualquier incertidumbre. No deja que su hijo lo vea devastado, triste o sin ganas de vivir. La vida es bella nos muestra que la felicidad, a veces, está en nuestro modo de mirar la vida, de aceptar y enfrentar las adversidades. 

A pesar del gran exterminio que hubo en los campos de concentración, también hubo supervivientes, personas que lograron afrontar las torturas, el hambre y la injusticia. Un ejemplo de ello es el psiquiatra Viktor Frankl que, tras su supervivencia en un campo de concentración, publicó El hombre en busca del sentido. Obra en la que expone su experiencia y cita una famosa frase de Nietzsche que puede resumir muy bien el argumento de La vida es bella: “quien tiene un porqué para vivir se puede enfrentar a todos los cómos”.

La vida es bella es un ejemplo de superación, nos hace ver la belleza en el horror y la libertad incluso donde no la hay, nos hace reír y llorar… Guido tenía un porqué, una voluntad y logró crear esa sensación en su hijo. De este modo, pese a la crudeza de la película, podríamos afirmar que su lucha y su esfuerzo tuvieron su recompensa.

“Esta es mi historia, este es el sacrificio que hizo mi padre, este fue su regalo”.

-Giosuè, La vida es bella-