La vida es un proceso de cambio constante

Este artículo ha sido verificado y aprobado por Gema Sánchez Cuevas el 16 junio, 2015
Yamila Papa · 30 octubre, 2014

Los procesos de cambios vistos desde el punto de vista psicológico, son una evolución natural y necesaria de cada ser humano. Es decir, que debemos cambiar según la situación o el contexto. Por ello, no te comportas igual frente a tu jefe que frente a tu grupo de amigos en un bar, sólo por citar un ejemplo.

En la Terapia Gestalt se indica que el hombre en su estado natural siempre experimenta un cambio, basado en la interacción con el medio ambiente y consigo mismo. Entonces, la constante es el cambio, aunque esto parezca algo extraño de decir.

Siempre debemos enfrentarnos a cosas que no conocíamos, dejar de lado ciertos hábitos o estados emocionales, modificar ciertos valores (aunque sea en los detalles), etc. Es que la vida, afortunadamente no es un estanco, sino que se mueve constantemente. Y la clave radica, justamente, en cambiar para adaptarnos.

Seguramente has oído decir la frase “que me acepte como soy, que no voy a cambiar”. ¿Pero, realmente esto es así? ¿Cuántos son los que pueden ser felices bajo esa postura de “morir con un ideal”? Nadie dice que una pareja, los padres o un jefe tengan la potestad de cambiarnos, pero si de ayudarnos a mejorar para ser más felices, más productivos, más amables, más solidarios, etc.

Quedarnos mucho tiempo en la zona de confort no nos lleva a ningún lado. Lo mejor es que haya vaivenes en la vida. Sin dudas, se debe preferir estar en un río que fluye que en un charco de agua estancada. ¿Por qué crees que en este último espacio es donde proliferan los microbios, las enfermedades y los virus? Porque no se mueve, básicamente. Siguiendo esta comparación, una vida que no se modifica es más vulnerable a sufrir.

Dejar esa zona de confort no es para nada sencillo y te llevará bastante tiempo lograrlo. Pero vale la pena hacer el esfuerzo. En realidad, no hay que cambiar, sino aprender cómo cambiar, que son dos cosas diferentes. Puedes seguir siendo la misma persona, pero adaptada a la situación, al paso de los años, al entorno, a los avances, etc.

Si ese confort o esa falta de cambio está empezando a interferir en nuestro bienestar y felicidad, entonces, es momento de dar el gran salto y pasar a habitar otro lugar. De vez en cuando podrás regresar a esa habitación, pero no volver a encariñarte con ella.

Los beneficios de cambiar son mayores de lo que crees o consideras. A diferencia de lo que se cree, la estabilidad que muchos buscan (sea económica o emocional), no siempre es sinónimo de felicidad. ¿Estás cansado de seguir una rutina a diario, de hacer siempre las mismas cosas, de no innovar ni siquiera en un ápice de tu existencia? No dejes pasar más el tiempo para que los virus sigan proliferando en el agua estancada. Ponte en marcha y empieza a cambiar, de a una cosa, aquello que no te gusta.

No es necesario dar un vuelco de 180° de la noche a la mañana, puedes comenzar con pequeños detalles. Por ejemplo, vestirte de un color diferente, tomar otro camino para ir al trabajo, preparar una cena para tu familia, visitar una ciudad que nunca habías ido, buscar una opción diferente para tus vacaciones, decorar tu escritorio con fotografías, cambiar de lugar los muebles de la sala, ir a un mercado del barrio en lugar del super, escuchar otro estilo de música… los ejemplos son infinitos. Sólo es preciso estar dispuesto a cambiar y a mantener ese cambio. Recuerda que tardarás 21 días en fijar una actitud en tu personalidad. ¿A qué estás esperando para salir de tu zona de confort y comenzar a vivir la vida como realmente te mereces?

Los cambios son necesarios en todo momento, no les temas, sé aliado de ellos. Nada malo puede surgir de esto si tu intención es sincera. Y lo bueno es que no sólo tu, sino todos los que te rodean, comenzarán a imitarte. ¡A por un mundo con más personas que se animan al cambio!