La vida me supera: el síndrome de la resignación

31 julio, 2019
Este artículo fue redactado y avalado por la psicóloga Cristina Roda Rivera
Muchas políticas de migración solo ven cuerpos y números, pero son personas. Esto es precisamente lo que nos recuerda el síndrome de resignación: hay personas vivas cuyas vidas se hacen insoportables.

El síndrome de la resignación es una apatía caracterizada por un coma de larga duración en los niños que buscan asilo y están sufriendo un proceso de migración agotador y prolongado en Suecia. Generalmente, se da en niños procedentes de los Balcanes o de antiguas regiones de la URSS.

Sobre esta enfermedad, Netflix nos brinda el documental La vida me supera. Dura tan solo 40 minutos, pero son suficientes para trasmitirnos lo importante. Alcanzan desarrollar en nosotros una dolorosa empatía, comprendiendo cada una de los recorridos psicológicos de los niños filmados.

Ante estos datos tan concretos, los psicólogos se han hecho muchas preguntas para precisar los desencadenantes de esa respuesta concreta con estos antecedentes y en este país. Según el sociólogo Éric Fassin, el síndrome de la resignación es el resultado de un consenso xenófobo tras la recepción de migrantes. Pero, ¿en qué se basa?

El síndrome de la resignación y el contexto migratorio

La política de migración solo ve cuerpos y números, no historias y personas. Y esto es lo que nos recuerda el síndrome de resignación: hay personas vivas cuyas vidas se hacen insoportables. Es un síntoma de una política que les dice a las personas que no existen y que no pueden existir.

La política de inmigración, en Francia y Europa, dificulta mucho la vida de los refugiados, no pone facilidades para el después. Esta es la manera de desalentarlos. No los matamos, en muchos casos les ponemos obstáculos.

De la lucha a la catatonía

Muchos de estos niños vienen con traumas severos y para superarlos lo más importante es conseguir un ambiente lo más seguro y estable donde puedan recuperarse.

Si tras pasar un tiempo en Suecia, adaptarte y hasta hablar algo el idioma te llega otra orden de deportación, el niño no podrá seguir trabajando su trauma, todo lo contrario: de repente el mundo vuelve a hacerse insoportable para él y renuncia a la lucha.

Llegan a un estado catatónico irremediable ante tanto dolor. Dejan de hablar, andar y comer. Nada de lo que su cuerpo les da parece concederles una buena vida, por lo que deja de funcionar. La respuesta definitiva ante un mundo que no se cuestiona la responsabilidad del sufrimiento.

El bloqueo total, como estrategia de defensa física, se refleja en estos niños. No resulta un estado de resignación, sino de lucha latente. De sabia espera ante la incapacidad de enfrentarse a una amenaza que les supera.

Niña dormida

¿Por qué el síndrome de la resignación se ha dado más en Suecia?

En el pasado, se ha informado de varios trastornos parecidos al síndrome de la resignación; por ejemplo, en los campos de concentración nazis. En Reino Unido, un trastorno similar, el síndrome de rechazo generalizado, fue identificado en niños a principios de los 1990, pero había habido muy pocos casos y ninguno entre buscadores de asilo.

Actualmente se están registrando algunos casos en algunos centros migratorios australianos, pero nada comparado con la dimensión que ha tomado el fenómeno en Suecia.

La primera vez que se informó del síndrome de resignación en Suecia fue a fines de los 1990. A medida que los suecos comienzan a preocuparse por la consecuencias de la inmigración, estos «niños apáticos«, como se les conoce, han pasado a la actualidad de la agenda política.

¿Cómo una enfermedad puede ser sensible las fronteras nacionales? Parece que no hay aún una respuesta definitiva. La explicación más plausible es que hay ciertos factores socioculturales que son necesarios para que se desarrolle este trastorno. Una forma de reaccionar o responder a eventos traumáticos parece estar legitimada en ciertos contextos.

La opinión de la comunidad médica ha convergido en la teoría de que la enfermedad es una reacción a dos traumas: el hostigamiento en el país de origen de los niños y el miedo, después de aclimatarse a la sociedad sueca, de regresar.

De alguna forma, aunque no se conocen los mecanismos o por qué ocurre en Suecia, el tipo de síntomas que presentan los niños no están sancionados culturalmente: es la manera en la que los menores expresan y se defienden del trauma.

Dos perspectivas de solución

El punto de vista común entre los médicos que tratan a los niños con síndrome de la resignación es que la recuperación, creen, depende de que se sientan seguros. El niño tiene que sentir que hay esperanza. Si los niños perciben que por fin podrán residir ahí, su recuperación será mucho más probable.

Pero en la ciudad de Skara, en el sur de Suecia, que sugiere que puede haber una forma de curar a los niños con síndrome de la resignación incluso si la familia no obtiene residencia permanente: «Desde nuestro punto de vista, esta enfermedad particular tiene que ver con el trauma pasado, no el asilo», dice una trabajadora social de Solsidan, un hogar para todo tipo de niños con problemas.

Niña tirada en la cama

Sanar el vínculo familiar

El personal de Solsidan cree que cuando los niños son testigos de violencia o amenazas contra un padre, su vínculo más importante en el mundo queda destrozado. La conexión familiar debe ser reparada, pero primero el niño debe comenzar a recuperarse. El primer paso sería separar al niño de sus padres.

Se mantiene a la familia informada del progreso, pero no les dejan que hablen con el niño, todo se trata poco a poco con el personal especializado. Las conversaciones sobre el proceso de migración están prohibidas frente al niño.

Se piensa que quieren vivir y que todas sus capacidades están allí, pero las han olvidado o han perdido la forma de usarlas. Por otro lado, de los 35 niños que se sometieron a esta intervención, uno obtuvo permiso para quedarse en Suecia. Los otros se recuperaron antes de que su asilo fuera asegurado.

Con estos datos, lo que nos queda claro es que tenemos una responsabilidad con estos niños, reconstruir su vínculo roto con el mundo es asegurar su conexión en el tejido social, además de garantizar su seguridad y derecho al asilo. No es un gesto de solidaridad, es un derecho adquirido que todos los humanos tenemos por el mero hecho de nacer en cualquier parte de este mundo.

Imagen principal de Magnus Wennman