Las claves para una activación conductual exitosa

21 Marzo, 2020
Este artículo ha sido escrito y verificado por la psicóloga Loreto Martín Moya
Presentamos algunas claves para que este tratamiento resulte eficaz en un trastorno que está aumentando sus tasas de prevalencia: la depresión.

La activación conductual (AC) nace para responder a las necesidades de un problema al alza en todo el mundo. Mientras que el paso del tiempo y los esfuerzos médicos han ido suprimiendo enfermedades físicas, parece que los problemas en salud mental han seguido un camino muy diferente.

En concreto, se calcula que aproximadamente 300 millones de personas sufren de algún trastorno depresivo; España, por otro lado, es el cuarto país de Europa con más casos de depresión. La activación conductual se postula como una buena herramienta para combatirla y conocer las claves para llevarla a cabo de forma exitosa se presenta como algo relevante.

Los trastornos depresivos se han aproximado desde muy diversas corrientes. De hecho, terapias como la cognitiva o la farmacológica son terapias eficaces, pero plantean problemas.

Uno de ellos es la tasa de recaídas o el consumo posterior de antidepresivos. Pérez Álvarez (2007) expone unos datos preocupantes sobre el consumo de fármacos masivo: en 1994 la venta de antidepresivos era de 7.285.182 millones de envases vendidos; en 2004, de 21.238.558 millones.

Desde el año 2000, tal y como muestra la Agencia Española del Medicamento, su consumo ha aumentado en un 200 %.

Mujer con depresión

¿Es útil la activación conductual para la depresión?

Antes de exponer las claves para una activación conductual exitosa es importante comprobar si la AC es útil para la depresión.

La AC nace como componente indispensable de la terapia cognitiva para la depresión. En ella, se interviene en los aspectos cognitivos y conductuales. No obstante, siempre se ha entendido que son sobre todo los cambios en los esquemas cognitivos los que motivan el cambio en la persona con depresión.

Tal y como Pérez Álvarez (2007) explica, las mejorías en el tratamiento de una persona con depresión a través de una terapia cognitiva podían ser explicados por:

  • Hipótesis de la activación: la eficacia de la terapia reside en que esta consigue reactivar al paciente y lo pone en contacto con condiciones ambientales beneficiosas.
  • Hipótesis del afrontamiento: la eficacia se debe a la reestructuración de esquemas depresógenos.

Dependiendo de qué hipótesis fuera válida, la AC sería útil o no. Si realmente es la reestructuración cognitiva lo que da resultados en la terapia cognitiva no tendría sentido hacer de la parte conductual un tipo de terapia en sí misma, sin la parte cognitiva.

Esto mismo se preguntaron Jacobson, Dobson, Truax, Addis et al. (1996). Comparando ambos elementos de la terapia cognitiva encontraron que las tres aproximaciones resultaban eficaces para combatir la depresión: la parte cognitiva, la parte conductual y ambas en la terapia cognitiva.

La activación conductual, no de cualquier manera

A priori, la premisa de la AC parece simple: conseguir que la persona con depresión “haga cosas”. Aunque parece sencillo, lo cierto es que nos encontramos con un grupo de población, las personas que padecen algún trastornos depresivo, abnegadas por la apatía, la tristeza y el malestar. Son personas que no pueden —y no “no quieren”— hacer.

Por ello, y por los retos que estas personas implican, la activación conductual no ha de hacerse de cualquier manera. Esta no se realiza dando una pequeña indicación al final de la sesión; tampoco recomendando a nuestro cliente que haga un poco de deporte o vaya de paseo.

Es probable que este planteamiento sea totalmente inútil e incluso contraproducente: el hecho de no conseguir hacer ese deporte o dar ese paseo puede potenciar la culpabilidad y los sentimientos de ineficacia en personas con un sentido del yo ya muy deteriorado.

Las claves de una activación conductual exitosa

Quintero y Maero (2015) hablan de la necesidad de establecer un patrón de conductas saludables -con suficientes refuerzos- que pueda garantizar el bienestar de la persona y evitar las recaídas.

Inciden en la importancia de que la AC se lleve de forma estructurada. Para ello, se proponen diferentes documentos que pueden ayudar a realizar la AC de manera efectiva. Se exponen a continuación.

De forma previa, monitorizar la actividad diaria

Antes de iniciar la activación conductual, es recomendable monitorizar unos días a la persona sin que medie ningún cambio externo dirigido. Las medidas nos pueden ser útiles para el pre-post, igual que para reflejar mejorías a partir de la adición de actividades en la rutina.

Esa monitorización ha de ser durante horas. No ha de ser un resumen del día al acostarse; lo mejor es realizarla en detalle y por horas, reflejando las actividades que se han llevado a cabo, tanto si parecen irrelevantes —prepararse un bocadillo— o grandes logros —ir a comprar al supermercado—.

Inventario de áreas vitales y valores

Para evitar que la persona abandone la AC, y motivar el cambio en su comportamiento, es importante que para la persona el tratamiento tenga sentido.

Por ello, estos autores proponen un inventario de áreas vitales y valores. Estas áreas vitales pueden ser:

  • Relaciones sociales.
  • Carrera profesional / Ámbito educativo.
  • Intereses.
  • Cuerpo, mente, espiritualidad.

Dependiendo del paciente, las áreas vitales serán diferentes. No obstante, es importante que la persona relacione las actividades que va a poner en marcha con sus valores respecto a sus amigos, a su trabajo, a su familia, a lo que le gusta y lo que le hace sentir bien.

Si las actividades carecen de significado, y la orden está vacía, es menos probable que esta se lleve a cabo. Si la actividad, por pequeña que sea —lavarse los dientes, cambiarse de ropa, tomar un café en una terraza—, es entendida como medio para mantener los valores de las diferentes áreas vitales, quizás tengamos más probabilidades de continuar el tratamiento y hacerlo de manera eficaz.

Selección y jerarquía de actividades

Estos autores recomiendan establecer un listado de actividades relacionadas con las áreas vitales. Por ejemplo, si para Anabel su carrera como jurista constituye un área vital, las actividades que puede proponer son: comprar ropa nueva acorde al puesto de trabajo, leer las nuevas leyes establecidas y ponerse en contacto con sus socios.

Aunque a priori estas actividades se entiendan como grandes logros, no hace falta que todas las actividades que estén en el listado estén relacionadas de manera directa con esas áreas.

La actividad puede ser salir de casa y tomar un café. Esto constituye un paso enorme para esos objetivos más grandes, como puede ser, en el caso de Anabel, contactar con alguien o enfrentarse a compras de ropa nueva (esto puede ser un problema por la falta de autoestima, por ejemplo).

Monitoreo diario durante la AC

El monitoreo diario, como el pre, ha de hacerse cada hora, cada día de la semana. Podemos entregarle una tabla al cliente como si fuera un horario semanal, pero en vez de poner previamente lo que se va a hacer, el funcionamiento es al revés.

Hay autores que recomiendan una hoja en la que se recoge el plan. En la hoja aparece lo que se espera el cliente haga. No obstante, esto puede aumentar los sentimientos de culpabilidad, porque quizás la actividad no se haga a la hora requerida, en el día requerido.

Parece mejor idea establecer objetivos semanales. La hoja de planificación puede usarse si la persona es incapaz de organizar su día —esto se ve, por ejemplo, si el cliente no realiza sus actividades o condensa todos sus objetivos en un momento concreto en vez de espaciados en la semana.

Mujer apuntando actividades en un horario

El refuerzo de la activación conductual

Tener en cuenta este tipo de indicaciones puede ayudarnos a realizar una activación conductual exitosa. No solo eso, pero también evitar las temidas recaídas en la depresión.

No solo se dota a la persona de nuevas —y muchas veces necesarias— habilidades, pero también de un contexto reforzador, y pautas comportamentales también reforzadoras en sí mismas.

Aquellos comportamientos que se refuerzan tienen menos probabilidades de extinguirse, convirtiendo a nuestra activación conductual exitosa en el vehículo de nuestros clientes para mejorar su calidad de vida.

  • Jacobson, N., Dobson, K., Truax, P., Addis, M., Koerner, K., Gortner, E. y Prince, S. (1996). A component analysis of cognitive-behavioral treatment for depression. Journal of Consulting and Clinical Psychology, 64(2), 295-304.
  • Pérez Álvarez, M. (2007). La activación conductual y la desmedicalización de la depresión. Papeles del Psicólogo, 28(2), 97-110.
  • Quintero, P. y Maero, F. (2015). BATD. Tratamiento de Activación conductual para depresión: materiales de entrenamiento. Grupo ACT Argentina.