Las fases de adaptación a la jubilación

06 Febrero, 2020
Este artículo ha sido escrito y verificado por la psicóloga Elena Sanz
La jubilación es un suceso de gran impacto en nuestra vida. No obstante, se trata de un proceso personal, diferente en cada individuo.

Durante años se intentó determinar si el cese del rol laboral suponía un aumento o una disminución de la satisfacción vital de las personas. Los resultados obtenidos fueron dispares y poco concluyentes. Por ello, el sociólogo y gerontólogo Robert Atchley propuso un modelo basado en diferentes fases de adaptación a la jubilación.

En efecto, el error se encontraba en tratar de evaluar el estado activo y la jubilación como dos categorías diferenciadas. La realidad es que el abandono de la vida laboral supone todo un proceso que requiere un tiempo de adaptación a lo largo del cual se atraviesan diversas circunstancias y emociones.

Indudablemente, la jubilación supone un drástico cambio de vida. Se modifican los ambientes y las rutinas y se abandona un rol que puede tener un peso considerable en la identidad del individuo. Son muchos los factores que influyen en este impacto: la personalidad de cada uno, el grado de satisfacción con el trabajo, las alternativas de ocio e intereses de que se disponga…

En cualquier caso, toda persona que llega al término de su etapa laboral realiza un recorrido por distintas fases. Aunque es importante señalar que no todos atraviesan por todas ellas ni lo hacen de la misma forma.

Mujer mayor con crisis de mediana edad

Las fases de adaptación a la jubilación

Prejubilación

Esta fase tiene lugar cuando la persona aún se encuentra en activo. Durante los últimos meses o años antes de la jubilación, se realiza una preparación emocional para el suceso.

Así, se generan expectativas y fantasías anticipatorias sobre cómo será la vida de jubilado. Para algunos estas pueden ser negativas y para otros positivas. En cualquier caso, será necesario comprobarlo más adelante.

Jubilación

Comienza cuando el retiro laboral se hace efectivo. En este momento se pueden adoptar tres actitudes diferentes. La primera es la denominada “luna de miel”, en la que el individuo experimenta euforia y alivio por haberse librado de las obligaciones laborales.

Por otro lado, puede producirse el llamado “periodo de actividad continuada”, ocupando la persona su tiempo en las actividades de ocio que ya realizaba previamente, pero a las que ahora dedica más tiempo. Por último, es posible que el recién jubilado afronte su nueva vida como una etapa de descanso y relajación.

Desencanto

Transcurrido un tiempo tras la jubilación, puede darse una etapa de desencanto. En ella se descubre que las expectativas respecto al retiro laboral no eran acertadas. Pueden aparecer sentimientos de tristeza, decepción e incertidumbre, especialmente si las fantasías anticipatorias eran muy positivas.

Reorientación y estabilidad

Durante la fase de reorientación se abandonan progresivamente las expectativas y se realiza un análisis más ajustado de la situación actual. Se asume la realidad y se analizan las posibilidades y limitaciones disponibles. De la misma forma, es común explorar o retomar actividades y comenzar a establecer rutinas más satisfactorias

Por último, en la etapa de estabilidad se alcanza, al fin, un ajuste al rol de jubilado. La persona ya ha logrado estabilizar sus emociones y rutinas y se siente cómoda en su papel.

Hombre jubilado pensando

Las fases de adaptación a la jubilación son un proceso individual

El anterior modelo es únicamente una aproximación orientativa. Cada persona lo vive de manera diferente, siendo únicamente un pequeño porcentaje el que atraviesa todas las fases. Del mismo modo, el impacto de la jubilación varía entre unos y otros individuos.

En estudios realizados se ha encontrado que más de la mitad de los sujetos experimentan un aumento de la satisfacción vital tras jubilarse. Pero, por otro lado, un 20% disminuye su satisfacción y un 10% la mantiene.

También se encontraron diferencias interesantes respecto al tiempo transcurrido desde el abandono de la vida laboral. Las primeras fases son más susceptibles de generar emociones desagradables, por las expectativas no cumplidas y la dificultad de ajustarse al nuevo rol.

No obstante, a medida que avanza el proceso de adaptación, la satisfacción se va recuperando e incrementando. Así, un 50% de individuos logran adaptarse a la jubilación antes de los seis meses, otro 20% lo logra antes de un año. Y el restante 30% requiere más de 12 meses para alcanzar el ajuste.

En definitiva, la jubilación es un hito importante en la vida de toda persona. Es necesario permitir un tiempo de elaboración de las pérdidas y de constitución de nuevas rutinas. Pero, en todo caso, se trata de un proceso personal y diferente en cada individuo.

  • Atchley, R. C. (1975). Adjustment to loss of job at retirement. The International Journal of Aging and Human Development6(1), 17-27.
  • Aymerich Andreu, M., Planes Pedra, M., & Gras Pérez, M. E. (2010). La adaptación a la jubilación y sus fases: Afectación de los niveles de satisfacción y duración del proceso adaptativo. Anales de psicología.