Los monstruos de la razón: psicología de las pinturas negras de Goya

04 Junio, 2020
Este artículo ha sido escrito y verificado por la psicóloga Valeria Sabater
Saturno devorando a sus hijos, El aquelarre, Duelo a garrotazos... Las pinturas negras de Goya nos siguen estremeciendo. ¿Qué le llevó a crear estas obras tan truculentas, y misteriosas a la vez? ¿Qué es lo que había en la mente del maestro aragonés? 
 

La psicología de las pinturas negras de Goya sigue siendo un enigma. Aquel conjunto de pinturas misteriosas y truculentas que decoraron la Quinta del Sordo estaban creadas mediante una cosmogonía única, producto de una mente apesadumbrada, desesperada a instantes y determinada a su vez por un contexto histórico marcado por la represión.

Ahora bien ¿el tormento que padecía Francisco de Goya era el resultado de algún trastorno psicológico? ¿O fue quizá el resultado de esa pátina desesperada que le trajo la edad, la sordera y la violencia inmanente de una España convulsa? Tal vez fuera la combinación de todo ello. No podemos obviar cómo funciona el universo creativo de todo artista: los sinsabores de la vida se plasman en todo lienzo y hasta en la elección de la gama cromática.

Las catorce obras que conforman las llamadas Pinturas negras supusieron un cambio notable en su trayectoria. Pasó de la luz a la sombra. Fue el maestro del color y terminó habitando en un hogar en el que la oscuridad tiñó sus paredes. Él, que había sido el retratista más destacado de la sociedad española de la Ilustración, terminó decorando su casa de rostros deformes, burlescos y demoníacos.

 

Esas figuras le sirvieron quizá, para volcar sus sensaciones, pensamientos y todos los horrores vistos en el pasado. Así, y casi sin saberlo, Goya anticiparía la pintura contemporánea. Esa deformación intencionada y esa tonalidad en la que vibraba la negrura de un alma atormentada dio paso al expresionismo.

Goya retrato
El pintor Francisco de Goya de Vicente López Portaña

Psicología de las pinturas negras de Goya

Bermellón de mercurio, oropimente, blanco de plomo, negro carbón de madera de vid, azul de prusia y diversos tipos de ocres. Estos eran los pigmentos que el propio Francisco de Goya preparaba y que le sirvieron para crear esas obras de la Quinta del Sordo. Gracias a diversos documentos históricos y testimonios de la época, sabemos incluso dónde estaban situadas las pinturas.

En el piso de arriba de la casa, estaban Dos forasteros, El santo Oficio, Asmodea, Un perro y Dos Brujas, Átropos, Dos hombres y Dos mujeres. Las más oscuras y sobrecogedoras las realizó curiosamente en el comedor, el cual estaba situado en la planta baja y destinado a los actos sociales. Allí estaba Saturno, La romería de San Isidro, El gran cabrón, La Leocadia, Dos viejos, Judith y Holofernes.

 

A él no le importó demasiado que las pocas visitas que recibiera quedaran impactadas por aquellas imágenes. Tampoco que pudiera ser denunciado; no podemos olvidar que Goya fue siempre ese personaje incómodo para la Inquisición, para toda institución eclesiástica que veía en su persona a un artista que no dudaba en retratar las perversiones de los que abusaban del poder.

Uno de los objetivos de la psicología de las pinturas negras de Goya es saber qué le llevó a realizarlas. No solo nos preguntamos por su estado mental, por sí padecía o no algún trastorno. Una de las dudas es si las pintó por pura necesidad emocional, por simple disfrute o si buscaba dejar algo a la posteridad (y en concreto a su nieto, a quien legó la Quinta del sordo).

Analicemos algunos aspectos sobre su obra para comprender su mundo interno.

El sueño de la razón produce monstruos: el síndrome de Susac

Para comprender al Goya de las Pinturas Negras es interesante detenernos primero en los Caprichos. Estas 80 estampas ya nos dan una pista del cambio en la vida del artista aragonés. En esta época su enfermedad autoinmunitaria ya estaba presente.

 

El conocido como síndrome de Susac se manifestó cuando tenía 46 años, debilitando de manera galopante su salud física y también psicológica. Los dolores de cabeza eran constantes, así como los mareos y las alteraciones visuales… Todo ello, creó un nuevo pigmento en el arte del maestro aragonés: el de la oscuridad y la angustia.

Una de las secuelas neurológicas de esa rara enfermedad fue sin duda la sordera. Sus facultades sensoriales se deformaron, perdieron brío, luz, sonido, esperanza… Al igual que esa sociedad en la que estaba inmerso. Los Caprichos fueron el primer acercamiento hacia lo inconsciente, hacia ese mundo interno en el que plasmar como nadie lo grotesco, lo monstruoso, lo fantástico…

En esas estampas Goya nos trajo el reflejo de las supersticiones de las personas sencillas de la época, esas que creen en demonios, brujas y en fantasmas… Criaturas nocturnas que invadían los sueños de los ilustrados.

Goya, Saturno devorando a un hijo representando las psicología de las pinturas negras de Goya
Saturno devorando a su hijo
 

El delirium tremens de una mente brillante, pero enferma

En buena parte de la obra de Francisco de Goya (1746-1828) habitan personajes inquietantes. ¿Fue esto el reflejo de algún trastorno mental? En absoluto. Fue la excepcional creación de un artista que reflejó como nadie la sinrazón de una sociedad envilecida entre la que él mismo convivía… y que le desesperaba.

Pocas figuras del arte transmitieron tan bien el tormento interior, la soledad, el miedo y la desesperación. Cuando Goya llegó a su casa de campo La Quinta del Sordo en su mente bullían aún los recuerdos, el sonido de los fusilamientos, el dolor del destierro, la quemazón de la deslealtad…

La psicología de las pinturas negras de Goya nos dice que lo que le dolía era la vida y que estaba enfermo.

Tal y como nos explica la doctora Ronna Hertzano, de la Universidad de Maryland, el síndrome de Susac deriva en una inflamación cerebral. Algo así genera alucinaciones y un suministro sanguíneo más pobre a ojos y oídos. De ahí la sordera, los problemas de visión, el sufrimiento…

 

En Las Pinturas negras no hay luz porque no existía la esperanza para Francisco de Goya. Era un hombre desesperado que sufría en un mundo igual de caótico. Su «Saturno» devorando a su hijo o «Judith y Holofernes» fueron más tarde esas figuras mitológicas que usaría Freud para sus teorías. El registro simbólico de esas últimas obras no hacen más que representar lo más siniestro y atávico del ser humano. Nuestras más oscuras pulsiones.

Goya no hizo más que conectar con ellas para darles forma. Él fue el canal que nos trajo lo más tenebroso de nuestra naturaleza, esas sombras que no siempre nos gusta ver.