Los móviles pueden empeorar las relaciones y anular la empatía - La Mente es Maravillosa

Los móviles pueden empeorar las relaciones y anular la empatía

Alicia Yagüe Fernández 22 julio, 2018 en Actualidad y psicología 0 compartidos
Pareja mirando sus móviles sin hablar

¿Cuánto tiempo podemos pasar sin consultar las notificaciones de nuestros móviles? Probablemente todos hemos tenido que competir con las posibilidades de un aparato tecnológico y hemos perdido. Hemos sentido como la atención de la persona que teníamos delante se desviaba a luz parpadeante, dando paso a las últimas y “urgentes” notificaciones.

Incluso han podido llegar a interrumpir nuestro discurso para atender una llamada, contestar un WhatsApp o revisar sus redes sociales. ¿A caso nos hemos olvidado de lo que supone tener una conversación? ¿O es que nos aburre escuchar a los demás y solo buscamos la atención del otro cuando necesitamos ayuda con nuestros problemas o consuelo para lo que nos aflige?

La psicóloga clínica y socióloga Sherry Turkle ha llevado a cabo una extensa investigación reflejada en su maravilloso libro En defensa de la conversación (2017), donde afirma que los adolescentes actuales han reducido su capacidad empática en un 40%, así como su capacidad para entablar una conversación profunda. Y, en esto, los móviles tienen mucho que ver.

Las nuevas tecnologías han traído consigo un perfil cuyo objetivo principal es estar hiperconectados en todo momento, pero a un nivel superficial. La multitarea se ha impuesto y muchos sienten que están perdiendo el tiempo cuando se encuentran con dos momentos de pausa seguidos.

Amigas juntando las manos para una fotografía

Comparto, luego existo

La vida digital en la que nos encontramos inmersos se rige por normas diferentes a las que conocíamos antes de usar los móviles como una extensión de nuestras manos. En la actualidad, una buena parte de las interacciones sociales y laborales se producen a través de medios electrónicos, como ordenadores, teléfonos y tablets.

La conversación cara a cara ha quedado relegada a un segundo plano, algunos incluso la ven como una pérdida de tiempo. Si hay que resolver un problema de negocios se envía un e-mail, si tenemos que pedir perdón escribimos un WhatsApp.

Enfrentar situaciones de conflicto o de alta carga emocional puede generarnos ansiedad y las nuevas tecnologías nos ofrecen la posibilidad de reducir esta ansiedad en parte.

Los jóvenes justifican el uso de las nuevas formas de comunicación como una vía más fácil y rápida para expresar sus pensamientos. Refieren que los dispositivos móviles les permiten reescribir lo que quieren decir, corregir errores o evitar situaciones tensas que en persona no sabrían resolver.

El problema es que a través de las pantallas nos perdemos una de las partes más enriquecedoras de la conversación, el lenguaje no verbal. Los gestos, las entonaciones, las miradas y emociones reales de la otra persona. Según expertos, el 70% de la comunicación pasa por el lenguaje no verbal, ahí es nada.

En la actualidad y en una buena parte, sustituimos la realidad humana por “memes” o emoticonos. Nos cuesta un mundo mantener conversaciones cargadas de contenido y sentimientos durante períodos de tiempo prolongados. 

Como resultado, formamos parte y damos forma a una sociedad que cada vez tiene más dificultades para gestionar sus propias emociones, afrontar dificultades y resolver responsabilidades. Si no compartes contenido en la Red es/parece como si no existieras; si no compartes unas vacaciones, puede dar las sensación de que no las has tenido o no las has disfrutado. Así, lo que compartes será el reflejo de lo que pretendes ser, pero nunca la realidad.

Bajo estas circunstancias es más complicado empatizar, es decir, ponerse en el lugar del otro e intentar entender sus emociones y pensamientos. Hablamos de un mundo digital puramente visual, superficial y cambiante.

Por otro lado, hay una gran demanda de estimulación nueva y constante. Si en clase aparece el aburrimiento, los móviles ganan mucho poder como distractores. Lo mismo pasa ante un momento aburrido de una serie, una película o un libro.

Mujer viendo las notificaciones del móvil

La conversación está en peligro de extinción

Los espacios que antes se presentaban como una oportunidad para entablar una conversación ya no cumplen está función. En los transportes públicos, muchas personas van mirando sus pantallas. En las colas de supermercados y tiendas, llevamos cascos de música y revisamos nuestras redes.

La gente no habla o habla sobre lo que revisan en sus móviles. Nos hemos vuelto máquinas insonorizadas, no atendemos lo que ocurre a nuestro alrededor, no charlamos con desconocidos ni prestamos atención a lo que sucede a nuestro lado. Saltamos de una aplicación a otra, intentando matar el tedio del silencio.

Tenemos miles de contactos disponibles en la Red con los que intercambiar “Me gustas” o iniciar un chat, pero nos aburrimos a los pocos minutos, “no es suficiente, no es lo que estoy buscando” Eternos insatisfechos incapaces de generar relaciones auténticas pero ¿cómo esperamos saber escuchar si nadie nos está enseñando el valor de la conversación y la empatía?

“De muchas ideas nuestras no nos habríamos enterado jamás, si no hubiésemos sostenido largas conversaciones con los otros”

-Noel Clarasó Daudí-

¿Donde ha quedado la capacidad de sentir profundamente?

Nos hemos introducido en un ritmo frenético de vida basado en la hiperconectividad y la multitarea. A la vez que contestamos un e-mail a nuestro jefe revisamos la última publicación de un amigo en Facebook y chequeamos la predicción meteorológica del fin de semana. Leemos un libro pero mantenemos el móvil cerca para contestar inmediatamente a los WhatsApp que nos llegan.

Pareja conversando al atardecer

Pedimos a nuestros hijos que no usen sus móviles en la mesa pero si nos llaman por teléfono contestamos al momento. Nos provoca ansiedad tener que estar constantemente disponibles en la Red, pero también nos provoca ansiedad mantenernos “desconectados” demasiado tiempo. 

Algunas empresas parecen medir el grado de competencia según la disponibilidad y funcionamiento que los  trabajadores dedican a sus redes laborales. El jefe puede despedirnos si no contestamos un e-mail a las 11 de la noche. En las relaciones de amistad parece más valioso quien contesta inmediatamente.

Nos duele que nos dejen “en leído” y sin responder, e incluso llegamos a comprobar con angustia la última hora de conexión de una persona. ¿Somos realmente más eficientes por usar constantemente las nuevas tecnologías? ¿Somos mejores amigos por contestar rápidamente aunque la contestación se límite a un emoticono superficial? Estamos confundiendo rapidez y cantidad, con calidad y valor.

No necesitamos más móviles, sino espacios para conversar

Pequeños momentos de soledad son suficientes para frenar el ruido de la hiperconectividad y escuchar los propios pensamientos. Ofrecernos espacio para hablar y escuchar de verdad. Dejarnos tiempo para sentir, sin móviles de por medio.

Es en las conversaciones cara a cara donde los vínculos se construyen y refuerzan. Vemos cómo se siente la otra persona, escuchamos sus ideas y sus preocupaciones. Podemos empatizar porque tenemos su alegría o sufrimiento delante de nosotros.

Las conversaciones profundas y personales despiertan emociones en nosotros mismos. Nos dan un espacio para abrirnos y desahogarnos, para ser escuchados y respetados. Las conversaciones en persona nos brindan la oportunidad de generar nuevas ideas, incluso cuando partimos de comentarios en apariencia sin sentido.

Los vínculos reales, los pensamientos propios y las emociones compartidas son lo que nos mantiene conectados de manera auténtica.
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Alicia Yagüe Fernández

Psicóloga. Constancia, superación y entusiasmo son los protagonistas en mi vida. La música y los libros: los mejores antídotos que ha creado el ser humano.

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