Mala y Edek, la historia de un amor agónico

Edith Sánchez·
01 Mayo, 2020
Este artículo ha sido verificado y aprobado por el psicólogo Sergio De Dios González al
01 Mayo, 2020
La historia de amor de Mala y Edek no se conoció públicamente hasta muchas décadas después. Ambos fueron prisioneros en el campo de concentración de Auschwitz, de donde escaparon para luego tener una suerte trágica.
 

La historia de Mala y Edek es una historia de amor que nació, creció y se hizo eterna en un infierno: el campo de concentración de Auschwitz. Sus vidas habían quedado prácticamente en el olvido, hasta que la periodista Francesca Paci decidió rescatarlas para la memoria de hoy y siempre. De ahí nació el libro Un amor en Auschwitz.

Mala y Edek apenas estaban comenzando a vivir cuando cayeron, cada uno a su modo, en el campo de concentración. Tuvieron que madurar solos y a la fuerza.

No llegaron juntos a viejos, como lo soñaron, pero se convirtieron en un ejemplo de que el amor es más fuerte que cualquier atrocidad y que ese sentimiento da valor para todo.

La historia de Mala y Edek fue recuperada gracias a todos los que los conocieron en el campo de concentración. Esos hombres y mujeres se sintieron inspirados también por ese amor, pese a las deplorables circunstancias en las que se encontraban. Se prueba también que los grandes amores son capaces de cambiar la vida de quienes les rodean.

Cuando mi voz calle con la muerte, mi corazón te seguirá hablando”.

-Rabindranath Tagore-

Dos corazones de metal
 

Mala y Edek, dos prisioneros

Los protagonistas de esta historia son Mala Zimetbaum y Edward Galiński, a quien le decían “Edek”. Quien llegó primero al campo de concentración de Auschwitz fue Edek, cuando tenía tan solo 16 años. Era un joven de ascendencia polaca, que cursaba la secundaria; durante una redada de los nazis fue arrestado y enviado a la prisión de Tarnów.

Unos meses más tarde, en junio de 1940, le enviaron al campo de concentración de Auschwitz. Edek llegó con el primer grupo de prisioneros a ese lugar y pronto aprendió a adaptarse: “a quién y qué debes evitar y a qué aferrarse para poder sobrevivir”, decía.

Dos años después de estar en el campo de concentración logró convencer a los oficiales de que era necesario abrir un taller de cerrajería.

Su iniciativa y dinamismo en ese proyecto le valieron cierta simpatía entre los encargados, por lo que terminó teniendo un puesto privilegiado. Aprovechó el mismo para llevar al taller a los prisioneros más débiles, que no toleraban grandes esfuerzos físicos.

Un amor en Auschwitz

Mala Zimetbaum había nacido en Polonia, pero desde muy pequeña vivió en Bélgica. Fue una gran estudiante, destacándose principalmente en matemáticas e idiomas.

En 1942, fue detenida en Amberes y deportada al campo de concentración. Como sabía cinco idiomas, desde un comienzo los nazis la convirtieron en traductora y mensajera.

Mala también tenía un puesto privilegiado y al igual que Edek, lo aprovechó para ayudar a quienes lo necesitaban. Mala y Edek se conocieron cuando él fue asignado a un escuadrón de instaladores en el campo de Birkenau.

 

Fue uno de esos amores que surgen de inmediato. Comenzaron a encontrarse en secreto cada vez que podían; todos en el campo los llamaban “Romeo y Julieta”.

El amor también hizo nacer en ellos un profundo deseo de alcanzar la libertad. Eran conscientes de que el mundo no sabía lo que sucedía en los campos de concentración y por eso los dos comenzaron a incubar la idea de huir para denunciar la situación.

Querían también estar juntos para siempre. Así nació un plan que parecía una locura y que, quizás por eso mismo, funcionó.

Campo de concentración de Auschwitz

Un final no tan feliz

El plan para escapar consistía en que Edek usaría un uniforme de oficial de la SS. Disfrazado así, tenía que llegar con Mala hasta el límite del campo.

Ella, por su parte, iría disfrazada de hombre y llevaría un lavabo sobre la cabeza, para ocultar su cabello. La trampa consistía en aparentar que se trataba de un oficial que llevaba a un reo para que instalara el lavabo.

Una vez en la puerta principal, ambos mostrarían unos pases de salida que consiguieron. Por difícil de creer que parezca, lograron culminar el plan el 24 de junio de 1944. Así consiguieron la libertad y llegaron casi a la frontera de Polonia. Sin embargo, Mala fue a una tienda e intentó cambiar un anillo por algo de comer. Esto despertó sospechas entre los dependientes y avisaron a la Gestapo.

 

Mala fue detenida, mientras Edek la miraba a lo lejos. Los dos habían prometido estar juntos para siempre, así que voluntariamente él también se entregó a los nazis.

Ambos fueron llevados a una zona de castigo en Auschwitz. Los separaron y los encerraron, pero ellos se las arreglaron para enviarse mensajes en trozos de papel raído. Edek le cantaba arias italianas desde su celda.

A Edek lo llevaron a la horca y antes de la ejecución él intentó colgarse de la soga por sí mismo, pero no lo logró. Antes de morir gritó “¡Viva Polonia!”.

Mala, por su parte, se cortó las venas antes de ser ejecutada, también en la horca. Por ese acto fue condenada a ser quemada viva. Sin embargo, las guardias se compadecieron y dejaron que se desangrara antes de llegar al crematorio. Mala y Edek murieron el mismo día y con apenas una hora de diferencia.

 
Paci, F. (2017). Un amor en Auschwitz: una historia real. Aguilar.