Más información, pero menos inteligentes

Edith Sánchez·
27 Enero, 2020
Este artículo ha sido verificado y aprobado por la psicóloga Gema Sánchez Cuevas al
27 Enero, 2020
La cantidad de información a nuestro alcance es inmensa. De manera fácil, podemos encontrar discursos sobre cualquier cuestión. Una inundación que, por la cantidad de ruido que genera, en muchos casos nos hace menos inteligentes y más vulnerables a la manipulación.

Una de las grandes transformaciones que trajo consigo la revolución tecnológica fue el acceso a más información, lo cual nos introdujo en la llamada “sociedad del conocimiento”. Lo lamentable del fenómeno es que gran parte de la sociedad no se ha enriquecido con estos avances, sino que, por el contrario, muestra un franco deterioro en sus procesos mentales.

Estar en la era de la información y del conocimiento no es saber manejar un ordenador o un teléfono inteligente. Cuando no hay una inteligencia que maneje esos aparatos, entonces son los aparatos los que terminan dirigiendo la inteligencia de la gente. Desafortunadamente, eso es lo que ha ocurrido con muchos.

Lo más grave de todo es que, como ahora hay más información al alcance, también muchos llegan a creer que están mejor informados. O piensan que para conocer un tema basta con consultarlo en Internet y repetir lo que encuentran. De hecho, también hay muchos a quienes ya la veracidad no les interesa.

El auténtico genio consiste en la capacidad para evaluar información incierta, aleatoria y contradictoria”.

-Winston Churchill-

Mujer escribiendo a ordenador

Más información: el mundo de la Internet

Internet no es solamente una red de información y comunicación, sino que se ha convertido en toda una cultura masiva. La misma está repleta de información irrelevante y es constantemente bombardeada a los usuarios. El volumen de datos es tan alto, que discriminarlos o seleccionarlos parece una tarea imposible. Por lo mismo, se toman tal y como vienen.

Prácticamente cualquier barbaridad puede ser respaldada con información de Internet. Si buscas “el diablo existe”, al menos vas a encontrar 15.000 entradas que “sustentan” -así, entre comillas- esa hipótesis. Para todo hay una investigación, un testimonio o una evidencia, aunque los mismos carezcan de validez.

Por todo esto, lo que ha sucedido es que poco a poco la Internet se ha convertido en un espacio de distracción, antes que de información. La información, a su vez, ya no tiene ese filtro de verdad que existía antes. Ahora hay más información, pero lo preocupante es que buena parte de esa información carece de veracidad y solo está diseñada para distraer.

Información, conocimiento y sabiduría

La información está compuesta por datos y constituye la base desde la cual se edifica el buen conocimiento. Sin embargo, cuando hay más información de menos calidad, este proceso se ve truncado o tergiversado. Los datos insulsos llevan a conocimientos insulsos y, por obvias razones a una conciencia insulsa. Eso es precisamente lo que ha venido pasando con grandes segmentos de la sociedad.

Por lo mismo, en el mundo actual es cada vez más escasa la sabiduría. Esta es conciencia y ética basada en el conocimiento y la información relevantes. La sabiduría se construye no cuando hay más información, sino cuando esta se decanta, lleva al conocimiento profundo y permite comprender la esencia de las cosas.

Lo que hay hoy en día es una aproximación superficial a las diferentes realidades. La mente pasa rápida y con poco espíritu de crítica por encima de todo. Nos hemos acostumbrado a hacer diez cosas a la vez, olvidamos lo que aprendemos y dejamos que otros analicen por nosotros, organizando, por ejemplo, nuestra escala de valores.

Mujer consultando noticias

Más información y menos inteligencia

Por todo lo anterior, se puede afirmar que hoy en día hay más información, pero que de alguna manera somos menos inteligentes. En buena medida se debe a la actitud que alimenta el mundo virtual. La paciencia se ha convertido en una virtud exótica, cuando para reflexionar y dilucidar se requiere paciencia y de tiempo. Ningún conocimiento elaborado a la carrera puede llevarnos a la sabiduría.

Los sabios enfocan su mirada en los enigmas y no buscan la respuesta a ellos en Wikipedia, sino en la observación, el análisis y la reflexión. La mayoría de la gente no busca adentrarse en los laberintos de los grandes misterios y las grandes preguntas, sino que quiere encontrar la receta, la fórmula aplicable, la lista numerada o el dato puntual.

Hacer conciencia frente a nosotros y al mundo ha dejado de ser importante para muchos. Finalmente, están ocupados todo el tiempo, hasta cuando están dormidos. No necesitan pensar, sino decir y actuar, aunque lo que digan o hagan no tenga la más mínima importancia y sea solo una forma de perder el tiempo, de gastar la vida.

Escorsa, P., Maspons, R., & Llibre, J. (2001). De la vigilancia tecnológica a la inteligencia competitiva. Financial Times.