¿Internet cambia nuestro cerebro?

22 Diciembre, 2019
Este artículo ha sido escrito y verificado por la psicóloga María Vélez
Usamos Internet a diario, de hecho, ahora mismo estás leyendo este artículo a través de la red. Pero, ¿qué consecuencias ha tenido sobre nuestro cerebro? ¿Mejora o empeora nuestras capacidades? Sigue leyendo, porque trataremos de dar respuesta a estas y otras cuestiones.
 

En 1995, Internet empezó a entrar en nuestros hogares para, de alguna forma, terminar conquistándolos. Tanto es así que hoy día la red es quizás el terreno de juego, trabajo, contacto u ocio más popular.

Nos ha proporcionado multitud de herramientas y de información, cambiando nuestra forma de trabajar, de relacionarnos, de comprar e incluso, cambiando nuestro cerebro.

De primeras, seguramente muchos piensen que los efectos que puede tener internet en nuestro cerebro sean negativos. En este sentido, en 2008, Nicholas Carr publicó un artículo en el que indicaba que nuestra capacidad de concentración y de pensamiento crítico estaba empeorando. Además, auguraba que la estructura de nuestro cerebro y nuestra forma de pensar cambiarían.

Esto generó interés por parte de investigadores de distintas disciplinas, quienes invirtieron en realizar más estudios. Desde la neurociencia, el principal foco de interés es cómo el internet puede afectar a nuestras capacidades cognitivas y, por ende, a nuestras habilidades, rendimiento académico y emociones, entre otros.

 

Así, surgió otro grupo más optimista, defendiendo que esta nueva herramienta puede ayudarnos a mejorar nuestra agilidad mental y aprender más rápido.

Mujer buscando cómo Internet cambia el cerebro

¿Qué sabemos?

Gary Small y sus colaboradores llevaron a cabo un estudio sobre cómo el cerebro responde ante la tarea de buscar una determinada información en la red empleando un buscador común. Durante la tarea, el cerebro de los que tenían experiencia previa se activaba más en algunas regiones (frontales, hipocampo y cingulado anterior), comparado con la lectura en texto.

Así, parece que la experiencia en búsquedas por internet cambia la respuesta cerebral de las áreas relacionadas con la toma de decisiones y el razonamiento.

Recientemente, una revisión de la literatura llevada a cabo por un equipo de investigadores de diferentes universidades del mundo ha concentrado gran parte de las evidencias sobre la influencia de Internet en nuestros procesos cognitivos. Aun así, hacen hincapié en la dificultad o falta de consenso a la hora de hacer investigaciones al respecto.

 

Atención

Estudios que analizan nuestras rutinas nos dicen que pasamos gran parte del día comprobando nuestro dispositivo en busca de una nueva información entrante. Este tarea se ha convertido en hábito porque estimula nuestro sistema de recompensa: en nuestro cerebro se libera dopamina cada vez que encontramos una nueva notificación.

Este refuerzo de tasa variable lleva a que estemos pendientes y que sintamos una sensación mínimamente desagradable cuando no encontramos lo que esperábamos. Por lo tanto, buscamos nuevos estímulos constantemente, alterando nuestra capacidad de concentración.

Además, el simple hecho de estar en un contexto con muchos hipervínculos, como una tienda on-line, durante 15 minutos puede reducir considerablemente nuestra capacidad de atención sostenida en la vida off-line.

Multitasking

Por otro lado, Internet nos proporciona multitud de estímulos de manera muy seguida: imágenes, texto, sonidos, vídeos… y nos permite realizar varias tareas a la vez de forma superficial. A esa capacidad se la denomina “multitasking“.

 

Un estudio encontró que un grupo expuesto a multitasking de alta intensidad en Internet rendía peor en tareas que evaluaban esa capacidad. Por tanto, esa sobrecarga en la atención hizo que las personas fueran más vulnerables ante los distractores.

En cambio, otros autores defienden que esta capacidad multitarea mejora la integración multisensorial y el rendimiento cognitivo general.

Memoria

Hay indicios de que nuestro cerebro no almacena igual de bien la información que obtenemos desde Internet. Por ejemplo, se realizó un estudio en el que un grupo tenía que buscar una información específica en la red para completar una tarea.

Encontraron que el grupo que buscó en Internet realizó la tarea de forma más rápida que los que buscaron en enciclopedias y documentos tradicionales. Sin embargo, estos últimos recordaron mejor la información.

También encontraron que en ambos grupos se activaban las vías dorsales, encargadas de procesar la ubicación de la información entrante. Siendo más precisos, vieron que la vía ventral, la que reconoce qué estoy percibiendo, sí se activaba menos en la búsqueda en Internet. Así, concluyeron que este método es más rápido, pero menos efectivo para almacenar la información de forma más duradera.

 

Además, tras seis días de un entrenamiento de búsqueda en Internet, se redujo la conectividad funcional de áreas involucradas en la formación y recuperación de memoria a largo plazo. Esto indica que, en muy poco tiempo, el uso de Internet puede cambiar nuestro cerebro y la sincronización que existe entre diferentes áreas.

El hallazgo no quiere decir que se debiliten las conexiones, ya que ese entrenamiento incrementó la materia blanca de las fibras que conectaban las cuatro áreas cerebrales: temporal, frontal, parietal y occipital.

Mente con muchos mecanismos

Plasticidad

El hecho de que el cerebro se adapte a Internet no es más que un signo de salud cerebral. De hecho, cualquier aprendizaje conlleva cambios en redes neuronales y en estructuras cerebrales.

 

Esta habilidad del cerebro para adaptarse se traduce en muchos casos en una optimización de recursos. Esto permite que la misma tarea produzca un menor desgaste o, incluso, realizar otras acciones al mismo tiempo. En cualquier caso, hablamos de un tema complejo y de un rendimiento sobre el que influyen muchas variables en interacción.