Maurice Hilleman, biografía de un hombre que sigue salvando vidas

Este artículo ha sido verificado y aprobado por la psicóloga Gema Sánchez Cuevas el 13 junio, 2019
Edith Sánchez · 13 junio, 2019
Hay quienes se refieren a Maurice Hilleman como “el padre” de la humanidad. Le llaman así porque gracias a su trabajo aumentó considerablemente la esperanza de vida en los seres humanos. Sin embargo, su nombre no es muy conocido.

La mayoría de nosotros estamos vivos gracias a Maurice Hilleman, aunque no nos hayamos percatado de ello. Ningún otro científico ha contribuido a incrementar tanto la esperanza de vida humana como este microbiólogo, que provenía de una familia humilde.

Hilleman desarrolló las vacunas contra las paperas, el sarampión, la neumonía, la varicela, la hepatitis B y un total de 40 enfermedades. No hay otro investigador con semejante récord. Sin embargo, su nombre no es muy conocido, ni siquiera en la era de la información.

“Pienso que las vacunas deben ser consideradas como la tecnología de oportunidad para el siglo XX”.

-Maurice Hilleman-

Los habitantes del mundo que tenemos acceso al servicio médico debemos aplicarnos una serie de vacunas a partir del nacimiento. Una gran parte de ellas fueron desarrolladas por Maurice Hilleman. Quienes lo conocieron lo definían como un ‘viejo gruñón’, pero también vivaz y divertido. Aunque, ante todo, fue un hombre increíblemente comprometido y dedicado.

Enfermera poniendo una vacuna a una niña

Los primeros años de Maurice Hilleman

Maurice Hilleman nació en Montana, el 30 de agosto de 1919. Su madre y su hermana gemela murieron durante el parto. Él terminó siendo el menor de ocho hermanos en una familia de granjeros humildes, que trabajaban en su propiedad para sobrevivir.

Maurice, como sus hermanos, realizó oficios de granja y, en especial, se dedicaba a las gallinas. Años después, diría que ese trabajo le sirvió enormemente en sus futuras investigaciones, pues muchas de las vacunas incluyen al huevo o alguno de sus componentes como base.

Su familia era luterana y, por ello, se orodujo un gran escándalo cuando lo sorprendieron leyendo El origen de las especies de Darwin. Esta era una obra proscrita, apta únicamente para ateos. Sin embargo, su hermano mayor no interpretó este episodio como algo negativo, sino como una luz esperanzadora. Por esta razón, animó y ayudó a Maurice Hilleman para que fuera a la universidad.

Un genio en formación

Maurice Hilleman fue un estudiante fabuloso, siempre obtuvo excelentes calificaciones y, como consecuencia, se hizo con una beca para llevar a cabo su doctorado en la Universidad de Chicago. Allí se graduó en microbiología en el año de 1941.

Comenzó a destacarse cuando desarrolló una vacuna contra la encefalitis japonesa. Durante la Segunda Guerra Mundial, la enfermedad aquejaba a los soldados norteamericanos que estaban en el Pacífico. Posteriormente, fue a trabajar en un centro de investigación del ejército y allí generó un nuevo hito.

Junto a uno de sus compañeros, pudo detectar un brote de gripe en Hong Kong. Gracias a uno de sus descubrimientos, la ‘deriva genética’, logró diseñar una vacuna para conjurar el virus. Este habría podido llegar a convertirse en una pandemia, pero gracias a Maurice Hilleman se pudo controlar. Aún así, más de 69.000 estadounidenses murieron por esta causa.

Merck y la consagración

En 1957, Maurice Hilleman comenzó a trabajar con la compañía farmacéutica Merck. Muchos creen que la escasa visibilidad que ha alcanzado se debe, precisamente, a su vinculación con esa compañía, en lugar de la vida académica. Sea como fuere, en esa industria, Hilleman desarrolló la mayor parte de sus vacunas.

Una de las más importantes, la de las paperas, tiene una historia muy particular. Hilleman se casó con una enfermera y tuvo dos hijas. La mayor, Jeryl Lynn, enfermó de paperas a los 5 años. Su padre tomó una muestra para cultivo y, gracias a ella, desarrolló esta famosa vacuna, que seguramente todos llevamos encima.

Maurice Hilleman era muy escrupuloso con su trabajo. Supervisaba y controlaba personalmente cada etapa en el desarrollo de una nueva vacuna. Quizás, por ello tenía fama de exigente, cascarrabias y narcisista.

Mujer con una vacuna

Un reconocimiento masivo que nunca llegó

Dicen que Maurice Hilleman se sentía especialmente orgulloso de la vacuna de Hepatitis B. Se estima que esta redujo en un 95 % la mortalidad a manos de dicha enfermedad, al menos en los Estados Unidos, aunque es empleada en 150 países. Esto llenaba de satisfacción al gran investigador.

Dicha vacuna fue también la primera que permitió prevenir el cáncer en humanos; particularmente, el cáncer de hígado. El gran sueño de Maurice Hilleman era desarrollar una vacuna contra cualquier tipo de cáncer vírico. Los expertos dicen que lo logró, en parte, cuando hizo la vacuna contra la Enfermedad de Merke.

Su prestigio en el mundo de la ciencia era innegable. Por eso ocupó diversos cargos e incluso fue asesor de la Organización Mundial de la Salud. Sin embargo, la fama masiva nunca llegó para él, a pesar de sus impresionantes aportes.

Se retiró de la Merck por jubilación forzosa. Aunque continuó trabajando en sus vacunas hasta que murió, en 1985, a la edad de 85 años. Le sobrevivieron su esposa, sus dos hijas y cinco nietos.

  • Tuells, J. (2010). Maurice Hilleman (1919-2005), el hombre que inventaba vacunas. Vacunas, 11(1), 37-43.