Meditación informal, una práctica para el día a día

Edith Sánchez · 3 mayo, 2019
Este artículo ha sido verificado y aprobado por la psicóloga Gema Sánchez Cuevas el 3 mayo, 2019
La meditación informal es una forma de trabajar sobre la atención plena en prácticamente cualquier momento del día. Esto nos ayuda a estar mucho más tranquilos y a pensar de forma acertada, fluida, creativa y serena.

La meditación informal es una modalidad que permite hacer prácticas meditativas en cualquier circunstancia cotidiana. A diferencia de la meditación formal, no requiere ni un espacio, ni un tiempo y ni siquiera una rutina estructurada. Tampoco exige gran cantidad de tiempo.

Esta práctica se puede llevar a cabo en cualquier momento y en cualquier lugar. No es necesario interrumpir las actividades cotidianas, ni tampoco tener grandes habilidades. Lo bueno es que con la meditación informal alcanzamos mayor tranquilidad y agudizamos la percepción y la concentración.

Vivir en el futuro o en el pasado carece de sentido. Es vivir en la memoria o vivir en la imaginación”.

-Proverbio zen-

El propósito central de la meditación informal es el mismo que el de la meditación formal: vivir con plenitud el presente. Nos conectamos de una manera más genuina con nosotros mismos y con el momento actual. Esto impide que nos sobrecarguemos emocionalmente y al final del día terminemos estresados. A continuación veremos cómo practicarla.

Mujer con los ojos cerrados al aire libre

Comenzar el día con meditación informal

El despertar es uno de los momentos más importantes del día. Tu cerebro está más fresco y atento, además de renovado por el descanso. Este momento es óptimo para hacer una práctica de meditación informal.

Comienza respirando profundamente cinco veces, tan pronto despiertes. En lo posible, concéntrate en la forma como el aire entra y sale de tus pulmones. Después levántate lentamente, siguiendo con cuidado cada uno de los movimientos que realizas. Fíjate bien en la manera como pasas de estar tendido a ponerte de pie.

El momento del aseo personal también es uno de los más indicados para hacer meditación informal. Enfócate en todas las sensaciones que experimentas mientras te bañas. En cómo el agua resbala por tu cuerpo y la forma como tu piel reacciona a ello. Haz lo mismo mientras te cepillas los dientes.

La atención plena al comer

Estamos acostumbrados a enfocarnos en multitud de ideas mientras comemos, vemos la televisión o conversamos a medias con quienes están a nuestro alrededor. A veces, simplemente nos perdemos en nuestros recuerdos o preocupaciones.

Lo aconsejable es que logremos estar atentos en el momento de cada comida. Que nos enfoquemos en aquello que estamos comiendo, las percepciones que nos genera, su sabor, su olor, su apariencia, etc.

Lo ideal es comer sin prisas y masticar lentamente. Esto no solo hace que los alimentos nos sepan mejor, sino que además favorece la digestión y tiene más provecho. Es una manera de hacer la práctica de meditación informal en un momento cotidiano.

La meditación exprés

Esta es una técnica de meditación informal especialmente apta para los momentos difíciles. En particular, aquellos instantes en los que estemos más ansiosos, enfadados o presionados por alguna circunstancia. Se trata de una práctica ultrarrápida para recuperar el equilibrio.

La regla básica es una sola: nunca puede durar más de un minuto. Simplemente se trata de retirarte a un lugar en el que puedas estar solo (al menos al comenzar). Después, pon los pies contra el suelo, siéntate, relaja los brazos y cierra los ojos. Luego debes respirar y hacerte consciente de tu respiración, durante un minuto contado por reloj.

Es normal que aparezcan pensamientos que te distraigan, sobre todo cuando no tienes experiencia. Solo es un minuto, pero así es la mente: tiende a dispersarse. Luego, simplemente retoma tus actividades. Si haces meditación exprés con frecuencia, cada vez necesitarás menos tiempo para equilibrarte.

Mujer con los ojos cerrados al aire libre

Los momentos para meditar

La meditación informal es una técnica ideal para todos aquellos momentos del día que podríamos llamar “tiempos muertos”, esos en los que no estamos realizando una actividad que nos exige altos niveles de concentración. En cada jornada hay muchos momentos así.

Por ejemplo, casi todas las actividades domésticas permiten hacer este tipo de meditación. Al hacer la cama, lavar los platos, organizar la ropa, limpiar la casa, preparar la comida, sacar a pasear al perro y casi cualquier tarea por el estilo.

También hay muchos tiempos muertos cuando nos desplazamos, esperamos nuestro turno o estamos en una sala de espera. Incluso mientras el semáforo cambia a verde para cruzar una calle, podemos aprovechar para hacer un minuto de meditación informal.

Todas estas actividades son un entrenamiento continuo para lograr una vivencia plena del presente. Esto nos despierta, nos relaja, permite que las ideas y la creatividad fluyan. Además, mantiene nuestras emociones en equilibrio y con ello nos volvemos más fuertes y capaces.

  • Gutiérrez, G. S. (2011). Meditación, mindfulness y sus efectos biopsicosociales. Revisión de literatura. Revista electrónica de psicología Iztacala, 14(2), 26-32.