Por miedo a perderte, te perdí

Por miedo a perderte, te perdí

Rocío San Segundo Alonso 8, Enero 2017 en Emociones 1871 compartidos
mujer ventana

Muchas veces no hay que cometer grandes errores para perder o alejarnos de aquello que más queremos y deseamos. Muchas veces, solamente el miedo que sentimos a perder aquello que queremos o que necesitamos hace que, sin querer, destruyamos lo que anhelamos.

Parece irónico, pero sí: es muy frecuente que, tras un duro trabajo por conseguir cierta meta o tras liberar una gran batalla superando una enfermedad o una crisis de pareja, sucumbamos. Y, aunque “Novia a la fuga” sea una película, esta situación es mucho más real y cercana de lo que podemos imaginar. En los siguientes párrafos hablaremos de las razones biológicas y psicológicas de este fenómeno. Por último, trataremos de encontrar una respuesta a cómo combatirlo cultivando emociones positivas donde ahora habita el miedo.

¿Qué es el miedo?

El miedo en una de las seis emociones básicas que tenemos: miedo, alegría, tristeza, ira, asco y sorpresa. Estas emociones se denominan básicas porque se pueden identificar claramente en todas las culturas hasta ahora estudiadas. También porque nos permiten adaptarnos al medio que nos rodea.

Hombre con miedo

¿Cómo nos ayuda el miedo? Todas las emociones juegan un papel crucial a la hora de empujarnos o apartarnos de una meta. La alegría, por ejemplo, nos ayuda a conectar con los demás y eso, a su vez, mejora nuestra adaptación social y, por tanto, nuestra salud. Por otro lado, el papel del miedo es el de “evitar un mal mayor” o enfrentar con coraje aquello que nos amedrenta y, por ello, es necesario en nuestra vida diaria.

El miedo a fracasar: “¿y si esto es demasiado para mí?”

El miedo se produce como resultado de una evaluación negativa o amenazante de una situación. Es decir, el peligro no tiene por qué ser real. Muchas veces se produce porque sentimos que la situación supera los recursos con los que contamos para llevarla a cabo o enfrentarla.

A este fenómeno se le denomina expectativa de autoeficacia. Se define como “la percepción y valoración que haces de ti mismo como poseedor de la capacidad y de los recursos personales necesarios para hacer frente a diferentes situaciones”.

Por otro lado, cuando se desencadena la respuesta del miedo se dan las siguientes reacciones fisiológicas -que facilitan las tres respuestas motoras básicas: lucha, parálisis y huida-:

  • Aumenta la tasa cardíaca y presión sanguínea para aportar “combustible” a nuestro cerebro.
  • La respiración se acelera para oxigenar los músculos en preparación de la huida.
  • Se produce la segregación de glúcidos y lípidos a la sangre para aportar energía en caso de lucha.
  • Se detienen la mayoría de procesos esenciales, como los que lleva a cabo el sistema inmunológico o el digestivo, en beneficio del riego de el corazón y el cerebro.
  • Comienzan a tensarse los músculos, preparándose para la acción.

¿Por qué el miedo a perder nos hace perder?

Sucede cuando nos topamos con un problema, una situación beneficiosa o neutra que evaluamos como una amenaza. Este es el mecanismo que siguen las fobias y por el que muchas veces perdemos aquello que más queremos.

Así, cuando realizamos una evaluación de una situación como estresante o amenazante, ese mensaje llega a nuestra amígdala cerebral que desencadena la respuesta de miedo. La amígdala, a su vez, está asociada con varios procesos relacionados con la memoria, incluido el del almacenamiento de nuestros recuerdos y, por ello, nuestros miedos perseveran.

Mujer corriendo con miedo

Por otro lado, la evaluación de la situación -como amenazante o no- depende de nuestra personalidad y de la estimación de los recursos con lo que contamos; por eso, entre otras razones, hay personas que adoran los perros y otras que les tienen pánico.

Estas mismas reacciones se dan en todas las situaciones en las que nos exigimos mucho o tenemos la sensación de que “hay mucho en juego”, con lo que involucramos todos nuestros mecanismos de lucha y supervivencia. Esta es precisamente nuestra cruz. Porque al activarse las reacciones de lucha, parálisis o huida acabamos escapando de las cosas que nos hacen más felices, por evitar un fracaso que es solamente una conjetura.

Así, no solo forman parte de las películas os padres o las novias que se dan a la fuga, las discusiones con un compañero antes de entregar un trabajo o que nos quedemos paralizados a la hora de exponer nuestras ideas ante un exigente público, por más que dominemos el tema.

¿Cómo manejar el miedo al fracaso?

Casi todos hemos visto una de estas típicas películas románticas en las que el protagonista deja ir al “amor de su vida”. De pronto, se da cuenta de lo que ha perdido y sale a corriendo a decirle que lo ama pero… El avión ya se fue. Y nos quedamos con esa desazón de decir “Imbécil, lo tenías todo, ¿por qué la dejaste marchar?”. Entonces, ¿por qué no visionas tu vida como si fuera esa película?

Actúa. Vive. En la obra de tu vida, tú eres el actor principal.
Compartir

Aunque en primer lugar, debemos reconocer que el miedo es una emoción esencial y, como tal, es bueno regularla y no ignorarla o negarla. Simplemente, es positivo identificarla y atribuirle el significado correcto. Reflexionar que si te sientes mal ante una entrevista de trabajo importante no significa que no valgas para ese puesto o que seas cobarde. Una vez que hemos asumido que es una reacción perfectamente comprensible, ahora hay que tener la mente despejada para realizar la mejor entrevista posible.

1. Combatir las ideas irracionales que genera el miedo

Muchas veces, cuando estamos en una situación en la que el miedo a fallar se apodera de nosotros, nuestros pensamientos se trasforman en “embrollos o inutilidades mentales”. Es decir, el miedo es esa “sed en el desierto” que provoca el nivel de activación fisiológica suficiente como para que “veamos fantasmas donde no los hay”.

Así, empezamos a pensar cosas como “mi jefe me mira mal, me van a despedir”, “seguro que se ríen de mí”, etc. Es perfectamente posible que nuestro jefe haya pasado mala noche o le duela el estómago, y que los que se ríen lo hagan de una anécdota.

Deja de creerte el ombligo del mundo. Porque, lamento decirte, que no lo eres.
Compartir

cancer47

2. Romper con la historia de fracasos

Si no te subes a la vida, ella no te esperará. Una buena idea puede ser cambiar la cadena de acontecimientos que te hicieron fracasar la última vez. Si llegaste tarde a esa cita importante, protégete de los imprevistos para llegar con margen. Esto romperá con los precedentes que tienes y no podrás imaginar el fracaso porque “no hay fracasos similares en tus recuerdos con los que comparar esa situación en concreto”.

Emplea todos aquellos elementos que te hagan sentir más seguro. Ten fe. Cree, créete y, si no puedes, focalizate ese obstáculo y ocúpate en lugar de preocuparte. Y, por último, pero no menos importante, respira. Ayuda a aclarar las ideas y activa el sistema nervioso parasimpático que se encarga de la “relajación de nuestros órganos”. Así, inoculamos el estrés y el miedo.

3. Viviendo el ahora, verás como todo mejora

La única certeza en este mundo tan caótico es que tú eres el dueño absoluto y exclusivo de tu tiempo. Por tanto, antes de lamentarte por aquello que no hiciste por miedo o por el qué dirán o porque era demasiado tarde… piensa, solo tú eres quién decide si es tarde.

Personalmente te diría que ni la gente que te critica o que predices que lo hará va a devolverte los años que perderás al huir de tus sueños. Así que, vive. Vívelo todo. Y si el mundo se acaba, que nos pille bailando.

Rocío San Segundo Alonso

Aspirante a psicóloga... Puedo Asombrarte Si Intentas Observar Nuevamente. Es decir, P.A.S.I.Ó.N.

Ver perfil »