El miedo a tocar la herida que impide sanarla

El temor a reconocer carencias, daños y vulnerabilidades puede mantenernos estancados en el dolor y en la insatisfacción. Ahora, ¿qué podemos hacer para salir de ese estado?
El miedo a tocar la herida que impide sanarla
Elena Sanz

Escrito y verificado por la psicóloga Elena Sanz.

Última actualización: 13 junio, 2022

¿Conoces a alguna de esas personas que evitan ir al médico, hacerse análisis o revisiones por miedo a que “les descubran algo”? ¿Has evitado acudir al dentista o al dermatólogo por temor a tener que someterte a algún procedimiento doloroso? Pues bien, en lo que respecta a la salud mental, muchas veces actuamos de la misma forma: hacemos oídos sordos a las necesidades de nuestro ser y nos convencemos de que no nos pasa nada porque el miedo a tocar la herida es demasiado grande.

Es importante recordar que la terapia no es solo para quienes padecen trastornos mentales graves; en realidad, es una experiencia recomendable. En mayor o menor grado, la mayoría de nosotros arrastramos historias, dolores pasados y emociones no resueltas, pero hacemos todo lo posible por esconder debajo de mil alfombras esa realidad.

Así, es fácil que continuemos con nuestra vida disfrazando o disimulando esas heridas internas; sin embargo, por el hecho de no mirarlas, no desaparecerán.

Mujer pensando
Aunque a veces intentemos huir de nuestras heridas, están siguen acompañándonos de muchas formas.

Disfraces para nuestras heridas

Cuando a una persona se le plantea la idea de ir a terapia, sus negativas pueden adoptar formas muy diversas. “No lo necesito”, “no me pasa nada”, “eso son tonterías, no sirve”, “es mejor no remover el pasado”, “para eso ya hablo con mis amigos”… ¿Te suenan estas afirmaciones?

Es posible que en algunas personas, y al menos en un cierto grado, surjan de una convicción real de que la ayuda profesional no les es necesaria en ese momento. Sin embargo, en una gran cantidad de casos son solo excusas que nos ponemos para no enfrentar el dolor, su origen y sus consecuencias.

Por ello no es sencillo mirar nuestra propia sombra, reconocer nuestros defectos o carencias, aceptar que fuimos heridos y sentirnos vulnerables. No es apetecible, en primera instancia, recordar ciertos eventos, hacernos preguntas, sumergirnos en nuestras profundidades y hacernos responsables. Sin embargo, con frecuencia, cuanto más nos resistimos, más necesitamos hacer este trabajo de introspección.

Si temes que remuevan tu pasado, es porque aún no lograste integrarlo; si temes que toquen tu herida, es porque aún sigue abierta o no cicatrizó de manera adecuada. Es normal que te asuste experimentar ciertas emociones, pero hacerlo es el único modo de poderlas trascender.

Empezar a curar

Los seres humanos tenemos una gran capacidad de adaptación, es cierto. Podemos enfrentar eventos estresantes, negativos y dolorosos y ser capaces de levantarnos y seguir adelante. Sin embargo, también es cierto que nuestra flexibilidad suele llegar hasta un punto. Con frecuencia, nos limitamos y capeamos el temporal a duras penas y continuamos, procurando no recordar, con suerte más fuertes, pero con frecuencia más rotos.

Al contrario de lo que solemos pensar, las heridas no solo las producen eventos extraordinarios. Una actitud paterna durante la infancia, el rechazo de algunos compañeros o la traición de un amigo es suficiente. Un despido que nos hizo sentir inútiles, una ruptura que nos hizo sentir fracasados, una discusión que se quedó grabada…

Así, aunque pienses que todo está bien, estas son algunas señales que pueden indicarte que necesitas mirar lo que has estado ignorando:

  • Tienes una mala relación con algún miembro de tu familia nuclear. Te habría gustado que todo fuese diferente e incluso puede que lo hayas intentado, pero la realidad se ha impuesto. Esto no implica que debas retomar o solucionar dicha relación, pero probablemente sí necesites gestionar una serie de emociones asociadas.
  • Con frecuencia tus emociones te secuestran. Tienes arrebatos de ira de los que luego te arrepientes y que afectan a la relación con tus hijos, con tu pareja o con tu entorno. Tiendes a sentirte triste y desesperanzado, o ansioso e irritado, sin saber muy por qué.
  • Te cuesta poner límites y sueles ser una persona servicial, siempre lista para ayudar a otros. O, por el contrario, en más de una ocasión te han acusado de egoísta, aunque tú no lo percibas igual.
  • Sueles depender de tus personas cercanas; sus actos, palabras y actitudes condicionan tu estado de ánimo y tu felicidad. O, por el contrario, eres excesivamente independiente y te cuesta bajar la guardia e implicarte emocionalmente.
  • Repites patrones en algún área de tu vida. Quizá todas tus ex parejas son muy similares, tal vez nunca logras mantener un empleo en el tiempo o puede que siempre te hayas sentido víctima de las circunstancias y de la mala suerte.
  • Hay ciertas personas y eventos de tu pasado de los que evitas hablar. Son zonas prohibidas en las que no te adentras porque aún llevan aparejada una carga emocional difícil de tolerar.
Mujer triste con baja autoestima
Omitir ciertos eventos y situaciones del pasado es una señal que indica la presencia de una herida.

Vencer el miedo a tocar la herida

Estos son solo algunos indicios de que realmente no todo está tan bien como pensabas. Si te sientes identificado con las anteriores premisas, recuerda que esas realidades no son fruto del azar, ni son una parte inherente a tu personalidad; son el resultado de tu historia, la que has vivido, pero quizá no has sanado, y aún sigue dirigiéndote de forma inconsciente.

El miedo a tocar la herida es lícito, ya que (no vamos a mentirnos) sanar puede ser doloroso. Al hacerlo se destruirá parte de lo que creías conocer de ti y tendrás que abrirte a lo que no querías reconocer. Cambiará tu forma de ver a quienes te rodean, terminará la idealización y también la culpabilización.

Ahora tú serás responsable de tu felicidad. Sin embargo, una vez sanada la herida podrás ver con claridad cuál era su magnitud y su influencia en tu vida. Por ello, ten la valentía de vencer tus resistencias y decídete a comenzar el cambio.

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