El mito de Hércules: trabajar más horas no garantiza el éxito

A partir de un punto, trabajar más horas no suele merecer la pena; al contrario del pensamiento heredado de la revolución industrial, la inteligencia a la hora de invertir nuestro tiempo en lo laboral suele producirnos más rédito que alimentar el famoso mito de Hércules.
El mito de Hércules: trabajar más horas no garantiza el éxito
Sergio De Dios González

Revisado y aprobado por el psicólogo Sergio De Dios González.

Escrito por Edith Sánchez

Última actualización: 05 febrero, 2022

Trabajar más horas es uno de los grandes mantras de casi todas las sociedades occidentales, en particular a partir de la modernidad. Ahora bien, no siempre invertir más energía en las actividades laborales propicia o asegura el éxito.

Como se puede suponer, el mito de Hércules hace referencia al personaje mitológico que lleva este nombre. Este era hijo de dioses, pero él mismo era mortal. Se caracterizaba, entre otros aspectos, por tener una fuerza descomunal. Un arranque de ira de la diosa Hera le obligó a realizar “los 12 trabajos”: actividades arduas y casi imposibles de lograr que, tras ingentes sacrificios, el héroe consiguió.

En el mundo moderno es popular la idea de que el ser humano debe ser como ese Hércules de la mitología: fuerte, incansable y sacrificado. Se sobredimensiona el valor de trabajar más horas para conseguir algo importante. Sin embargo, en la práctica se ve que no es así.

El trabajo es el refugio de los que no tienen nada que hacer”.

-Oscar Wilde-

Mujer estresada en el trabajo

Trabajar más horas: el mito moderno

El mito de Hércules es el mito de la modernidad, el industrialismo y el capitalismo. Así mismo, el hecho de trabajar se convirtió en un eje en el socialismo ortodoxo. En el tema que nos ocupa, el modo de producción que comenzó a instaurarse en el siglo XV siempre llama a trabajar más horas.

No siempre fue así. Por ejemplo, en la Antigua Grecia, ese trabajo intenso y prologando, que tanto se pondera hoy, era propio de los esclavos. Dicho de otro modo, los hombres libres no tenían por qué trabajar de esa manera. De hecho, Platón y Aristóteles en parte de su filosofía simpatizaban más con la idea de que el ocio absoluto era la riqueza suprema.

Ahora bien, los griegos no entendían el ocio como holgazanería o improductividad. Esta palabra viene del latín otium y tiene diversas acepciones. Algunas de ellas son: ‘estado en el que el trabajo obligado se suspende’; o ‘tiempo libre’; o ‘tiempo de oír y aprender’.

A su vez, el ocioso, otiosus, es el “desocupado”, pero también “sosegado y tranquilo”. En principio, el ocio solo era el tiempo que un ser humano libre tenía para sí, sin las connotaciones negativas que arrastra en la actualidad.

Con el capitalismo vino la beatificación del trabajo duro. Finalmente, unos pocos necesitaban que los demás pensaran que con su trabajo, fuese el que fuese, se estaban realizando. La excesiva valoración de trabajar más duro es funcional a las necesidades de los empleadores.

El consumismo lleva a trabajar más horas

La realidad prueba que una persona no siempre consigue el éxito después de dedicar durante años más horas al trabajo. De hecho, la mayor parte de la humanidad pasa su vida trabajando más de lo saludable y, al final, solo consigue garantizar su supervivencia. Independientemente de los factores estructurales y del sistema que conducen a ello, también hay conductas individuales que propician esta situación.

El primer factor es el propio concepto de necesidad y de éxito. En el mundo actual se experimentan como carencias aspectos que no lo son. Al mismo tiempo, el “éxito” tiene que ver con cubrir esas carencias. Dicho de otro modo, poseer ciertos bienes, que son valorados socialmente, determina la forma como se percibe la necesidad y el éxito.

El segundo factor se deriva de lo anterior. Esas necesidades creadas dan forma a una lista prácticamente infinita. Apenas logramos satisfacer una y ya estamos pensando en la siguiente. Por lo tanto, el ciclo es interminable. Hay un deseo implícito de alcanzar “la llenura” y el trabajo se ha convertido en un medio, cuando por naturaleza quizás debería ser más bien un fin.

Hombre con estrés laboral trabajando

Trabajar de una forma más inteligente

Es cierto que trabajar más horas puede reportarnos más dinero, pero la pregunta es si vale la pena pagar el precio derivado. Al mismo tiempo, gracias a la psicología y a las neurociencias, hoy estamos en la capacidad de afirmar que no se trata de trabajar más, sino de hacerlo de una manera más inteligente.

Lo que importa no son las horas de trabajo que se inviertan en una tarea, sino la manera en la que invirtamos este tiempo. Se puede invertir mucho tiempo en hacer algo y, al final, conseguir un fruto apenas aceptable. Así mismo, se puede trabajar de manera más intensa sin que se pueda recoger un mejor fruto de ello. La ciencia nos dice que para ser más productivos, debemos proteger el descanso y el ocio.

Trabajar más de lo necesario conduce con frecuencia a la fatiga y a la improductividad. La clave está en reorganizar las prioridades y en encontrar medios para administrar el tiempo con más eficiencia. Nada es más importante que la propia vida y el propio bienestar. El tiempo dedicado al ocio no solo es una gran fuente de bienestar, sino que garantiza mayor eficiencia en cualquier cosa que se haga.

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  • Graeber, D., & Iván Barbeitos. (2018). Trabajos de mierda. Grupo Planeta.
  • Useche Mora, L. G. (1992). Fatiga laboral.