Mujercitas: una nueva versión

01 Febrero, 2020
Este artículo ha sido escrito y verificado por la crítica de cine Leah Padalino
¿Es un spoiler, a estas alturas, desvelar las claves de Mujercitas? En este artículo, no lo haremos, la historia es de sobra conocida, pero indagaremos en cómo ha sido renovada y qué tiene que aportarnos la versión más actualizada del clásico de Alcott.
 

Una misma historia puede ser narrada de diferentes maneras, contada aportando un nuevo punto de vista, ser repetida hasta la saciedad y, aun así, exponer algo nuevo. El cine se ha nutrido enormemente de la literatura y no son pocas las obras literarias que se han llevado a la gran pantalla no una, sino dos o más veces. Mujercitas, la novela que encumbró a Louisa May Alcott, es una de esas obras que, cada cierto tiempo, vuelve a la gran pantalla.

Para Greta Gerwig, actriz y directora estadounidense, todavía cabe una nueva lectura de la obra; una visión algo más actualizada, pero sin despegarse de sus raíces. La historia de Mujercitas continúa siendo atemporal y, por lejano que nos parezca el siglo XIX, el mensaje de la obra está más vivo que nunca.

Alcott destacó por ser una gran defensora del sufragio femenino, una mujer que creía en la igualdad de género. Adelantada a su tiempo y con una gran pasión por escribir, encontró en lo cotidiano y en sus propias vivencias una historia que merecía ser contada.

 

Probablemente, esta nueva versión haya llegado en un buen momento, en un periodo histórico en el que hablar de feminismo ya no es tabú, sino necesario. ¿Y qué mejor manera que utilizar una historia del pasado? Una novela que, desde la óptica actual, adquiere todavía más importancia.

La actualización

Gerwig es muy fiel a su referente literario, una obra que marcó profundamente la vida de la cineasta; y, aun así, logra darle cierta frescura. Un aire nuevo que casa a la perfección con las necesidades contemporáneas.

Mujercitas siempre ha sido una obra atípica, pero exitosa. La antítesis de los manuales del buen comportamiento de la mujer de su época; un respiro, una esperanza hacia un futuro más igualitario.

La historia que narra Gerwig, pese a ser muy fiel a la original, es la que mayores episodios de la obra literaria ha plasmado hasta la fecha. Recordemos que, entre las numerosas adaptaciones, destacan algunas tan conocidas como: la protagonizada por Katherine Hepburn en 1933; la emblemática dirigida por Mervyn LeRoy en 1949; o la adaptación de 1994 de las manos de Gillian Armstrong.

 

Si bien todas ellas partían de la misma premisa, las dos primeras, sin ser conscientes de ello, bebían de una sociedad absolutamente machista. Mientras la versión de los 90, aunque aportaba algo más de metraje, quedaba ensombrecida por sus predecesoras.

Por ello, 2019 parece el momento exacto, el momento idóneo para la actualización. Una actualización que ve su máxima en el orden -o desorden- en el que se narran los acontecimientos.

Los flashbacks alternan con el presente en las Mujercitas de Gerwig y, de este modo, se logra algo que, hasta la fecha, no habían conseguido sus hermanas cinematográficas: profundizar más, si cabe, en cada personaje. Los saltos temporales permiten a la cineasta acercarse de manera casi íntima a los personajes y demostrar que, en cierto modo, nuestro pasado se refleja en nuestro presente.

Somos quienes somos, en parte, por nuestras vivencias pasadas. Vivencias que pueden ayudarnos a comprender la complejidad de nuestras emociones y quiénes somos a día de hoy. Por ello, Gerwig, en lugar de optar por la vía fácil del calco y la historia lineal, decide contar la historia a través de la memoria. De manera que, además de ayudarnos a comprender su presente, nos conduce a una serie de momentos similares en los que la tristeza o la alegría ha estado presentes.

 

Con elegancia y a conciencia, Gerwig trata de unir momentos que, en el pasado, fueron similares, pero con resultado distinto: relacionar un funeral con una boda, una muerte con la salvación, etc. A través de la memoria de su protagonista, conocemos, en mayor profundidad, la vida de estas jóvenes hermanas.

Otro gran acierto y renovación reside en el personaje de Amy que, lejos de ser la joven vanidosa e infantil que era en su infancia, presenta una enorme evolución. A diferencia de las anteriores adaptaciones, Amy adquiere un mayor relieve, un mayor protagonismo que la lleva a rivalizar con su hermana Joe, la arrolladora y rebelde escritora.

Todo ello para darnos cuenta de que, en realidad, no son tan distintas. Ambas actrices, Saoirse Ronan (Joe) y Florence Pugh (Amy), optan a la estatuilla por sus papeles. Ambas deslumbran y dotan a los personajes de una enorme complejidad y evolución.

Mujercitas: la sororidad como clave

No es menos mujer quien decide vestir con prendas «masculinas», no es menos mujer quien decide ejercer una profesión que culturalmente ha estado asociada a los hombres. Y, por supuesto, tampoco es menos mujer o menos feminista quien decide ser feliz en su matrimonio.

 

Alcott jamás contrajo matrimonio, un deseo que se hace patente en la joven Joe, cuyas aspiraciones van mucho más allá de las de cualquier mujer de su tiempo. El filme de Gerwig recupera una historia en la que las mujeres debían contraer matrimonio con la única finalidad de obtener cierta estabilidad.

Mujercitas retrata a un grupo de hermanas de ideas fuertes, distintas, pero cargadas de ilusión; algo que también podemos apreciar en s madre. Igualmente, destaca el joven Laurie, interpretado por Timothée Chalamet, un joven que también contrasta con los valores de su tiempo.

Por su parte, la joven Beth, como su madre, prefiere ayudar a los más necesitados, el calor de un hogar y abrazar la música como forma de vida; sin la necesidad de ser una gran concertista. Las multitudes no son para ella y disfruta de las cosas pequeñas. Joe es la rebelde, luchadora incansable y la que más reivindicará su frustración por ser mujer y no poder acceder a los mismos privilegios que un hombre.

 

Tan solo puedes permanecer soltera si eres rica, esa es la lección que su tía tratará de inculcar a las jóvenes con el fin de que se «casen bien» para disfrutar de ciertos privilegios.

Amy no es tan distinta de Joe pese a lo que pueda parecer en un comienzo, más vanidosa y más femenina, pero no por ello menos importante; no hace falta ser masculina para ser inteligente. Su sueño es triunfar con su pintura, pero la pintura parece estar hecha para los hombres. Finalmente, Meg, la mayor de las hermanas, es feliz al contraer matrimonio, pero no por ello resulta menos mujer.

De alguna manera, se plantea cierta sororidad, cierta aceptación de las demás. Todas mujeres, mujeres que sobreviven en tiempos convulsos y de guerra, que intentan que su vida sea algo más alegre. Escritura, matrimonio, pintura o el calor de la música y el hogar, no importa la decisión, no te hace menos mujer, ni menos hombre; sencillamente, son caminos a elegir.

Cuatro hermanas abrazadas
 

Y, de paso, una pequeña, pero contundente, crítica a la industria

Si algo destaca en la nueva versión de Mujercitas, son las conversaciones con el editor. Un editor hombre que cree firmemente que su público necesita una mujer casada o, al menos, muerta; pero no soltera.

En este punto, Gerwig parece homenajear a Alcott, poner en palabras de Joe lo que la escritora siempre quiso decir. ¿Por qué todas las mujeres en todas las historias han de estar vinculadas al amor?

Las reuniones con el editor suponen, en cierto modo, una crítica a la industria cinematográfica y a la editorial. Una industria que ha castigado duramente a las mujeres, que las ha relegado, directa o indirectamente, a un segundo plano.

Poco importa tu talento si tu historia no vende, poco importan tus ideas o principios y, desde luego, tu obra deja de ser del todo tuya en el momento en que el poder pone sus manos sobre ella.

Alcott decía no al matrimonio y, sin embargo, no había novela en la época en la que una mujer no terminase felizmente casada. El giro de Gerwig aporta un mayor valor a la voz de Alcott, como si ella, a través de la cineasta, se revelase ante un duro editor.

 

Y todo este despliegue de emociones se lleva a cabo con una puesta en escena sublime, con unas imágenes que parecen pinturas; escenas inolvidables en la playa o en el calor del hogar. Encabezadas por un reparto que enamora y una banda sonora que termina por trasladarnos a momentos clave de la vida de las protagonistas.

Mujercitas es candidata a 6 premios Oscar y, seguramente, con el paso del tiempo, siga siendo una de las versiones más interesantes de la obra de Alcott.

«Las mujeres tienen mentes y almas, además de corazones, y tienen ambición y talento, además de belleza. Y estoy harta de que la gente diga que el amor es todo para lo que una mujer es adecuada. Pero…también me siento muy sola».

-Joe, Mujercitas