Neuroplasticidad y estrés postraumático: ¿puede el cerebro superar un trauma?

Edith Sánchez·
09 Junio, 2020
Este artículo ha sido verificado y aprobado por la psicóloga Gema Sánchez Cuevas al
09 Junio, 2020
La plasticidad del cerebro es una propiedad maravillosa que eventualmente permite borrar las huellas dejadas por un evento traumático en el sistema nervioso. La neurociencia es una vía para superar eficazmente el estrés postraumático.

Los traumas están en la base de muchos problemas emocionales y mentales. No es infrecuente que algunas personas vivan toda su vida bajo la sombra de una vivencia traumática y que incluso la transmitan a las siguientes generaciones, a través de conductas marcadas por el estrés postraumático que se deriva de estas.

La palabra “trauma” no siempre es bien comprendida, ya que a veces se le minimiza y otras se le magnifica. En primera instancia, el trauma es reconocible en muchas ocasiones, precisamente a través del estrés postraumático. En segundo lugar, no se ocasiona necesariamente en una vivencia superlativa y devastadora a los ojos del mundo.

Lo que hace traumático un hecho es la forma en que lo vive cada persona en particular y los efectos desadaptativos que deja en su vida. A veces, eso lo ocasiona un hecho doloroso, como la muerte trágica de una persona amada; otras veces, simplemente surge de situaciones aparentemente no tan graves, como tener 6 años y ver al padre besando a una mujer que no es la madre.

Ansiedad, pesadillas y un colapso nervioso. Hay sólo una cantidad de traumas que una persona puede aguantar antes de que la lleven a la calle y empiece a gritar”.

-Cate Blanchett-

Mujer con trastorno de estrés postraumático

El trauma

De lo dicho anteriormente, se deduce que lo que caracteriza al trauma es el impacto emocional que provoca en alguien. A veces se desencadena por un hecho específico y otras veces surge como resultado de una cadena de eventos dolorosos asociados entre sí.

El punto central es que esto origina un shock emocional, esto es, una vivencia de absoluto desconcierto. Se debe a que la persona afectada no encuentra herramientas cognitivas o emocionales para comprender la situación e incorporarla a su experiencia. Lo que hay es estupefacción, bloqueo.

Buena parte de ese desconcierto proviene del hecho de que el trauma se configura ante situaciones totalmente sorpresivas. El sistema nervioso no está preparado para abordar ese hecho y, por lo mismo, no consigue reaccionar ante este de forma organizada y coherente.

El estrés postraumático

Todo trauma da lugar a un fenómeno conocido como estrés postraumático. Las manifestaciones y la intensidad de este dependen de la severidad de la experiencia, de la situación psicológica global de la persona en el momento en que se presenta el hecho, del contexto en el cual se ha desenvuelto y de la recurrencia de la experiencia traumática.

Las manifestaciones típicas del estrés postraumático se dan en cuatro ámbitos:

  • Reiteración del evento traumático. A través del recuerdo constante, pesadillas, presentimientos y presencia de síntomas de agitación cuando se recuerda el evento.
  • Evitación del evento. Se elude el tema y todo lo relacionado con el evento.
  • Cambios en el estado mental. Olvido o supresión de lo ocurrido o de parte de esto, sensación de desprendimiento de la realidad, apatía, pesimismo, inhabilidad de experimentar sentimientos positivos.
  • Excitación y reactividad. Insomnio, dificultad para controlar la ira y para concentrarse, nerviosismo, miedo constante, hipervigilancia a la realidad.

La neuroplasticidad

El trauma no solo provoca efectos mentales, sino que también provoca una especie de reset o recalibración del sistema nervioso. El cerebro de una persona traumatizada cambia, generando una activación del sistema de alarma que se torna constante. Este no volverá a su estado normal hasta que no se realice una intervención formal para lograrlo. Incluso, a veces nunca se logra.

Por lo tanto, el estrés postraumático también deja su huella en el cerebro. Los avances en la neurociencia han permitido establecer que el cerebro es plástico, es decir, que se modifica ante estímulos específicos. Los expertos en esta área señalan que, así como el trauma cambia al cerebro, también otras experiencias pueden hacer que recupere su función normal.

La neuroplasticidad es esa capacidad del cerebro para cambiar en función de la experiencia. Actualmente, hay varias terapias que se enfocan al objetivo de superar el estrés postraumático a través de intervenciones destinadas a que haya cambios en el sistema nervioso central.

Cerebro iluminado

Terapias basadas en la neuroplasticidad

Uno de los expertos que más ha estudiado el tema es el investigador holandés de trauma Bessel Van der Kolk. A su juicio, para superar el estrés postraumático son muy eficaces actividades como el yoga, el teatro terapéutico, la terapia de neurorretroalimentación o neurofeedback, el psicodrama experiencial y los masajes terapéuticos, entre otros.

Otros expertos, como Alain Brunet, psicólogo clínico experto en traumas, realizan un tratamiento que incluye cuatro fases: recuerdo (muchas veces con sedación simultánea), escritura detallada de la historia del trauma y lectura en voz alta de lo escrito. Sesiones de este estilo se llevan a cabo una vez a la semana, durante cinco semanas.

Aunque resulte sorprendente, muchas personas tienen un trauma y no lo saben, o no quieren saberlo, porque aún se sienten desbordados por este. Se nota que esa vivencia traumática está ahí por las manifestaciones del estrés postraumático. Ahora sabemos que no tienen por qué vivir para siempre con esa marca en su mente. La neurociencia es una vía para salir de ese laberinto.

Carvajal, C. (2002). Trastorno por estrés postraumático: aspectos clínicos. Revista chilena de neuro-psiquiatría, 40, 20-34.