Nostradamus, el más famoso de los profetas

Este artículo fue redactado y avalado por el historiador Juan Fernández
25 marzo, 2019
El nombre de Nostradamus ha quedado ligado a sus dotes de adivinación. Como es común en estos casos detractores y creyentes difieren en su interpretación de sus escritos. En su historia está la clave.

En la Francia del siglo XVI, un médico de origen judío llamado Michel de Nostredame alcanzaría notable fama y llegaría a ser habitual en las cortes europeas. Sus dotes de sanación, no desdeñables, no fueron las que le granjearon un amplio reconocimiento.

En estos tiempos, la medicina estaba lejos de ser una ciencia claramente acotada, como hoy día, y muchos otros saberes se confundían en los márgenes de lo establecido. Así, entre los antepasados de Nostradamus se combinaron médicos y astrólogos y nuestro protagonista aprendió estas prácticas, junto a la fabricación de fármacos o cosméticos.

Las predicciones o adivinaciones inspiradas por los astros no fueron, en estos tiempos, consideradas herejías. Al fin y al cabo, el mismo Dios disponía los astros para su lectura. Michel se aprovechó de esto, llegando incluso a servir a Catalina de Médicis y Enrique II de Francia. Con el tiempo, la leyenda superó al galeno y hasta nuestros días sus profecías han sido escrutadas minuciosamente por sus seguidores.

Tiempos convulsos

Hasta cierto punto, Nostradamus es un hijo de sus tiempo. En los siglos XV y XVI, se darían una serie de factores que favorecerían su ascenso.

Por una parte la peste asoló Europa, convirtiendo el día de mañana en una mayor incertidumbre. A los muertos se sumaban las malas cosechas y las continuas guerras religiosas, cualquier ayuda para conocer el porvenir era valorada. De hecho, la tragedia de la peste golpearía con fuerza a Nostradamus, perdiendo a su primera mujer e hijos y teniendo que interrumpir su formación en Aviñón.

Por otra parte, a nivel cultural e intelectual, el Renacimiento aún cabalgaba entre dos épocas. En las cortes y ciudades se multiplicaron los artistas e investigadores, menos dependientes del poder religioso que en el Medievo.

Entre este desarrollo científico no controlado, creció también el desarrollo acientífico no controlado, salpicado de las supersticiones aún comunes. En muchos casos ciencia y superstición llevaban la firma del mismo autor.

«Un emperador nacerá cerca de Italia,

que al imperio costará muy caro,

dirán con qué gentes se alía,

que les parecerá menos príncipe que carnicero».

-Centuria I, cuarteta 60, Nostradamus. Supuestamente referida a Napoleón-

Hoja de las profecías de Nostradamus

La carrera estelar de Nostradamus

Tras concluir sus estudios médicos en Montpellier, Nostradamus continuó su formación de forma errante. La peste ciertamente marcaría su biografía, trabajando incansablemente contra este mal, incluso antes de obtener su titulación. Seguramente, lo hizo inspirado por su tragedia personal.

Sus viajes le permitieron conocer gran variedad de ungüentos y métodos de prevención, convirtiéndolo en un experto solicitado en todas las ciudades francesas donde surgían nuevos brotes.

Es en este momento, seguramente azuzado por su respetabilidad, cuando comienza a publicar sus almanaques. Los almanaques eran calendarios que recogían todo tipo de previsiones para el año inspiradas en los astros.

Al margen de la guerra o la peste, en una sociedad tan dependiente de la vida agrícola, las previsiones para las cosechas eran muy solicitadas. Llegando a incluir predicciones climáticas, estos almanaques preceden a nuestra ciencia meteorológica, con la salvedad de no contar con ningún tipo de rigor científico.

A estos escritos hay que sumarles los referidos a la cosmética y la botánica. Desde aceites terapéuticos y perfumes hasta filtros de amor. Con semejante versatilidad, era el médico deseado en cualquier corte.

La labor profética de Nostradamus

De todas sus obras, la más leída y estudiada será, sin duda, las Centurias. Escritas en cuartetas agrupadas en centenas, vendrían a ser profecías inspiradas por los astros.

Si bien nunca contienen la fecha de la profecía, el año límite de todas ellas es el 3797. Tenemos especulaciones aún para varios siglos. La fecha no es valadí, tras todas ellas llegaría el Apocalipsis, las predicciones más allá escapaban de su poder.

No ha faltado, ni en su tiempo ni en nuestros días, quien interpretase estas cuartetas. La temática es rica y variada, de desastres naturales a guerras, de nacimientos notables a descubrimientos científicos.

«De lo más profundo de Occidente de Europa,

de gente pobre un niño nacerá,

que con su hablar seducirá a las masas,

su fama en el reino de Oriente crecerá».

-Centuria III, cuarteta 35, Nostradamus. Supuestamente referida a Hitler-

Escultura de Nostradamus

¿Profética?

Pero Nostradamus quiso legarnos también los secretos de la adivinación. En su correspondencia personal recoge un pequeño detalle, para no arrojar «perlas a los cerdos» escribió sus Centurias por medio de «frases ocultas y enigmáticas».

No sabemos si la voluntad del autor fue engañar a sus lectores, de la misma manera que no podemos saber si muchos de sus seguidores tenían voluntad de caer en un sugerente engaño. En cualquier caso, las cuartetas son tan ambiguas y genéricas que podrían encajar en muchos o ningún hecho histórico.

Tal vez la vida y obra de Nostredame nos enseñen poco o nada de lo que el futuro nos depara, pero, por contra, son una excelente lección del poder de la sugestión humana.

  • Corvaja, Mirella (2006) Las Profecías de Nostradamus, De Vecchi.
  • Alonso, Laura (2002) Nostradamus, Servilibro.