Nuestro cerebro nos engaña: el experimento de Persinger

Este artículo fue redactado y avalado por el psicólogo Francisco Roballo
· 2 mayo, 2019
A veces, confiar en nuestros sentidos no es tan acertado. Nuestra mente también puede jugarnos malas pasadas. Te contamos cómo lo hace. ¡Descúbrelo!

El experimento de Persinger intenta demostrarnos que nuestro cerebro nos engaña. En más de una ocasión confiamos en nuestros sentidos y salimos perdiendo. Precisamente por la confianza que tenemos en nuestra percepción y la complejidad de nuestro entorno, muchas veces la realidad nos juega una mala pasada.

Confundimos personas, vemos cosas donde no están y nos sentimos acompañados cuando no hay nadie. Las alucinaciones son concebidas biológicamente como una alteración de la percepción. Esta alteración tiene una base profundamente cerebral, pues allí radican las zonas de máximo procesamiento sensorial.

La sensación de presencia: el campo de Persinger

Los estudios del Dr. Persinger se centran en demostrar que muchos fenómenos interpretados como espirituales en realidad son cerebrales. La sensación de presencia es el fenómeno de sentir o percibir otra persona o entidad, cuando en realidad no hay nada.

Ilustración de un cerebro

Un fenómeno vinculado a diversas patologías

La principal es la parálisis del sueño, donde durante muchos ataques la persona se siente acechada por algo. También se encuentra en otras entidades, como la epilepsia o las enfermedades neurodegenerativas. En estas últimas, explicada por la alteración de las estructuras cerebrales vinculadas a la percepción.

La teoría de la hemisfericidad vectorial

Se basa en que la construcción del «yo» es un proceso en el que participan ambos hemisferios cerebrales de forma distinta, conjunta y no consciente. En primer lugar, el hemisferio izquierdo aporta el sentido lingüístico y simbólico del «yo» (dialogo interno). Según Persinger, durante procesos que alteran la conectividad interhemisférica hay una intrusión del sentido del «yo» derecho en el hemisferio izquierdo.

Esta intrusión provocaría que nuestro hemisferio izquierdo interpretase el sentido del «yo» derecho como la presencia de otra persona, que no somos más que nosotros mismos. La teoría es sometida por Persiger a diversos experimentos.

Áreas cerebrales implicadas en el fenómeno

  • Lóbulo parietal. Más precisamente el área de asociación motora y perceptiva. El llamado homúnculo de Penfield, donde cada órgano y parte tiene una zona propia en la corteza cerebral.
  • Lóbulo temporal. Es el lóbulo donde se integran los estímulos provenientes de la audición y se procesa el lenguaje. La unión entre el lóbulo parietal y temporal está estrechamente relacionada con los errores perceptivos.
  • Lóbulo occipital. Es el lóbulo encargado de la visión. Las alteraciones en los otros dos lóbulos desembocan en errores visuales.

El experimento de Persiger

El Dr. Michael Persinger conocía la dificultad para demostrar su teoría, pero los avances científicos se pusieron de su lado. Pensó que él mismo podría provocar una alteración en la conectividad cerebral, proceso que provocara la intrusión de un hemisferio en otro. El instrumento seleccionado para los experimentos fue la estimulación magnética transcraneal.

El casco de Dios

Basándose en investigaciones previas al respecto, Persinger diseñó un casco con cuatro pares de selenoides que estimulaban magnéticamente el lóbulo temporal. A este casco lo llamó «el casco de Dios».

El experimento se llevaba a cabo en una sala oscura, con los ojos vendados. Al terminar se les preguntaba a los voluntarios si habían sentido una presencia, sonido u olor raro. Muchos de ellos afirmaban haber sentido algo, cuando en realidad no había nada.

Los elementos del experimento

  • Privación sensorial. Se ha demostrado que la incapacidad de ver, aumenta la actividad cerebral de ondas largas. Dicha actividad, se encuentra muy presente en fallos sensoriales.
  • Estimulación magnética. Con una pequeña excitación de las neuronas de la corteza cerebral, se puede alterar la conectividad general del cerebro. Además, la estimación se realizó en la unión del lóbulo temporal y parietal, zona implicada en estos procesos.
  • Ambiente relajado. Un ambiente libre de distractores provoca relajación. En conjunto con la privación sensorial, la imaginación e incertidumbre del paciente se disparan, provocando falsos positivos.

Los resultados del experimento

Persinger realizó este experimento en reiteradas ocasiones y en la gran mayoría los sujetos tenían sensaciones muy raras. Algunos reportaban la sensación de que otra persona estuviese allí, otros sentían olores raros o voces hablando. Es importante recalcar, que la persona se encontraba completamente sola en la habitación.

Para tener en cuenta

Los experimentos de Persinger no están exentos de problemas o aspectos llamativos. Entre ellos podemos destacar:

  • Sujetos fantasiosos. Aquellos sujetos que generalmente están abiertos a experiencias místicas tienen muchas expectativas. Por ende, pueden estar tan predispuestos a que suceda algo, que lo terminan provocando.
  • Meditación. En otro experimento de Persinger, aquellas personas que estaban acostumbradas a realizar meditación alcanzaron más fácilmente estados de relajación y por ende alteraciones perceptivas.
  • Creencias. Persinger también demostró que las personas religiosas tenían mayores probabilidades de interpretar el fenómeno como una aparición mística. Con ello, le otorgaban mayores detalles a lo que pretendían percibir.
  • Cultura. La forma mental que se le adjudica a las alteraciones perceptivas está muy vinculada a la cultura del sujeto. Aquellos sujetos provenientes de culturas con mayor interés e historias sobre el tema, tendrán mayores probabilidades de presentar el fenómeno.

Cerebro iluminado que representa la pregunta ¿El cerebro descansa?

Conclusiones de los experimentos

Persinger demostró que la estimulación en una zona concreta del cerebro provocó fallos perceptivos. Esto apunta a que un fenómeno que muchas veces es consideramos místico tiene su explicación en el cerebro. Por otro lado, también demostró que la alteración de las zonas cerebrales asociadas a la percepción tiene gran incidencia en las alucinaciones.

Los casos patológicos

Las conclusiones del Dr. Persinger permiten explicar por qué las personas con lesiones cerebrales, epilepsia o demencia, presentan un alto índice de éstos fenómenos. La alteración estructural del cerebro provoca la desincronización entre ambos hemisferios y como consecuencia los errores perceptivos.

Una mirada crítica

Persinger instala a través de sus experimentos una mirada crítica a las alucinaciones, muchas veces teñidas de creencias personales. El cerebro tiene un mapa de nuestro cuerpo y si algo falla podemos interpretar erróneamente nuestra propia percepción. El experimento de Persinger ha permitido que hoy estemos estudiando los fenómenos alucinatorios menores y cotidianos desde otra perspectiva.