Lóbulo temporal: el área de la afectividad y la memoria

Este artículo ha sido verificado y aprobado por Sergio De Dios González el 17 octubre, 2018
Valeria Sabater · 18 octubre, 2018
Una lesión o una alteración en el lóbulo temporal puede cursar con distintos tipos de sordera e incluso con una depresión mayor. Conocer las funciones de esta estructura nos permite saber mucho más sobre nosotros mismos.

Comunicarnos con efectividad. Leer y escribir. Recordar el beso que nos ha dado esta mañana nuestra pareja. Experimentar deseo sexual. Esforzarnos en cuidar de nuestra estabilidad emocional. Saber para qué sirve un libro o un ascensor. Emocionarnos cuando vemos una película. Todos y otros muchos procesos están regulados por un área muy concreta: el lóbulo temporal.

Decía Heráclito que nada en la naturaleza es estable, que todo cambia y todo fluye, incluidos los tejidos de nuestro organismo. Sin embargo, hay un aspecto que nos caracteriza a cada uno de nosotros: tenemos la sensación de que siempre somos los mismos. Esa percepción interna del “yo”fija e invariable es algo que nos caracteriza a la mayoría.

Sin embargo, no solo las células de nuestros tejidos se renuevan y cambian cada poco tiempo. También lo hace el cerebro con cada uno de nuestros procesos mentales, con cada aprendizaje, con cada experiencia, sensación y emoción.

Así, y por llamativo que nos parezca, el lóbulo temporal es precisamente esa zona de nuestro cerebro que más favorece nuestros cambios, porque gracias a ella aprendemos, recordamos, nos motivamos, procesamos información, asentamos vínculos emocionales para poder así adaptarnos mucho mejor a nuestro entorno.

Por otro lado, grandes expertos en el tema como Francisco J. Rubia, doctor en Medicina por la Universidad de Düsseldorf y autor de libros como El cerebro nos engaña, ¿Qué sabes de tu cerebro? o El cerebro espiritual, nos señala que las lesiones y trastornos asociados al lóbulo temporal son los más extraños y llamativos que se conocen.

La sensación de tener un “doble”, por ejemplo, esa imagen tan clásica que nos mostró Edgar Allan Poe en “William Wilson”, viene definida por la autoscopia o ilusión o alucinación del yo, un trastorno ocasionado por una alteración en esta área. El tema no puede ser más interesante.

“No estás percibiendo lo que hay ahí fuera. Estás percibiendo lo que tu cerebro te dice”.

David Eagleman, Incognito-

lóbulo temporal en medio del resto de estructuras

¿Dónde está el lóbulo temporal?

Para situar el lóbulo temporal debemos visualizar esa área contenida a la altura de los oídos. Se separa del lóbulo parietal por la cisura de Silvio y es para muchos biólogos una de las partes más nuevas del cerebro; de hecho, solo aparece en los vertebrados.

Asimismo y como todas las demás regiones del cerebro, no es una estructura aislada anatómicamente. Trabaja en conjunción con las demás regiones del cerebro pero, eso sí, podríamos decir que es una estructura muy dinámica, sensible y en constante interacción con los sentidos y nuestro entorno.

De hecho, y este dato es interesante, estamos ante el lóbulo cerebral que más conexiones tiene con el sistema límbico. Por tanto, tiene una gran responsabilidad en un gran número de procesos relacionados con nuestras emociones y memoria. 

Áreas y funciones del lóbulo temporal

El lóbulo temporal, como ocurre con todas las estructuras cerebrales, cuenta con un hemisferio derecho y uno izquierdo. Asimismo, dispone de diversas estructuras con múltiples intereconexiones que favorecen un determinado tipo de funciones. Las más conocidas y estudiadas son las siguientes:

  • Percepción auditiva
  • Memoria
  • Habla
  • Comprensión de lenguaje
  • Respuestas emocionales
  • Percepción visual
  • Reconocimiento facial.

Veamos no obstante con detalle dónde se llevan a cabo cada uno de estos procesos.

lóbulo temporal

Corteza auditiva

Percibir sonidos, entender de dónde vienen, identificar sonidos musicales, comunicarnos con efectividad y coherencia… Todos estos procesos están mediados por la corteza auditiva del lóbulo temporal, una zona clave para la comunicación humana.

Corteza visual

La corteza visual del lóbulo temporal está implicada en nuestra capacidad para reconocer objetos, rostros, así como cualquier estímulo visual. Cualquier alteración en esta estructura tendría sin duda serios efectos. No podríamos identificar nada de aquello que nos rodea.

Área de Wernike

El área de Wernike está justo en el interior de la corteza auditiva y cumple una función esencial: la comprensión del lenguaje hablado. Cabe señalar, eso sí, que en esta estructura solo se facilita la comprensión. El poder comunicar tras haber decodificado un mensaje se da en el área de Broca.

Giro angular

Leer y escribir, decodificar símbolos, comprenderlos, vincular grafemas con fonemas… Todos estos procesos tan afinados y exquisitos requieren una sofisticada capacidad para asociar la información visual con la auditiva, algo que se da precisamente en esta área: el giro angular.

Giro supramarginal

Tocar un objeto y anticipar qué vamos a sentir o reconocer de qué se trata solo por las sensaciones que nos produce. Acariciar a alguien y experimentar ese cúmulo de valiosas y gratas sensaciones… Este tipo de experiencias están mediadas por una estructura tan pequeña como poderosa: el giro supramarginal.

Manos de una pareja tocándose simbolizando una función del lóbulo temporal

Área de asociación parieto-temporo-occipital

El área de asociación parieto-temporal-occipital involucra el lóbulo temporal, el parietal y el occipital. Esta zona de nuestro cerebro aún no se conoce en profundidad pero hasta el momento sabemos que está relacionada con los siguientes procesos:

  • Percepción espacial.
  • Atención dirigida.
  • Integración visomotora.
  • El poder situarnos y orientar nuestro cuerpo al ver un estímulo visual al escuchar un sonido.
  • También está relacionada con procesos memorísticos (como reconocer a personas queridas)

Área de asociación con el sistema límbico

Esta parte del lóbulo temporal es una de las más interesantes a la vez que decisivas en muchos de nuestros procesos sociales. Estas serían algunas tareas que lleva a cabo:

  • Relacionar a las personas con experiencias emocionales.
  • Facilita la motivación.
  • No ayuda a añadir un componente emocional a todo aquello que vemos.
  • Regula las emociones.
  • Favorece a la vez que regula el comportamiento sexual.
  • Facilita el aprendizaje.
  • Promueve el desarrollo de la personalidad.

Alteraciones y trastornos en el lóbulo temporal

Tal y como hemos señalado los biólogos y neurólogos piensan que el lóbulo temporal es una de las estructuras más nuevas de nuestro cerebro. Se relaciona con la comunicación, con la lectura, la escritura…

Y si a ello le añadimos ese vínculo con esa parte más primitiva pero relevante de nuestro comportamiento como es el sistema límbico, entenderemos sin duda su gran trascendencia a la vez que el gran número de alteraciones que puede suponer un daño cerebral o una alteración en esta área.

Por ejemplo, uno de los estudios más recientes, llevado a cabo por la Unidad de Metabolismo Cerebral del Hospital MRC Royal de Edimburgo, nos señala que las personas con depresión mayor presentan diversas alteraciones en el lóbulo temporal. 

Veamos no obstante, qué mas implicaciones tiene el sufrir algún problema en esta área cerebral:

  • Sordera cortical: la persona recibe la información auditiva, pero el cerebro no puede entenderla.
  • Hemiacusia
  • Trastornos de lenguaje como afasias.
  • Heminegligencia: problemas de orientación e incapacidad para reaccionar ante los estímulos.
  • Amnesia anterógrada, problemas para recordar nuevos aprendizajes y asentar nuevas experiencias.
  • Síndrome de Klüver-Bucy: habitual en el Alzheimer se caracteriza por pasividad, problemas de atención y serios problemas en la regulación emocional.
  • Síndrome de Capgras: es un trastorno delirante donde el paciente piensa que algún amigo cercano o familiar ha sido reemplazado.
máscaras representando un alteración en el lóbulo temporal

Para concluir, el lóbulo temporal lleva a cabo como podemos ver infinitas tareas. Esas que nos permiten ser quienes somos, personas válidas que se adaptan a su entorno y que llevan a cabo, además, esas funciones más distinguidas de nuestra especie: la comunicación, la escritura y la lectura.

  • Baños, R. y Perpiña, C. (2002). Exploración Psicopatológica. Madrid: Síntesis.
  • Belloch, A., Baños, R. y Perpiñá, C. (2008) Psicopatología de la percepción y la imaginación. En A. Belloch, B. Sandín y F. Ramos (Eds.) Manual de Psicopatología (2ª edición). Vol I. Madrid: McGraw Hill Interamericana.
  • Carlson, N.R. (1999). Fisiología de la conducta. Barcelona: Ariel Psicología.
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