Padres superdadores: ¿enseñar a pescar o dar el pescado cocinado?

23 Junio, 2020
Este artículo ha sido escrito y verificado por el psicólogo Marcelo Ceberio
Los padres superdadores quieren proteger a sus hijos, pero sin darse cuenta también los limitan. El psicólogo Marcelo Ceberio nos habla sobre ello.
 

No cabe duda que el único amor incondicional que existe es el que experimentan los padres y las madres hacia sus hijos. En esa amalgama amorosa tan profunda, los progenitores tratan de manifestar su amor a través de los consejos, la manutención, las caricias, los te quiero y también los bienes materiales. Se trata de un dar auténtico que tiene como búsqueda el bienestar de los hijos y que asegura su crecimiento.

Ahora bien, ¿qué diferencia un dar que favorece la autonomía y la independencia y un dar que asfixie y sea limitado? ¿hasta qué punto es bueno ofrecer y hacer por nuestros hijos? ¿Qué hay detrás de los padres superdadores? A continuación lo vemos. 

La parentalidad responsable

La estructura familiar, como la estructura del sistema eléctrico, posee diferentes circuitos con diferentes funciones. Cada una de las partes contribuye al funcionamiento total del sistema. Sin embargo, hay una parte del circuito que antiguamente se la denominaba fusible, cuya función era preservar a todo el sistema en el caso que existiese una anomalía o una sobrecarga de electricidad que pudiese quemar literalmente el circuito en totalidad.

 

En numerosas familias, la aparición de un miembro sintomatizado cumple esta función. El hijo esponja es el que denuncia, de una manera patológica, lo que la familia está disfuncionando. Tan solo hay que tener la pericia de darse cuenta de que no es un miembro enfermo, sino es la expresión de un sistema enfermo.

Niño triste mirando por la ventana

Este es el sentido cuando nos referimos a que todos somos responsables, puesto que el integrante con el síntoma es el que se hace cargo, el que tiene la patata caliente del sistema familiar que hace algo de manera errónea. Y esto se puede aplicar a cualquier sistema (grupos, empresas, escuela y demás organizaciones).

Claro que sería mucho más sencillo denunciar los problemas del sistema explícitamente y no necesitar recurrir a semejante sacrificio sintomático, pero cada uno hace lo que puede y llora por donde puede. Algunas familias niegan barriendo debajo de la alfombra y diciendo “aquí no ha pasado nada”; otras se mantienen aglutinadas rígidamente; otras tantas se disgregan; y las familias American Express aparecen sonrientes y radiantes en la foto, mientras las locuras a costa de la imagen.

 

En fin, son numerosas las formas a las que los sistemas recurren para sostener su estructura incólume.

Padres superdadores

En la actualidad, aparecen en consulta numerosas parejas de padres adolescentes que reclaman un cambio en sus hijos porque no hacían nada. La crítica estaba referida a que con esta actitud no tendrían futuro ni una posición activa y de iniciativa en la construcción de sus proyectos de vida.

La mayoría de estos padres habían hablado con sus hijos varias veces: les daban consejos tradicionales sobre cómo gestionar sus actividades, cambiar de actitudes, crecer, trabajar para ser independientes, proponerse metas, etc. Sin embargo, ninguna recomendación tenía efecto sobre ellos. 

Así, iban a terapia con la esperanza de que sus hijos pudieran evolucionar y concretar los anhelos de sus padres. Solían ser familias de clase media-alta conformada por padres que eran hijos o nietos de inmigrantes, cuyos antecesores habían llegado a Buenos Aires, pobres y con muchas ganas de trabajar. 

 

Estos padres, en su infancia y adolescencia, habían experimentado la vida de sacrificio y trabajo de sus propios padres, llena de restricciones y limitaciones y poca holgura económica. De hecho, para la mayoría de ellos el trabajo y la profesión habían sido impuestos. Ahora estas parejas de padres eran, en general, profesionales que habían ejercido prósperamente la profesión y que no desean que su hijos pasen por las mismas restricciones que ellos habían vivido.

Paralelamente al reclamo inefectivo hacia sus hijos, que se había transformado en exigencia y había llegado a enojos y desplantes subidos de tono en la familia, estos padres nunca dejaron de abastecerlos económicamente. En la mayoría de los casos, a estos adolescentes tardíos se les pasaban una especie de sueldo de hijos semanal o mensual.

Con respecto a las soluciones intentadas, se observaba un doble juego para resolver el crecimiento de los hijos. Por un lado, se les reclamaba independencia y por otro se les retenía a través de todas las atenciones hacia ellos. Ahora bien, ninguno se iba a levantar temprano para revisar las ofertas laborales, si no sentía realmente la necesidad. 

 

Se les dijo a estos padres en terapia que si se estuviesen en el lugar de sus hijos costaría mucho independizarse y renunciar a todas las comodidades: cama calentita, comida, mucama, coche, ropa, sueldo y otros extras. Los hijos estaban en una encrucijada puesto que la propuesta de evolución implicaba dejar el paraíso y entrar en el territorio del sacrificio.

De hecho, cuando venían esta categoría de padres superdadores a la consulta, les escuchaba atentamente y cuando terminaban de contarme todo lo que le daban a su hijos, les decía irónicamente: “¿no me quieren adoptar? Nadie querría salir de semejantes comodidades”.

Así, lo que sucedía es que los padres no querían que sus hijos pasaran por lo mismo que ellos en su infancia: limitaciones y más limitaciones para hacer, adquirir, comprar, viajar, etc. Ni siquiera eran conscientes. Eso sí se trata de actitudes que entrampan a los hijos, pero también a ellos mismos.

Lo que sucedía que estos padres no quieren que sus hijos pasen lo mismo que pasaron ellos en la infancia: ciertas limitaciones en la posibilidades de hacer, adquirir, comprar, viajar, etc. Ni siquiera esta actitud es consciente. Este complejo conlleva la falta de límites en el dar y a que se sientan culpables si intentan colocarlos. Es una actitud que entrampa a los hijos pero también a ellos mismos.

 
Padre dando dinero a su hija adolescente

Si se quiere que aprendan a pescar, no hay que darles el pescado frito…

El cambio de los intentos inefectivos implicó un cambio en el sistema de creencias de los padres, es decir, una reformulación de su propia historia y de que no eran malos padres si restringían el dar a los hijos.

Se trató de dar coherencia a la demanda que ejercían con el propósito de que sus hijos se independizasen con las acciones consecuentes. Por lo tanto, pidieron menos y accionaron más, mientras generaban limitaciones en los hijos sobre el dinero y la manutención personal, lo que provocó que estos se activaran de cara a la firmeza de los padres en la restricción.

Además, con estos padres se implementaron una serie de prescripciones sobre la base del famoso dicho popular que dice “que no hay que darles el pescado, hay que darles la caña y enseñarles a pescar”. Ellos les daban el pescado no crudo, sino preparado como un plato exquisito y pretendían que sus hijos, salieran a pescar y que fuesen duchos en la pesca!

 

Como se observa en este ejemplo de práctica clínica (que formó parte de una investigación), no solo está la responsabilidad sintomática de los hijos, sino los intentos frustrados de los padres que colaboran con el “más de lo mismo” con los intentos repetitivos basados en la misma creencia. 

A favor del cambio, hay que desarticular la creencia y la forma de encarar la educación de los hijos, perspectiva que sostiene el problema. Si las soluciones intentadas son sus sostenedoras y agravantes, se tratará de desmantelar el más de lo mismo, bloqueando así, en principio, las tentativas ineficaces. Apelará al recurso de la creatividad, para colocar en su lugar una nueva opción que posibilite la ruptura de la redundancia.

El no cambio de los hijos también tiene que ver con el no cambio de la posición de los padres. Romper con el superdadorismo es entender que no se es mal padre si se les restringe el dar, si se les instruye a valorar la propias posibilidades, activando sus herramientas para la independencia.

 

Estos padres y madres necesitan elaborar su historia personal y cerrarla, no proyectarla de forma permanente en el deseo de sus hijos y mucho menos sentirse culpables si restringen el dar. Eso es lo que buscan estos progenitores: hijos felices y maduros, por tal razón deben darse cuenta de qué es lo que hacen ellos para que sus acciones no resulten efectivas.