Panofobia: concepto, síntomas y tratamiento

Pedro González Núñez · 30 mayo, 2018

Un viejo proverbio escocés afirma que “no hay medicina para el miedo”. Este sería un problema muy grave para las personas que sufren panofobia. De alguna manera, todos hemos tenido la misma sensación que a ellas las incapacita: un extraño temor a algo que nos es desconocido, que se esconde de nosotros, que nos hace incapaces de explicarlo.

Ese temor a lo desconocido tiene un nombre, y es panofobia. Si es tu caso, no te alarmes, hablamos de una fobia que responde bien a la intervención. En este artículo queremos hablar de qué es, qué síntomas provoca y cómo podemos librarnos de ella o hacer que remita en intensidad. Como para el resto de fobias, la conducta de evitación en este caso tampoco es válida, aunque sea la que todos tendamos a realizar de manera natural.

“De lo que tengo miedo es de tu miedo”.

-William Shakespeare-

Concepto de panofobia

La panofobia es una fobia que consiste en un temor vago a una amenaza inexplicable que proviene de una fuente desconocida. Es un miedo irracional y que se desencadena sin lógica alguna. Como en todas las fobias, la persona comprende lo poco adaptativo que es este miedo. Además, esta afección se conoce como el miedo a todo, y recibe otros nombres como omnifobia, panfobia o pantofobia. No obstante, el origen del nombre se encuentra en el antiguo dios griego Pan, que infundía temor en la gente.

Esta fobia se caracteriza por una preocupación excesiva por un acontecimiento o una serie de ellos. Se considera una fobia limitante, ya que influye y condiciona el comportamiento de la persona que siente el miedo.

Mujer con miedomirando por una ventana

Causas de la panofobia

Existen diversas causas que pueden provocar este trastorno. Por lo general, el paciente no recuerda cuándo fue el momento en que lo sintió por primera vez, aunque es más frecuente que recuerde cuando este miedo empezó a convertirse en una fuente importante de malestar.

Por norma general, se afirma que el origen proviene de fobias previas más específicas, como la aracnofobia o la aerofobia. Todos ellos pueden hacer a la persona más vulnerable a la fobia que nos ocupa. Entre las causas más comunes, encontramos la vivencia de acontecimientos traumáticos, la herencia genética y también la propia experiencia -propia o ajena-, como la de niños que observaron la actitud temerosa de sus padres o figuras de referencia y, mediante el ejemplo, fueron inoculados de ese miedo.

Síntomas de la panofobia

¿Cómo saber si se padece este problema? Existe una serie de síntomas identificables, como el miedo irracional a objetos, situaciones, personas, animales, etc. El caso es que la sensación de temor es constante y difícil de explicar.

El problema puede alcanzar niveles preocupantes cuando el afectado evita situaciones, personas y contactos por este miedo irracional. Ese es el momento de ponerse en manos profesionales. Y es que la persona puede permanecer en un estado de hipervigilancia, sufriendo descargas de adrenalina constantes para mantener el nivel de activación que sostenga esta vigilancia continuada.

Además, también suele convivir con otros problemas a nivel mental, como la depresión, la tristeza o la ansiedad. Igualmente, se observa en personas con baja autoestima, alto sentimiento de culpabilidad y bajo locus de control.

A veces, se observa miedo a la pérdida de control o un deseo constante de huir de la situación estresante que cree que provoca el miedo. Igualmente podemos encontrar un correlato en el plano físico: temblores, sudoración excesiva, mareos, palpitaciones, temblores, respiración agitada, vómitos, dolor corporal y abdominal y tensión corporal.

Mujer corriendo con miedo

Tratamiento de la panofobia

Por fortuna, es una fobia que tiene tratamientos específicos. Eso sí, cualquiera se aplicará después de la evaluación de un psicólogo capacitado para ello. Él, como especialista, será el encargado de adaptar la intervención a las características del paciente/cliente. Algunas de las herramientas que suelen emplearse en la intervención sobre esta fobia son:

  • Desensibilización sistemática: se dirige a reducir las respuestas ansiosas en la exposición a las situaciones y objetos temidos para eliminar las respuestas de huida. (Más)
  • Terapia cognitivo conductual: se basa estudiar las creencias irracionales y distorsionadas que llevan a la persona a desarrollar el trastorno para que deje de percibirlas como un peligro. (Más)
  • Autoinstrucciones: derivada de la terapia anterior, consiste en cambiar el comportamiento del afectado verbalizando la situación que produce malestar.
  • Mindfulness: una técnica complementaria que invita al paciente a vivir el momento presente, centrándose en el aquí y el ahora, aceptando lo desagradable como parte de su experiencia y renunciando al control directo. (Más)
  • Fármacos: finalmente, también los fármacos son necesarios en casos severos, usando inhabilitantes si el paciente sufre una fobia muy elevada.

Por fortuna, podemos observar que hay muchas herramientas a disposición de los profesionales para planificar una buena intervención. Eso sí, para que esta tenga un buen resultado falta un ingrediente esencial. Hablamos de la actitud del paciente, que tendrá que estar dispuesto a trabajar y a confiar en el especialista que lleva su caso.