Paradoja del rey Salomón: consejos doy que para mí no tengo

15 Agosto, 2020
Este artículo ha sido escrito y verificado por la psicóloga Valeria Sabater
¿Eres de los que siempre da buenos consejos a los demás pero no sabes cómo actuar cuando el problema lo tienes tú? Este es un fenómeno bastante común porque, al fin y al cabo, manejar los desafíos propios es más complejo, aunque solo sea porque para ello solemos contar con más información.

La paradoja del rey Salomón define un comportamiento con el que muchos podemos sentirnos identificados. Se da cuando uno es especialmente bueno a la hora de dar consejos. Tenemos una gran disposición, ingenio y empatía para conectar con los demás y encontrar siempre las palabras justas y adecuadas. Sin embargo, esa misma competencia carece de utilidad en nosotros mismos.

Dicho de otro modo, esta idea define a la perfección el clásico refrán de «consejos doy que para mí no tengo». Porque admitámoslo, en ocasiones, siempre es más fácil atender y actuar ante perspectivas ajenas que responsabilizarse de las propias. Es más relajado, e incluso interesante, reflexionar sobre los mundos de los demás que responsabilizarse de los actos personales.

Si este es nuestro mayor problema, si llevamos años siendo el mejor amigo de los demás y el peor enemigo para nosotros mismos, vale la pena saber que hay solución. Existe una valiosa estrategia para variar esta curiosa (pero común) paradoja.

Pareja hablando simbolizando la paradoja del rey Salomón

¿En qué consiste la paradoja del rey Salomón?

Cuando pronunciamos el nombre del Rey Salomón es habitual pensar en esa clásica figura de gran sabiduría. Cuenta la historia que la gente hacía largos viajes desde ciudades alejadas solo para pedirle consejo. Él los daba con gran acierto, ganando fama y cosechando admiración por sus originales y brillantes razonamientos.

Ahora bien, a pesar de esa distinción a la hora de aconsejar a los demás, él mismo acabó siendo conocido a su vez por un estilo de vida poco virtuoso e incluso inadecuado. Tomó malas decisiones y no una, sino varias veces, tuvo una pasión descontrolada por el dinero y las mujeres, y lo más importante: se olvidó de instruir a su único hijo. Hecho por el cual su propio reino acabó en el desastre. Todo ello nutre la conocida paradoja del rey Salomón.

Cuando aplicas mayor sabiduría en los problemas ajenos que en los propios ¿por qué ocurre?

Son muchas las personas habituadas a ser siempre ese hombro amigo al que todos acuden. Bien para buscar apoyo, bien para recibir consejos. Sus sugerencias o recomendaciones actúan como un tipo de razonamiento que facilita la proactividad ajena y el que otros afronten los desafíos comunes de la vida por sí solos.

Sin embargo, toda esa brillantez intelectual y lógica que aplican en los demás, en ellos mismos no solo está ausente. Además, las personas que hacen uso de la paradoja del rey Salomón, caen en los errores más obvios, en las conductas menos ajustadas. ¿A qué se debe? ¿Por qué doy valiosos consejos a otros y para mí no los tengo?

  • La clave está en el distanciamiento psicológico. Es decir, si yo no me involucro en la realidad de esa persona que me pide consejo, veo las cosas con mayor claridad para saber qué estrategia le sería la más adecuada.
  • Esa mente que ve las cosas en perspectiva, pero desligadas del universo interno, aprecia más opciones y más salidas a los problemas.
  • Es como un observador externo que intuye lo que otros no perciben, que se convierte en un idóneo cazador de ideas siempre y cuando, eso sí, no tengan que ver con uno mismo.

El curioso sesgo cognitivo de la paradoja del rey Salomón

Todos nosotros sentimos afecto por nuestros amigos, familia y todas esas personas cercanas que alguna vez han buscado nuestro consejo. Ahora bien, la paradoja del rey Salomón esconde un sesgo cognitivo y es el siguiente: las personas razonamos mejor si ciertas cosas no tienen que ver con nosotros.

Es fácil sugerirle a alguien aspectos como «lo que tienes que hacer es atreverte, la vida es muy corta para ser cautivo del miedo; al final pierdes las mejores oportunidades, cambia el chip». Como consejo resulta efectivo, reluciente y hasta inspirador. No obstante, si nosotros mismos nos encontramos en una encrucijada, de nada nos va a servir que nos digamos «venga, sé valiente y atrévete».

La mente no actúa con tanta presteza y resolución cuando la adversidad es nominativa. Cuando es uno el que navega por la dificultad, el pensamiento está atrapado en la red de los miedos, en la trampa de las inseguridades y en el laberinto de los mecanismos de defensa. De ahí que a veces, andemos escasos de consejos para la propia vida.

Mujer pensando cómo dejar de pensar en algo

¿Cómo hacer uso de nuestras reservas de sabiduría para los desafíos y problemas propios?

A menudo lo necesitamos. Sería realmente útil contar también con la sabiduría del Rey Salomón para nosotros mismos. Ser nuestros mejores consejeros, hábiles coach para el yo interior, gurús de los buenos consejos, de las tomas de decisiones más infalibles. ¿Cómo lograrlo?

Igor Grossman, de la Universidad de Michigan, es un psicólogo experto en el estudio de la sabiduría y también en la Paradoja del rey Salomón. En sus investigaciones, señala que tal vez, al célebre último monarca del reino unido de Israel, le hubiera ido mejor si se hubiera imaginado a él mismo viajando para pedir consejo a otro sabio rey. ¿Qué significa esto?

Implica que una estrategia para buscar soluciones a nuestros desafíos cotidianos es imaginar, por un momento, que nuestro problema no es nuestro, sino de otra persona. Con ello, aplicamos nuevamente la distancia psicológica, ese recurso valioso y efectivo que amplifica las ideas, aumenta la perspectiva y abre nuevas opciones.

Asimismo, hacernos preguntas en tercera persona como «¿Por qué él o ella se siente de esta manera?» «¿Qué podría hacer para sentirse mejor?» actúa como efectivos catalizadores para buscar soluciones, para actuar por fin, como nuestros mejores aliados en momentos necesitados. Pongámoslo en práctica.

  • Grossmann, I. y Kross, E. (2014). Exploring Solomon’s Paradox: Self-Distancing Eliminates the Self-Other Asymmetry in Wise Reasoning About Close Relationships in Younger and Older Adults.Psychological Science, 25(8), pp. 1571 – 1580.