Personas absorbentes o que adoptan los problemas de otros

Más que ser solidarios, los absorbentes son herederos de un problema que no es suyo. Se llevan las cargas ajenas a cuestas, sin tener en cuenta de que así no están siendo de ayuda.
Personas absorbentes o que adoptan los problemas de otros
Marcelo R. Ceberio

Escrito y verificado por el psicólogo Marcelo R. Ceberio el 19 Febrero, 2021.

Última actualización: 19 Febrero, 2021

Hay algunas personas que tienen la característica de absorber los problemas de los demás. Son aquellas que al jugar a la “patata caliente", se queman las manos y terminan haciéndola propia. Sin proponérselo conscientemente, los absorbentes son mediadores naturales.

Buscan conciliar, ponen la oreja a los que necesitan, contienen y alientan… Son como los socorristas de los sistemas. El problema de esto no es que quieran estar allí y “tender la mano", sino que adopten los problemas y las cargas ajenas para sí y terminen sobreinvolucrados, y con una carga de estrés monstruosa.

Los absorbentes en los sistemas y su contrapartida

En los sistemas humanos, todos y cada uno de nosotros desarrollamos funciones determinadas. Además, siempre hay pares complementarios.

Como veníamos comentando, los absorbentes son aquellos que se encuentran siempre dispuestos a escuchar los problemas de los demás. Son como canales abiertos que siempre están dispuestos a atender al entorno.

La contrapartida de los absorbentes son aquellas personas que tienden a no responsabilizarse de los propios problemas y los ponen en adopción; o porque no tienen la capacidad de resolución inmediata, o porque no son pragmáticos y tienden a dar vueltas y vueltas, o indecisos o poco hábiles.

Ante estas circunstancias, los absorbentes saltan al ruedo y, haciendo alarde de su función, adoptan el problema ajeno y lo toman como propio. Esto, sin darse cuenta de que quien buscaban ayuda o consejo, ya se desligó del problema como tal.

Entonces el absorbente se hace cargo del problema del otro (sin que este se lo pida siquiera), tomándolo en posesión y desligando al otro de la responsabilidad que implica asumir el problema y su solución.

Chica triste

Los absorbentes a fondo

Su actitud consiste en absorber información y emociones del entorno, pero sin ser muy conscientes de ello. Por esto mismo, ejercen un gran poder de atracción entre la gente y son altamente emocionables y sensibles a las situaciones de su entorno. Muchos de ellos colocan a su entorno en primer lugar y se relegan, por lo que tienden a ser desvalorizados.

Están alertas a lo que les sucede a los otros, son muy observadores y reactivos hacia su entorno y buscan, aunque no conscientemente, afecto y reconocimiento por sus acciones. Son hiperresponsables, o sea, demasiado responsables puesto que cargan con otras responsabilidades que no le competen.

Asimismo, los absorbentes son personas muy creativas, ingeniosas en la búsqueda de soluciones y sumamente empáticas e intuitivas, aspectos que los hacen estar en el momento y el lugar para ayudar a los demás. Pero como ya indicábamos antes, el problema de esto es que asumen como propios problemas y cargas que no son suyas.

Las ganas de ayudar al otro, más su impresionante empatía los convierte en mediadores y conciliadores emocionales, hábiles en la negociación de los conflictos con una posición samaritana… Por ello, no estamos hablando de un negociador profesional y estratégico.

Las esponjas, las personas altamente sensibles (PAS) y los excesivamente empáticos

En cierta medida, esta característica de personalidad tiene algunas particularidades comunes a lo que se denomina personas esponja. Estas son altamente sensibles, presentan una capacidad natural para procesar todo aquello que perciben en su entorno, como si sus sentidos estuviesen permanentemente alertas y agudizados.

Precisamente, el concepto de personas altamente sensibles (PAS) lo propuso hace 20 años la terapeuta Elain Aron para describir estos rasgos en los que se destacaba una mayor sensibilidad perceptiva y cognitiva a los estímulos medioambientales. Son personas que están sujetas a todos los detalles de las personas y situaciones del contexto en el que interactúan.

Tienen una actitud reflexiva y pensadora de las situaciones de vida y tienden naturalmente a indagar al otro, tal cual psicólogos de la espontaneidad, dado que son muy intuitivos. Pueden detectar sutilezas del ambiente que a muchas otras personas les pasan desapercibidas. Pero a esta característica, propia de las esponjas, se le suma la actitud de que: si hay un problema, el absorbente lo adopta para resolverlo.

Hay quienes tienen la necesidad de hablar y hacer catarsis de lo que les está sucediendo y eso los relaja y tranquiliza… y allí estarán las esponjas y los absorbentes, listos para asistirlos con su capacidad de escucha y ánimo de resolver (y cargarse a hombro) el problema.

Si los absorbentes están confortablemente con aire acondicionado en un día de calor con 40 grados a la sombra y alguien les pide que los acompañe a un trámite en el centro de la ciudad, son absolutamente capaces de dejar todo y asistir. Así son, siempre al ruedo en pro de la solución. El NO, no se encuentra en su vocabulario.

Los absorbentes no seleccionan, no se priorizan y no tienen claro el límite entre ser solidarios y brindar una atención puntual y ser desatentos, egoístas o “malas personas".

En general, principalmente las esponjas, funcionan como fusibles de los circuitos humanos. Son muchas las oportunidades que ocupan el lugar de chivos expiatorios y concentran toda la tensión de un sistema.

En niños, los chicos esponja, además de todas estas características, su forma de absorber y hacerse cargo remite a sintomatizarse, es decir, su actitud de denuncia acerca de las disfuncionalidades del sistema familiar se muestra a través de síntomas.

La empatía de los absorbentes: un círculo vicioso

Si por empatía se entiende la capacidad para colocarse en el lugar del otro, a los absorbentes les sobra: les nacen espontáneamente las ganas de ayudar y arreglar los problemas y dificultades de las personas que creen le necesitan. Esta actitud se halla sistematizada en su personalidad, lo que la vuelve no selectiva a quien se acerca. Por ello, con frecuencia pueden encontrarse en manos de manipuladores o personas que directamente los quieren y pueden perjudicar.

Por ello, una persona esponja puede verse sobreinvolucrada en situaciones y encontrarse en medio de triangulaciones, alianzas y coaliciones, de intrigas y chismes, en los que no hay límites ni mesura de la intimidad.

Los absorbentes, que también son muy empáticos, tratan de resolver el entuerto conscientemente: operan como mediadores, hablan con uno y con otro, se angustian y se llenan de ansiedad, aunque la problemática que los ataña. Se encuentran en el medio de un berenjenal difícil de salir, aunque tampoco son conscientes de cómo entraron.

La empatía en principio, si bien es un rasgo positivo, puesto que permite ser más cercano a los demás, si no se controla, genera exceso de permeabilidad y susceptibilidad.

Hombre hablando con su amiga para resolver problemas

Los efectos negativos de ser absorbente

Esta actitud de estar siempre dispuestos a ayudar al entorno, a los absorbentes si bien les puede ayudar a obtener reconocimientos momentáneos, les causan algunos efectos negativos.

Por ejemplo, se hallan permanentemente sobreestimulados. Así, se cargan de estrés, responsabilidades que no les corresponde y una actitud hipervigilante que los llena de ansiedad. En general, cargan con el peso de una mente cognitivamente más activa de lo normal, se hiperexigen y se convierten en satélites de su entorno.

Al satelizarse, colocan en primer lugar a los otros y no se valoran. Su estima está puesta en el reconocimiento del otro hacia ellos. Además, al estar naturalmente en el ojo de la tormenta, los absorbentes se encuentran en medio de situaciones controversiales porque absorben la tensión de los circuitos, no colocan límites y además se autoadjudican la obligación y la responsabilidad de la solución.

Es un buen negocio para el sistema disponer de un mediador gratuito, pero un mal negocio para el absorbente, quien muchas veces sale lastimado, como de hecho sucede con los chivos expiatorios en los sistemas.

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  • Aron, Elaine (2006) El don de la alta sensibilidad. Madrid: Obelisco

Licenciado en Psicología por la Universidad de Kennedy (1979). Doctorado por la Universidad de Kennedy, la Universidad de Barcelona y la Universidad de Buenos Aires. Máster en Terapia Familiar por la Universidad Autónoma de Barcelona y Máster en Psicoinmunoendocrinología por la Universidad Favaloro. En sus inicios, se formó en Psicoanálisis, Gestalt y Psicodrama, además de desarrollar sus estudios en terapia sistémica en el MRI (Mental Research Institute) de Palo Alto (California). Actualmente, es director del doctorado en Psicología en la Universidad de Flores, director académico y de investigación en la Escuela Sistémica Argentina y director del LINCS (Laboratorio de investigación en Neurociencias y Ciencias Sociales). Además, imparte seminarios como profesor invitado en diversos países como Chile, Bolivia, Paraguay, Brasil, México, España, Suiza, Italia y Estados Unidos. También ha ejercido la docencia en Institutos de Psicoterapia de Argentina, Europa y USA. Fue editor asociado de la revista Perspectivas sistémicas y miembro de comités científicos de diversas revistas científicas, además de haber compartido la dirección con Paul Watzlawick de la colección “Interacciones, epistemología y clínica sistémica, de la editorial española Herder. Fue coordinador de residentes en la experiencia de desinstitucionalización psiquiátrica en Trieste, Italia. Ceberio ha publicado más de un centenar de artículos en revistas especializadas y capítulos de libros y tiene más de 40 libros publicados, algunos como La construcción del universo en coautoría con Paul Watzlawick y Juan Linares.