Personas que no admiten sus errores, ¿a qué se debe?

Valeria Sabater · 29 septiembre, 2018

Si equivocarnos nos hace humanos, admitir el error y pedir perdón debería hacernos (como dijo Alexander Pope) divinos. Sin embargo, vivimos en una época marcada por la aparente infalibilidad, ahí donde abundan las personas que no admiten sus errores, los políticos que no asumen las responsabilidades de sus desaciertos e instituciones que no aceptan el peso de sus equivocaciones.

¿Por qué cuesta tanto dar el paso hacia el reconocimiento de esos errores y falsedades? Por curioso que resulte, a menudo es resulta más probable que nos pidan disculpas por algo determinado a que se admita con valentía y claridad la existencia de un error o un agravio. Así nos lo demostró por ejemplo un estudio realizado en la Universidad Estatal de Ohio.

Los psicólogos Roy Lewick y Leah Polin descubrieron que siempre es más fácil que nos digan aquello de “vale bien, perdona si esto te ha molestado” a aquello otro de“es cierto, me he equivocado, he cometido un error”. Con ello se intenta reparar levemente el factor emocional, pero no se demuestra un sentido auténtico de responsabilidad, ahí donde uno asume plenamente su culpabilidad expresándolo de forma abierta, sincera y valiente.

No es fácil por tanto admitir ante otros que uno es falible. En ese afán tan clásico por aparentar ser intachables, invulnerables al fallo además de altamente eficaces, estamos creando escenarios muy rígidos, complejos e insalubres. Se nos olvida quizá que la felicidad no está en ser divinos, pues en verdad nos basta con ser humanos. Un lugar donde admitir errores es, al fin y al cabo, una oportunidad excepcional de crecimiento y mejora.

“El único hombre que no se equivoca es el que nunca hace nada”.

-Goethe-

hombre con cabeza de cámara para simbolizar a las personas que no admiten sus errores

Personas que no admiten sus errores: factores que lo explican

Las personas que no admiten sus errores nos desesperan al principio. Más tarde intentamos hacerles ver con más calma la evidencia de unos hechos y después, terminamos dándolos por perdidos. Esto es así porque a menudo son estilos de personalidad tan rígidos y faltos de habilidades sociales que tomamos conciencia de que no vale la pena perder el ánimo y hasta la salud por nada.

El año pasado el New York Times publicó un interesante artículo al respecto de esto mismo. Paul Krugman, profesor de la Universidad de Princeton, señalaba que el mundo vive ahora mismo una extraña epidemia de infalibilidad. Es decir, empezando por los propios políticos y demás agentes sociales, todos se aferran a querer dar una imagen de eficacia absoluta. Admitir errores, asumir la responsabilidad de determinadas falsedades o malas decisiones que han traído serias consecuencias, es una línea roja que nadie quiere cruzar.

Esto se debe ante todo a la clásica idea de que asumir un error es mostrar debilidad. Y en un mundo caracterizado por la incertidumbre constante, mostrar debilidad es precipitarse a una caída. Ahora bien, más allá de ese macroescenario social conocido (y sufrido por todos) nos interesa también ese comportamiento más cotidiano y cercano. Esas personas que no admiten sus errores y que conviven con nosotros. ¿Qué hay detrás de dichos perfiles?

Narcisismo

La Universidad de Brunel (Reino Unido) realizó un interesante estudio donde analizar los estilos de personalidad con el modo de interaccionar en las redes sociales. Algo que pudo verse es que los narcisistas, son esas personas obsesionadas en publicar casi de forma constante sus logros, sus metas conseguidas, sus aparentes virtudes, sus elevadas competencias.

Sin embargo, este tipo de personalidad caracterizada por una elevada visión de sí mismo, jamás admite fallos propios. Hacerlo supone una violación directa a sus expectativas de competencia absoluta. Algo que preferirá siempre es detectar los errores ajenos para dejarnos en evidencia.

Hombre con pájaros en la mente para simbolizar a las personas que no admiten sus errores

Irresponsabilidad personal

La irresponsabilidad personal se relaciona con la inmadurez emocional y con la falta de habilidades sociales. Así, las personas que no admiten sus errores son también quienes presentan graves carencias, son quienes carecen de esas competencias básicas para convivir, respetar, crear vínculos significativos, saber hacer equipo o incluso crear un proyecto de futuro.

Si yo no me responsabilizo de mis errores asumo que estos no existen, que soy infalible, que mis actos no tienen consecuencias y que, por lo tanto, soy capaz de todo. Este enfoque personal nos lleva de forma irremediable al fracaso y la infelicidad.

Mecanismos de defensa

Todos cometemos errores y cuando lo hacemos tenemos dos opciones. La primera y más razonable es admitir el fallo, responsabilizarnos. La segunda opción es rehusarlo, bloquearlo y alzar a su alrededor un sofisticado mecanismo de defensa. El más común es sin duda la disonancia cognitiva, ahí donde surgen dos situaciones contradictorias y donde alguien en un momento dado, puede elegir no verlas o no aceptarlas para que su identidad no se vea tocada.

Por ejemplo, en un artículo publicado en el European Journal of Social Psychology pudo comprobarse algo muy llamativo. Las personas que optaban por no responsabilizarse de sus errores, creen que con ello son más fuertes, tiene mayor poder sobre los demás y mayor control sobre sí mismos. Por tanto, aún siendo conscientes de que han cometido un fallo, y de que la disonancia cognitiva está ahí, optan por silenciarla para mantener su ego bien protegido.

mujer con vestido en llamas para simbolizar a las personas que no admiten sus errores

Para concluir, tal y como podemos ver, las personas que no admiten sus errores hacen uso de un sinfín de estrategias psicológicas para evadir descaradamente su responsabilidad. Hacer que entren en razón requiere sin duda de una exquisita laboriosidad nada fácil. No obstante, ello no quiere decir que en algún momento puedan dar el paso.

Nunca es tarde para bajar de nuestro pedestal y ser humanos, admitir el error y tener ante nosotros una maravillosa oportunidad de crecimiento personal.

Festinger, Leo (1990) Teoría de la disonancia cognitiva. Paidós (Madrid) Lowen, Alexander (2000) El narcisismo, la enfermedad de nuestro tiempo. Paidós América Festinger, Leo (1992) Métodos de investigación en ciencias sociales. Paidós (Madrid)