Por qué algunas adolescentes se enamoran del “chico malo”

Edith Sánchez·
06 Junio, 2020
Este artículo ha sido verificado y aprobado por el psicólogo Sergio De Dios González al
06 Junio, 2020
Aunque se supone que vivimos tiempos en los que la mujer ha alcanzado grandes logros, lo cierto es que siguen siendo muchas las jóvenes que entablan relaciones afectivas con el “chico malo” de su entorno, al que ven encantador. ¿Por qué ocurre esto?
 

Es relativamente habitual que las adolescentes se enamoren del “chico malo”, una figura que les despierta fascinación. Por lo mismo, son también muchos los jóvenes dispuestos a asumir ese rol, ya que esto los vuelve aparentemente más interesantes para el sexo opuesto y les confiere cierta autoridad dentro de su grupo de pares.

Hay varios estudios sobre el incremento de la violencia entre parejas adolescentes. Se trata de un fenómeno en ascenso y en el que muchas veces está incluida esa figura del “chico malo” y de una chica enamorada de él.

Cabe decir que también hay varias investigaciones, como esta de la Universidad de Huelva, en donde se reseña que las chicas están siendo más generadoras de violencia física y verbal, mientras que los chicos lo son de la violencia sexual y relacional.

Esta ansia irracional de dominio, de control y de poder sobre la otra persona es la fuerza principal que alimenta la violencia doméstica entre las parejas”.

-Luis Rojas Marcos-

El fenómeno del “chico malo”

El “chico malo” encarna un modelo de masculinidad caracterizado por la valentía, la audacia, la seguridad en sí mismo y cierto halo de invulnerabilidad. Es algo así como el “héroe épico” de la literatura, que pareciera invencible en todos los terrenos y que, además, ostenta cierta ausencia de emociones, como si nada le conmoviera.

Este tipo de figura representa el modelo de masculinidad más clásico que ha sido investido de cualidades eróticas por diferentes culturas. El “malote” de la historia es un lugar sólido y resulta muy atractivo en edades en las que todo parece perder la solidez, como ocurre en la adolescencia.

 

Hay muchas chicas adolescentes que se enamoran fácilmente del “chico malo” porque este les brinda la seguridad de la que carecen y les da un puerto aparentemente firme de llegada, justo cuando ellas se están desapegando de papá y mamá. Este tipo de chicos, por cierto, encarnan con frecuencia una figura de rasgos paternales en su faceta severa.

La violencia entre parejas jóvenes

El “chico malo” es, con frecuencia, una de las figuras perpetradoras de la violencia de género. Como ya lo anotamos, también crece significativamente el número de chicas violentas en pareja, pero en esta ocasión vamos a concentrarnos en el caso masculino.

La forma en la que se ejerce esa violencia en pareja es muy variada y suele comenzar con la posesividad y las exigencias sexuales. Es muy habitual que una joven que tiene como pareja a una de estas figuras, frecuentemente esté tomando “la píldora del día después”, ya que los encuentros sexuales se dan de forma intempestiva y los chicos se niegan a emplear preservativos. Esto, a veces, tiene consecuencias importantes sobre la salud de la mujer.

Las jóvenes que son dadas a entablar este tipo de relaciones también suelen generar fuertes lazos de dependencia con su pareja. No son raros los casos en los que incluso después de una agresión, o de una orden de restricción, sean ellas mismas las que busquen a ese “chico malo” para reanudar la relación.

Los estudios disponibles señalan que no es buena idea prohibir una relación de este tipo, ya que esto suele tener efectos contraproducentes. Lo más habitual es que la chica enamorada asuma esto como un obstáculo que debe vencer por la fuerza del amor. Con frecuencia, las prohibiciones solo consiguen que la relación se torne más obsesiva.

 
Adolescente triste

Educar para evitar la violencia de género

La mayoría de las chicas que viven esta situación son conscientes de “la teoría”, pero tienen grandes dificultades para llevarla a la práctica. Si se les pregunta, muchas de ellas dirán que deploran la violencia contra la mujer y que son conscientes de sus derechos, los cuales valoran profundamente. Sin embargo, al final del día, lo que hacen no coincide con lo que dicen.

Las chicas que se enamoran de los “chicos malos” suelen requerir de una intervención psicológica formal. No basta con un taller de dos horas en la escuela, ni tampoco con una lección recitada por sus padres. Dentro de ellas hay falta de seguridad, quizás traumas no resueltos o interiorización de modelos inconvenientes. Por eso necesitan más que una simple charla.

También es frecuente que estas niñas provengan de hogares marcados por la violencia de género. Ellas la rechazan, sí; pero a la hora de actuar, terminan repitiendo el patrón que aprendieron. En estos casos, lo más adecuado es acudir a un psicólogo. Solo si la chica se encuentra en peligro de grave daño vale la pena que los padres actúen directamente sobre esa relación.

 
Rossi, C. P. (1999). El amor es una droga dura. Editorial Seix Barral.