Por qué debes sanar tu adolescente interior

Igual que tu infancia, tu adolescencia de alguna manera también sigue viviendo en ti, deseando contagiarte su pasión y esperando a que sanes sus inseguridades. Descubre cómo trabajar, si lo necesitas, esta etapa de tu vida.
Por qué debes sanar tu adolescente interior
Elena Sanz

Escrito y verificado por la psicóloga Elena Sanz.

Última actualización: 30 agosto, 2022

Seguramente ya hayas escuchado hablar del niño interior y de sus heridas, de cómo trabajar con él nos ayuda a liberar limitaciones y a sentirnos mejor. Sin embargo, la infancia no es la única etapa crítica. En cuanto a formación de personalidad, la adolescencia también tiene una gran importancia y lo acontecido en estos años puede marcarnos de manera profunda. Por esto, queremos contarte los beneficios de sanar tu adolescente interior.

¿Qué viene a tu mente al pensar en un adolescente? Probablemente, rebeldía, pasión, ilusión y ganas de comerse el mundo, pero también inseguridad, complejos, desorientación y una sensación de no ser comprendido.

Al trabajar con tu adolescente interior puedes, por un lado, recuperar toda esa fuerza y, por otro, resolver esas cualidades que te limitan por no haber sido sanadas. Si estás listo para emprender este camino, continúa leyendo.

El impacto del adolescente interior

Cuando se habla de heridas infantiles que nos afectan, muchas personas no se sienten identificadas. Aseguran haber tenido infancias plenas, felices y tranquilas y no entienden, entonces, de dónde pueden venir esos arrebatos y reacciones emocionales que les asaltan en ocasiones. Y es que, en realidad, la adolescencia también nos marca, y esta puede no haber sido tan positiva.

En esta etapa, enfrentamos varios retos. Sentimos una mayor presión académica, un temor a ser rechazados y una fuerte necesidad de encajar en el grupo. Los complejos con ese cuerpo se convierten en más salientes y las traiciones y desengaños se viven con una intensidad inusitada.

En el ámbito familiar, todo cambia. De pronto, sentimos que nadie nos entiende, que a nadie le importamos. Quizás empecemos a pensar que nuestros padres solo quieren limitarnos, que no tienen empatía y no entienden nuestra necesidad de volar y a la vez nuestra necesidad de afecto y soporte. Pudimos sentirnos comparados o no apoyados en nuestros sueños y metas.

Sí, el adolescente tiene fuerza, valentía, ilusión e ideales, pero también es sumamente vulnerable. Por esto, es necesario echar la vista atrás hacia esas vivencias y ayudar ahora al adolescente que fuimos a procesarlas de mejor manera.

Adolescente triste mirándose al espejo
La adolescencia es una etapa muy vulnerable que puede dejar huella en la adultez.

Un trabajo de introspección para conectar con quien fuiste

Para sanar a tu adolescente interior, necesitas traerlo al presente, recordar lo que vivió y cómo se sintió. Para localizar los puntos principales a trabajar, puedes ayudarte de las siguientes preguntas:

  • ¿Quiénes fueron las figuras más importantes para ti durante tu adolescencia? ¿Quiénes te marcaron más, ya sea para bien o para mal? Aquí puedes incluir familiares, compañeros, profesores o cualquier otra persona.
  • Recuerda tus años de adolescente. ¿Qué emociones predominaban en ti? ¿Cómo solías sentirte en el día a día? ¿Por qué te sentías de ese modo?
  • Enumera tres situaciones o eventos de esos años que fuesen especialmente significativas.
  • Si tuvieses que definir tu adolescencia en tres palabras, ¿cuáles serían?

¿Qué sintió y vivió tu adolescente interior?

A raíz de las anteriores preguntas, puedes realizar un proceso de introspección que te ayude a identificar qué hay por sanar. En cada caso la situación puede ser diferente, pero estos son algunos de los temas que puedes haber encontrado:

  • Sentimiento de insuficiencia, de ser inferior que otras personas de tu entorno. Esta tendencia a compararte y esta falta de autoconfianza pueden seguir muy arraigados.
  • Sensación de falta de comprensión y apoyo por parte del entorno. Tal vez tus figuras de referencia no creyeron en ti o fueron excesivamente duras, autoritarias y poco empáticas. A raíz de esto, puede que hoy tú mismo te desalientes de seguir tus sueños y de emprender proyectos. Tal vez te obligues a conformarte, a tener la vida que “se supone que debes tener”, mientras silencias tu propia voz interior que pide algo diferente.
  • Grandes complejos respecto al aspecto físico o la personalidad. Si te desarrollaste muy pronto (o muy tarde), si tuviste una imagen diferente al resto por cualquier motivo o tus intereses no encajaban con los de los otros, puede que hoy día sigas sintiéndote poco válido. Se sabe que los complejos y una autoimagen negativa causan gran malestar emocional, por lo que es posible que vivas frustrado y triste.
  • Miedo al rechazo y dificultad para poner límites. Durante la adolescencia la necesidad de encajar, de ser aceptado por los iguales, es fuerte. Si en esta época fuiste rechazado o se te dificultó tener amistades saludables, puedes seguir arrastrando una necesidad de complacer y una incapacidad para decir “no”.
  • Temor a la intimidad emocional. Si tus primeras relaciones románticas fueron dolorosas, sufriste engaño, traición o abandono, y no lo sanaste, es posible que hoy día temas comprometerte o abrirte emocionalmente a otros.
Adolescente con la mano en la boca
Reflexionar sobre cómo se siente nuestro adolescente interior puede ayudarnos a sanar a nivel emocional.

Cómo sanar tu adolescente interior

Una vez que hayas identificado los dolores pasados y las situaciones enquistadas, hay algunos pasos que puedes dar para sanar tu adolescente interior:

  • Recuerda que ahora eres un adulto. Ya no dependes de otras personas y ahora posees muchas más herramientas para gestionar las situaciones. En este momento tú puedes darte el amor y la validación que necesitas, así como escoger tus relaciones y vínculos.
  • Revisa qué aprendizajes te trajeron todas aquellas experiencias. ¿Qué te enseñaron sobre ti, sobre los demás y sobre la vida? De seguro contribuyeron a tu desarrollo personal en algún aspecto; y, si no fue así, es momento de buscar las lecciones escondidas e implementarlas.
  • Perdona a quienes te hirieron o a quienes sentiste que te fallaron. No como un modo de justificar sus acciones, sino como una forma de liberarte de su influencia. Entiende que, tal vez, no pudieron o no supieron actuar de otro modo y que, en cualquier caso, tú ya no mereces seguir cargando con ese dolor. Agradece el aprendizaje y suelta el rencor que te mantiene atado.
  • Perdónate a ti mismo por no haber sabido hacerlo mejor, por las veces en que dejaste que te hirieran, y por aquellas en que te abandonaste para complacer a otros. Comprométete contigo y empieza a hacerlo diferente.
  • Aprende a escuchar a tu adolescente interior en tu día a día. Su voz es aquella que te anima a arriesgarte, a apostar por ti y a ir tras lo que quieres. Es la voz que te anima a divertirte, a descansar y a disfrutar de la vida. Es ese grito de rebeldía que te impulsa a defenderte cuando alguna situación insulta a tu alma. Dale un lugar en tu vida.

En definitiva, sanar tu adolescente interior te ayudará a recuperar la pasión y la fuerza, a equilibrar la responsabilidad con la diversión y, sobre todo, a creer en ti. Como adulto, dale a ese adolescente validación, sostén y límites, y todo comenzará a cambiar.

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