¿Por qué hay más mujeres que estudian psicología? 12 razones neurocientíficas

12 febrero, 2020
Este artículo fue redactado y avalado por el psicólogo Marcelo Ceberio
Tanto en salas de conferencias como en aulas de clase de psicología sigue saltando a la vista el número de mujeres asistentes, en comparación con el de hombres (que tiende a ser considerablemente menor). ¿Por qué ocurre esto?

Hace ya 40 años que terminé mi licenciatura en Psicología. Estudié en Buenos Aires, en una época difícil: los militares habían cerrado la Universidad de Filosofía y Letras donde funcionaban las carreras de Ciencias de la Educación, Filosofía, Sociología y Psicología, por ser consideradas carreras de “ideología de izquierda” y, por ende, subversivas del orden social. Quedaban en pie una serie de universidades privadas que mantenían la carrera de Psicología, a pesar de los cuestionamientos y el descrédito que difundían los grupos ultraderechistas parapoliciales del gobierno de reconstrucción nacional.

En ese estado de situación, la Psicología continuó desarrollándose, principalmente la psicología clínica, contraviniendo una ley de también otro gobierno de facto que reducía la tarea del psicólogo a la de administrar tests mentales.

Colocados a la altura de un testista, que realizaba un curso de 6 meses en un instituto especializado, los psicólogos y psicólogas se formaban en psicoanálisis, que era el modelo preeminente en ese momento, para ejercer la profesión clínica a puerta cerradas  y sin llamar la atención. 

Ya en esa época, las clases estaban pobladas de mujeres, constituyendo una mayoría entre el 60 y 70 % en comparación con los estudiantes masculinos, que estaban entre el 30- 40 %. Siempre me llamó la atención las elecciones de ciertas profesiones determinadas por el género, es decir, el ejercicio de la profesión se acercaba más a tareas femeninas o masculinas, por idoneidad, pericia, facilidad o simplemente por determinación social.

Carreras como Enfermería o Magisterio eran carreras de neto predominio femenino o ingeniería cuya mayoría era masculina. Ni hablar tecnicaturas como Mecánica Automotriz, absolutamente masculina, o estudios de Gastronomía definitivamente femenina. Otras como Medicina o Arquitectura, aparecían como más repartidas en ambos sexos. Pero, ¿qué es lo que determina la elección? ¿Qué patrones caracteriales de género en conjunción con la biología construyen la decisión y el desarrollo de los estudios?

También es apreciable cómo estas elecciones se han ido modificando con el paso de los años y el cambio de los contextos. Por ejemplo, la carrera gastronómica pasó al territorio masculino de manera abrumadora y la especialización de Cirugía en Medicina ahora está más repartida entre hombres y mujeres, a diferencia de épocas anteriores.  

Con el paso de los años, el mundo psi se ha redireccionado hacia una preeminencia de público femenino. Las clases en las facultades de Psicología de todas las universidades de Argentina se ven cada vez más pobladas por mujeres.

Parece ser que la profesión de ser psicólogo se ha convertido en “patrimonio” del sexo femenino. Y no solamente en Argentina; el público femenino asistente a clases, conferencias y seminarios de los países de Latinoamérica, Europa y Estados Unidos, abarca un 90 % y más. Entonces, ¿por qué hay más mujeres que estudian psicología?

Paciente en el psicólogo

12 razones por las que hay más mujeres que estudian psicología

El equipo de investigación en Neurociencias y Ciencias Sociales de la Escuela Sistémica Argentina (LINCS) investigó sobre el tema y en la primera etapa le preguntó a los psicólogos cuáles creen que son las condiciones principales para un ejercicio eficaz en la psicoterapia.

A partir de estas premisas, se elaboraron una serie de conclusiones basadas en la Neurociencias y Neurociencias Sociales, en las disquisiciones de cerebro masculino y femenino (a pesar que en estos momentos hay opiniones divididas en esta distinción), que describieron hormonas, neurotransmisores y zonas del cerebro para explicar la elección. Por supuesto que estas son disquisiciones generales.

Veamos a continuación algunas de las disquisiciones del estudio que explican por qué las mujeres estudian más psicología.

1. Capacidad para relacionar hechos y emoción

El cerebro femenino posee una mayor cantidad de fibras en el cuerpo calloso que comunican ambos hemisferios. El cuerpo calloso es una “avenida” que conecta ambos hemisferios, el derecho holístico, emocional, creativo, y el izquierdo, racional, lógico, binario.

Esto produce una mayor comprensión y empatía emocional, habilidad para poder intervenir con el poder de la afectividad y emocionalidad colocando énfasis en las devoluciones al paciente. Se une relato y emoción, tan importantes en la relación terapéutica.

2. Locuacidad y capacidad de traducir en palabras lo que se piensa

El cerebro femenino posee mayor porcentaje de neuronas en los centros de lenguaje. Las mujeres desarrollan tempranamente un mejor manejo de la retórica y de riqueza de vocabulario, contrariamente al hombre, cuya afluencia de testosterona en su adolescencia lo embrutece y “guturaliza”.

Se calcula que una mujer habla alrededor de 8000 vocablos diarios contra 5000 masculinos. El uso de la palabra en las sesiones terapéuticas es fundamental, pues constituye el vehículo para introducir información.

3. Capacidad asociada al recuerdo y la memoria

El hipocampo, centro de aprendizaje y memoria, en el cerebro femenino es de mayores proporciones. Entre las múltiples aptitudes del profesional de la Psicología Clínica, sin duda, es la memoria y el registro exhaustivo de detalles lo que le permiten intervenir aunando factores de la historia del paciente y del tiempo presente.

4. Facilidad para la observación de detalles y el lenguaje paraverbal (lo que se habla y cómo)

Hay una mayor visión periférica (desarrollo de conos y bastones) que le posibilita la observación de detalles como gestos, posiciones corporales, acciones, etc., que aunado al registro memorístico, constituye una herramienta poderosa como intervención.

La visión periférica de 180 %, producto epigenético de sus acciones en la prehistoria en el cuidado de la cría, hoy hacen al desenvolvimiento de rol.

5. Empatía (capacidad de colocarse en el lugar del otro)

Si bien las neuronas espejo –génesis de la empatía relacional– no son patrimonio femenino, están implicadas en una de las razones que explican que existan más mujeres que estudian psicología, ya que este tipo de neuronas están favorecidas por la capacidad de observación femenina y registro mnémico.

La capacidad de observación describe y graba detalles de actitudes, gestos, entonación de discurso, elementos que sirven a la hora de empatizar, cuestión de lograr un mejor vehículo de las intervenciones.

6. Simultaneidad (capacidad de realizar varias acciones al mismo tiempo).

Al haber mayor conectividad interhemisférica mediante las fibras que circulan en el cuerpo calloso, posibilita realizar en simultáneo diversas tareas en las sesiones. Por ejemplo, pensar, recordar y analizar sesiones a posteriori, ver actitudes, escuchar el relato.

Chica en el psicólogo

7. Actitud de protección afectiva y cuidado

Más allá de que somos seres emocionales y sociales, el circulante de oxitocina (segregada por la neurohipófisis) que se activa en las situaciones de paternidad y generosidad, es una hormona que hace a la profesional mas cuidadora y contenedora.

La contención, por parte del psicólogo, es uno de los ejes de la relación terapéutica. Por lo general, los pacientes vienen a la consulta con un monto importante de angustia y ansiedad, o sea que no solo se intenta resolver el problema, sino que debe crearse una atmósfera donde el paciente se sienta contenido, protegido y escuchado.  

8. Histrionismo

Mientras que la testosterona vuelve más tosco al hombre, la mujer posee un mayor nivel de estética y preocupación no solo por su propio cuerpo, sino por la observación del cuerpo del otro en el espacio de la terapia, con lo cual su expresividad es mayor.

Conjuntamente con la aguda observación en simultáneo, el hablar el lenguaje del paciente es una técnica que favorece la efectividad de las intervenciones.

Consiste en copiar de manera sutil tanto el lenguaje verbal como paraverbal, utilizando estas vías de acceso para que el mensaje que se intenta transmitir tenga punto de llegada, sea estocástico.

9. La terapia es un espacio íntimo

La combinación entre oxitocina y dopamina, (un neurotransmisor que promueve la motivación y que se activa en situaciones que constituyen un desafío) constituyen el placer de la intimidad, principalmente cuando el estrógeno está en alza.

La terapia es un espacio de gran intimidad, donde los pacientes asisten a comentar su mundo personal. Esta apertura depende, entre otras cosas, de cómo ese espacio se construye para lograr mayor entrega. También colabora la empatía y el histrionismo para hablar el lenguaje del paciente.

10. La actitud de curiosidad

La mujer es más curiosa que el hombre y más crítica porque tiene un cerebro que observa más detalles como signos de comunicación –tanto elementos verbales como no verbales– y conjuntamente con la locuacidad y retórica, hacen a la psicóloga más interesada en opinar y elucubrar hipótesis sobre lo que le sucede al paciente.

Ese interés que muestra es una invitación a que el paciente hable, reflexione y profundice aún mas en el problema del paciente.

11. Construcción de hipótesis 

Por todas las razones anteriores, las mujeres pueden realizar hipótesis más complejas acerca de lo que le que le está sucediendo al paciente.

Al contemplar detalles, gestos, palabras desarrolladas ad hoc, y también entrecruzar situaciones pasadas de la historia del paciente, gracias a su memoria, y su simultaneidad que le permite estas acciones en el mismo momento.

12. Confianza

La última de las razones que explican el hecho de que hay más mujeres que estudian psicología está relacionada con la oxitocina y la serotonina, ambos hacen que la figura de la profesional sea confiable.

Ya describí el espacio de la sesión como un espacio íntimo, un lugar donde uno o mas pacientes se encuentran con un terapeuta a plantearse su o sus problemas. Esta elección está solventada por la confianza que le inspira la psicóloga. Este será la posibilidad de poner en juego la información personal y la espera de respuesta.

Psicóloga con su paciente

Conclusión

Si extendemos esta análisis a variables emocionales, cognitivas, sociales, seguramente continuaremos a observar otras particularidades que refuerzan lo antedicho.

También cabe aclarar, que estas descripciones son generales y como tales, relativas, pero sí nos sirven como un patrón descriptivo guía que explica la pericia de la mujer en las lides de la psicoterapia.