¿Por qué tengo ansiedad tras la muerte de un ser querido?

Sandra no sabía cuál era el motivo de su ansiedad, pero un mes atrás un ser querido, con quien pasó mucho tiempo de calidad, falleció. En este artículo ahondaremos en lo que le sucedió a Sandra y cómo pudo ir recuperándose para que la ansiedad no controlase su vida.
¿Por qué tengo ansiedad tras la muerte de un ser querido?
Gema Sánchez Cuevas

Revisado y aprobado por la psicóloga Gema Sánchez Cuevas.

Última actualización: 21 octubre, 2020

Sandra no sabía qué le pasaba. Un día, de repente, empezó a no poder respirar. Una presión en la garganta la acompañaba desde que se despertaba hasta que se acostaba. Además, este no era el único síntoma. Tenía náuseas, sueño constante, dormía muchísimo y le dolía la cabeza. Sufría bajones de tensión con frecuencia y su corazón daba golpes o iba demasiado rápido aunque ella estuviese en reposo. También, le temblaban las manos y demasiado sentía frío. Sandra no lo sabía, creía que estaba enferma, pero estaba sufriendo ansiedad tras la muerte de un ser querido.

Es cierto que había pasado un mes desde que esa persona tan importante para Sandra falleciera. Ella había ido al entierro, se había permitido llorar y estar triste. En ningún momento había comprimido y enviado sus emociones al último rincón de sus conciencia.

Ignoraba qué estaba pasando por un proceso de duelo al que, además, se le sumaban determinados momentos traumáticos que había experimentado antes del fallecimiento de su ser querido y durante el entierro. Sandra necesitaba ayuda urgente. Su vida se estaba desmoronando y no era capaz de identificar la causa.

Mujer con las manos en la cabeza preocupada

La razón de la ansiedad tras la muerte de un ser querido

Son varios los teóricos que han dividido en fases el proceso de duelo. Tomando como referencia el artículo El duelo y las etapas de la vida, serían negación, enfado o ira, negociación, depresión y aceptación. La descripción se centra en la tristeza o el enfado, pero rara vez se explica la aparición de la ansiedad tras la muerte de un ser querido.

La ansiedad que sentía Sandra podría encajar perfectamente con la etapa de la depresión del duelo. Pues durante esos episodios de ansiedad, incluso cuando remitían, ella explicaba que sentía una profunda tristeza de origen desconocido.

Claro, conscientemente ella creía que estaba bien. Sin embargo, había vivido determinadas experiencias que le estaban haciendo experimentar la ansiedad tras la muerte de un ser querido de una manera tan fuerte y tan complicada de gestionar.

“El duelo es el doloroso proceso normal de la elaboración de una pérdida, tendiente a la adaptación y armonización de nuestra situación interna y externa frente a una nueva realidad”.

-Jorge Bucay-

Experiencias traumáticas y aparición de la ansiedad

Sandra se había olvidado, o más bien no era consciente, de una serie de experiencias traumáticas que rodeaban al fallecimiento de esa persona que ella quería y que eran la razón por la que la ansiedad le estaba afectando de tal manera.

La primera fue la situación generada por la situación actual. Antes del confinamiento, había estado con la persona fallecida; entonces gozaba, aparentemente, de buena salud. Sin embargo, cuando volvió a verla después de esos dos meses, su apariencia era completamente distinta. No hablaba, no se movía; ya no era la misma. Creyó que esto no le afectó, pero se equivocaba.

La segunda experiencia traumática fue cuando recibió la noticia del fallecimiento. Fue una semana después de esa visita. Sandra nunca había sentido el fallecimiento de alguien tan cercano. Creyó que yendo al entierro y dejando que las emociones brotasen estaría todo solucionado. Sin embargo, este duro golpe le afectó más de lo que pensaba y se manifestó en forma de ansiedad por la muerte de un ser querido. Una ansiedad que controlaba su vida, que la incapacitaba.

La tercera de las experiencias traumáticas la vivió durante el propio entierro. Las personas que acudieron hablaban como si estuviesen tomando un café y Sandra no entendía nada. La rabia se le mezcló con el dolor, la tristeza con la frustración y tuvo varios momentos en los que ella sentía que estaba desconectada de sus emociones. Pensaba que no sentía nada. Estaba en shock.

En búsqueda de la luz, la importancia de ir a terapia

El desafío emocional que esta situación le planteó a Sandra fue muy grande. Entre que no entendía lo que le ocurría, que había pasado un mes desde el fallecimiento de esa persona querida y no relacionaba su ansiedad con la pérdida y que le faltaban herramientas para lidiar con ese dolor emocional, decidió ir a terapia. Fue lo mejor que pudo hacer. Su proceso de desarrolló de la siguiente forma:

  • Entender que estaba pasando por un duelo. Sandra no sabía que estaba en pleno proceso de duelo y entender esto le permitió ver cierta luz entre tanta oscuridad y desaliento que sentía. Su terapeuta le ayudó a comprender las situaciones traumáticas expuestas arriba, a que viese cómo habían ido generando que esa ansiedad creciese hasta el límite.
  • Aprender a gestionar la ansiedad. Tras haber hecho esto, la terapeuta de Sandra le dio algunas herramientas para que pudiese gestionar su ansiedad. Le envió unos audios para meditar que debía practicar aunque no tuviese ansiedad. También, le dijo que tenía que escribir una carta de despedida para ese ser querido, que lo hiciese cuando se sintiese preparada.
  • Ir recuperando los hábitos perdidos. Otro aspecto importante era recuperar un hábito perdido cada semana. El primero, en el caso de Sandra, fue salir a pasear por la naturaleza, a la semana siguiente, escribir en su diario, a la siguiente volver al gimnasio, volver a comer saludable y, así, un largo etc. Poco a poco, Sandra iba encontrándose mejor.

“El dolor verdadero es tan raro como el amor verdadero”.

-Stephen King-

Chica en terapia psicológica

Sandra comenzó a estar bien y a celebrar que había dejado atrás la medicación. Todavía había momentos en los que sentía la ansiedad, pero ya no era tan fuerte, no le duraba todo el día y sabía gestionarla mejor.

Poco a poco, Sandra fue entendiendo que procesar la pérdida y construir su propio relato iba a llevarle tiempo, pero gracias a la terapia podía continuar con su vida mientras comprendía que esa persona querida ya no estaba y que la ansiedad no podía con ella. Antes hasta la más mínima situación activaba su ansiedad. Ahora, ya no.

Según la Sociedad Española de Oncología Médica (SEOM), el duelo puede durar entre seis meses y dos años, siendo lo habitual que no pase del año. Es un proceso lento, en los que en poco tiempo pueden darse avances rápidos, pero también lentos e incluso retrocesos.

Por otro lado, si bien la negación o la represión pueden darnos la sensación de ayudarnos al principio, mantenidas en el tiempo son sogas que se aprietan y nos impiden respirar; además, si bien es necesaria la voluntad, se necesitan más ingredientes para avanzar.

Herramientas de gestión emocional, tiempo y paciencia para construir un relato de lo experimentado que no se parezcab a un cuchillo afilado que nos destroce por dentro. En cualquier caso, para ayudarnos cuando aparece la ansiedad tras la muerte de un ser querido, están los profesionales.


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  • Gala León, F. J., Lupiani Jiménez, M., Raja Hernández, R., Guillén Gestoso, C., González Infante, J. M., Villaverde Gutiérrez, M., & Alba Sánchez, I. (2002). Actitudes psicológicas ante la muerte y el duelo: Una revisión conceptual. Cuadernos de medicina forense, (30), 39-50.
  • Serer, M. N. (2006). La muerte y el duelo como experiencia vital: acompañando el proceso de morir. Informació psicològica, (88), 12-21.
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