¿Por qué ya no confío en las personas?

10 Septiembre, 2020
Este artículo ha sido escrito y verificado por la psicóloga Valeria Sabater
¿Por qué me cuesta tanto confiar en los demás? ¿Cuál es la razón por la que me da miedo, incluso, iniciar una relación de amistad o de pareja? Si llevas tiempo haciéndote esta pregunta te damos las claves a continuación.

¿Por qué ya no confío en las personas? ¿Por qué me cuesta tanto iniciar nuevas relaciones? Son muchas las personas que se hacen esta pregunta en la soledad de sus mentes mirando sus vidas en perspectiva. En ocasiones, echamos un vistazo atrás para tomar conciencia de que llevamos bastante tiempo sin construir un vínculo seguro con alguien.

A la hora de confiar en los demás todos nos movemos en diferentes velocidades. Hay quien establece un apego casi instantáneo, quien lo ofrece todo y deposita en el otro confidencias, complicidades y esperanzas. Otros, en cambio, hacen uso de la prudencia, dosificando afectos y concesiones basándose en el peso de la reciprocidad y una ponderada intuición.

En cambio, también está quien necesita más tiempo. De hecho, cada vez aparecen más personas en terapia que dicen sentirse incapaces de iniciar nuevas relaciones afectivas. También quien señala estar mejor sin amigos, pero siendo consciente de que esa carencia de vínculos sociales sólidos genera ciertos vacíos, ciertas tristezas.

Este es un tema complejo en el que vale la pena reflexionar. Somos, al fin y al cabo, una sociedad hiperconectada, vivimos en un mundo donde es más fácil que nunca encontrar amigos o parejas y, sin embargo, la calidad de estos lazos no siempre es satisfactoria ni feliz. Lo analizamos.

Chico preguntándose ¿Por qué ya no confío en las personas?

¿Por qué ya no confío en las personas?

Vivir sin confiar da forma a una mala vida. La frase puede parecer rotunda, pero define por sí misma un lienzo existencial bastante real. La confianza es un motor indiscutible en el ser humano y es, de hecho, una dimensión que va más allá del campo relacional. Necesitamos, por ejemplo, confiar en que cuando saldremos de casa nadie nos hará daño, no se estropeará el ascensor en que nos subamos y en que seguiremos siendo igual de hábiles al conducir nuestro coche.

Lo opuesto a la confianza es la desconfianza y un componente que integra esta última dimensión es el miedo. Por tanto, quienes navegan a rastras del peso de las decepciones, de las heridas pasadas y la inquietud por ser traicionados nuevamente no solo albergan tristezas y frustraciones. También encierran en su corazón el pinchazo del miedo. Y algo así, enturbia la vida y la hace menos agradable, menos satisfactoria.

En el caso de que nos preguntemos por qué ya no confío en las personas, siempre es adecuado reflexionar en las siguientes dimensiones.

Pisantrofobia, el miedo a confiar

Sabemos que a día de hoy tenemos etiquetas para casi cualquier comportamiento. No obstante, el poner nombre a una serie de conductas o miedos no significa que sean categorías clínicas como tal. Esto es lo que sucede, por ejemplo, con la siguiente dimensión.

La pisantrofobia es el miedo irracional a establecer relaciones íntimas con los demás. Ahora bien, esta fobia no aparece en el Manual Diagnóstico y Estadístico de los Trastornos Mentales (DSM-5) como diagnóstico oficial.

No lo hace porque lo que hay a menudo tras estas realidades son historias de traumas, decepciones profundas y experiencias no superadas que siguen orbitando en el presente. Y ese es el auténtico problema que hay que atender. No podemos quedarnos por tanto con la etiqueta de “yo sufro pisantrofobia”, la clave, la finalidad, es saber por qué.

A continuación analizamos algunos desencadenantes.

La calidad de los vínculos en nuestra infancia

El primer vínculo en el que establecemos una relación de confianza es con nuestros progenitores. Si ya desde edades tempranas no se atienden de manera correcta dimensiones tan básicas como el bienestar, la seguridad o la validación emocional, todo empieza a fallar.

Cuando nuestras principales fuentes de apego no están o deforman el concepto de amor y de cuidado, desarrollamos un sentido primal de desconfianza.

¿Por qué ya no confío en las personas? Cuando nos focalizamos en las pérdidas

A lo largo de nuestro ciclo vital, vamos acumulando experiencias con cada relación surgida en el camino. Unas son buenas y otras menos buenas. No obstante, en ocasiones, estas últimas tienen un impacto mayor en nuestro tejido emocional y psicológico: nos rompen, nos desaniman, nos decepcionan.

Ese sufrimiento es más intenso cuanto más íntimo es el lazo creado: una amistad, una relación de pareja a incluso como hemos señalado antes, un familiar cercano. Descubrir que no somos tan apreciados como creíamos, que la traición y la mentira tienen cabida en las relaciones humanas, puede generar cambios en nosotros. Nos volvemos desconfiados, rencorosos y hasta fríos.

Focalizar la mirada únicamente en las figuras que nos hicieron daño tiene un coste. Y es el de asumir la peligrosa idea de que las personas no son de fiar, que lo mejor, es protegerse.

Mujer triste pensando en ¿Por qué ya no confío en las personas?

¿Qué debo hacer si ya no confío en las personas?

Cuando alguien experimenta en su propia mano la picadura del aguijón de la traición, no es fácil volver a confiar. Sin embargo, esa es una herida que debe sanarse para recuperar parte de la felicidad perdida. Es necesario darnos y dar a otros nuevas oportunidades. No es saludable vivir en la habitación del rencor, en esa sala de ventanas cerradas y puertas herméticas donde se cierra la entrada a toda presencia, a todo viento nuevo.

Si nos preguntamos por qué ya no confío en las personas es obvio que de algún modo, sabemos cuál es la razón. Basta con poner la mirada en el retrovisor y visualizar quiénes nos han dejado atrás. No obstante, tengámoslo claro, no es bueno vivir con el rostro puesto en el pasado, en todo lo que queda a nuestras espaldas.

La vida acontece en frente nuestro, aquí y ahora. Confiar es permitirnos nuevas oportunidades de felicidad y para ello, es adecuado pensar en las siguientes claves:

  • Sana en primer lugar las heridas sufridas en el pasado. Para lograr relaciones de calidad lo principal, es estar bien con uno mismo, disponer de una buena autoestima. Una mala relación no puede condicionar la oportunidad de disfrutar de vínculos de calidad en el presente.
  • Reduce las altas expectativas. Dosifica, no esperes una devoción absoluta o una complicidad perfecta a los pocos días. Acepta que todos somos imperfectos.
  • No midas de manera milimétrica todo lo que ofreces esperando exactamente lo mismo. Exige eso sí, sinceridad y autenticidad.
  • Ve poco a poco, tantea a las personas, ábrete sin prisas y permite que los demás se abran a ti. Marca tú el ritmo en el que te sientas más cómodo en esa relación, ya sea de amistad o de pareja. Si la otra persona es de fiar, respetará tus tiempos.

Para concluir, más allá de lo que podamos pensar son muchas las personas que habitan en el mundo sintiendo el dolor de la decepción. Son muchos los que han dejado de confiar en los demás. Nadie merece levantarse cada día con esa espina clavada en el interior. Confiar es vivir, intentémoslo de nuevo.