Preocuparse por estar preocupado: un laberinto sin salida

16 Octubre, 2020
Este artículo ha sido escrito y verificado por la psicóloga Valeria Sabater
Me preocupa no poder controlar mi preocupación. ¿Te ha pasado alguna vez? Si esto es así se debe a que la preocupación es un enemigo insidioso que vaga por los rincones de nuestra mente alimentándose de todo lo que encuentra. ¿Qué podemos hacer?

El hoy es el ayer que tanto nos angustiaba. También eso que tanto nos aterraba y que no ha llegado a sucederse. Sin embargo ¿cómo convencer a la mente de que no vale la pena llegar a esos extremos? Resulta imposible, porque al final uno llega incluso a preocuparse por estar preocupado y casi sin darnos cuenta nos quedamos atrapados en un bucle infinito, en un laberinto sin salida.

Dice un proverbio sueco que la preocupación le coloca a cada cosa una temible sombra alargada. Todo asusta y nos agota y aunque necesitemos de este estado anticipatorio para afrontar las complicaciones del día a día, no es bueno llegar a estas situaciones límite. Es como la presión arterial: necesitamos ciertos niveles para vivir, pero demasiado puede poner nuestra salud en riesgo.

Sin embargo, no siempre lo conseguimos. Porque una buena parte de nosotros somos auténticas fábricas de preocupación andantes. Llevamos a cuestas el peso del mundo y no somos conscientes de la vulnerabilidad psicológica que esto supone. Los trastornos de ansiedad generaliza, por ejemplo, tienen detrás de sí este tipo de desencadenantes.

Conozcamos por tanto más datos al respecto.

Mujer triste

Preocuparse por estar preocupado: un círculo vicioso angustiante

El psiquiatra norteamericano William Samuel Sadler definió una vez la preocupación de una manera muy sencilla y acertada: es una forma de miedo. Esta dimensión puede adoptar infinitas formas y aunque a cada uno de nosotros nos inquieten unas cosas y no otras, el estado mental y cerebral que genera es el mismo.

Poco a poco, la amígdala cerebral asume el control e intensifica ese estado de alerta y angustia. Lo que hace es, por decirlo de algún modo, “secuestrar” el área más racional. Esa área del cerebro localizada en las regiones prefrontales y donde se orquestan nuestras capacidades de reflexión, análisis lógico y racional pierde fuerza. Preocuparse por estar preocupado conforma ese estado límite que actúa casi como un espasmo; algo que uno no puede evitar.

El cerebro, impregnado por ese bombeo constante de la adrenalina y el cortisol, no puede relajarse y la retroalimentación de la angustia y el miedo es constante. Así, comprender un poco más la mecánica interna de este proceso desgastante, nos puede ayudar a tener una visión más ajustada de lo que suponen los estado de preocupación.

Preocuparse por estar preocupado ¿por qué lo hago?

Adrian Wells es profesor de psicopatología clínica y experimental en la Universidad de Manchester. Algo que nos señala en su libro Attention and Emotion es que tenemos unas ideas sesgadas sobre lo que es la preocupación. Somos esa sociedad que piensa que quien se preocupa mucho es más responsable y eficaz. Creemos que hay que aplicar este estado mental a cada situación.

Asimismo, hay otro factor destacable: ponemos el foco de la preocupación en aspectos sin relevancia. Y lo hacemos porque nos atenazan las inseguridades, los miedos, las incertidumbres¿Y si el modo en que me ha mirado mi jefe es porque el proyecto presentado no le gusta y piensa en despedirme? ¿Y si al final se anula ese vuelo y no puedo acudir a la reunión a tiempo? 

Llega un punto en nuestra existencia en que “estar preocupados” es nuestro estado habitual, pero al mismo tiempo somos conscientes de que no es bueno vivir así. Usando de nuevo la metáfora de la tensión arterial: sabemos que un nivel elevado puede ser muy peligroso y de ahí, que uno empiece a preocuparse por estar preocupado cada día a cada instante. ¿Me puede pasar algo si continúo de este modo?

El trastorno de ansiedad generalizada y la preocupación incontrolable

La preocupación a veces comienza con una posibilidad negativa, con ideas como “¿y si pasa esto y si ocurre lo otro?”.  Son como semillas que se abren y hienden sus raíces en las profundidades de nuestra mente extendiéndose de manera imparable. Cuando la preocupación se vuelve constante y adquiere ya la forma de un patrón, surge otra inquietud: preocuparse por estar preocupado.

¿Qué efecto puede tener este estado psicológico? Estudios, como los realizados en el departamento de psicología de la Universidad de Milano (Italia) por parte del doctor Eraldo Paulesu, señalan lo siguiente:

  • Los estados de preocupación constante son una característica de los trastornos de ansiedad generalizada.
  • Mantener durante meses (o años) esta activación mental, esa rumiación constante y cavilación negativa tiene un impacto en el cerebro.
  • Las áreas que más evidencian esa sobreactivación son las regiones del cingulado anterior y la corteza prefrontal medial dorsal. 
  • La desregulación de estas áreas y esos circuitos neurales es lo que impide que las personas con un trastorno de ansiedad generalizada no puedan parar de preocuparse.
Cerebro fondo azul oscuro representando el preocuparse por estar preocupado

¿Cómo “domesticar” mis preocupaciones?

Joseph LeDoux, neurocientífico de la Universidad de Nueva York, nos señala que las personas por término medio no sabemos preocuparnos de manera saludable. Todo lo llevamos al extremo y lo que es peor damos veracidad a hechos catastróficos que intensifican aún más el círculo vicioso de la preocupación.

Ahora bien… ¿cómo controlamos estas situaciones? En realidad, no basta con decirle a la mente “deja de preocuparte, eso que te angustia no va a suceder”. La mente no funciona así. Cambiar sus patrones y esquemas resulta muy difícil cuando llevamos mucho tiempo pensando de ese modo.

No obstante, siempre es adecuado tener presente algunas ideas:

  • Identifica tus preocupaciones y  lleva un registro de ellos. Analízalos y toma conciencia de su mensaje: ¿es útil, te hace sentir bien? ¿merece la pena darle veracidad? Si no es así, dale la vuelta, crea un pensamiento que sí te sea de ayuda.
  • Elige un período al día para preocuparte, basta con 15 o 30 minutos.
  • Elabora estrategias que te permitan enfrentarte a esas preocupaciones. No permitas que esa preocupación se alargue durante días.

Por último y no menos importante, debemos tener en cuenta un detalle. Preocuparse por estar preocupados suele ser un rasgo habitual en los trastornos de ansiedad. En estos casos, lo más adecuado es solicitar ayuda experta, tengámoslo presente.

  • Paulesu, E., Sambugaro, E., Torti, T., Danelli, L., Ferri, F., Scialfa, G., … Sassaroli, S. (2010). Neural correlates of worry in generalized anxiety disorder and in normal controls: A functional MRI study. Psychological Medicine40(1), 117–124. https://doi.org/10.1017/S0033291709005649
  • Shin, L. M., & Liberzon, I. (2010, January). The neurocircuitry of fear, stress, and anxiety disorders. Neuropsychopharmacologyhttps://doi.org/10.1038/npp.2009.83