¿Qué es el “Complejo Cenicienta”?

Yamila Papa · 8 julio, 2019
Este artículo ha sido verificado y aprobado por el psicólogo Sergio De Dios González el 4 febrero, 2015

Podríamos ponerle el nombre de cualquiera de las princesas que conocemos de los cuentos de hadas. Lo cierto es que este complejo tiene su origen en la infancia y puede afectar a las relaciones personales y de pareja en el futuro. Si tienes hijas, no dudes en leer este artículo donde hablaremos de una tradición que se lleva a cabo desde hace muchos años. Además, puedes estar ayudando a conservarla sin darte cuenta.

No está mal decir que nuestras hijas son las princesas de la casa, porque realmente lo son. Pero lo que sí puede ser erróneo es criarlas para que esperen sentadas al Príncipe Azul, lo mismo que sucede en los cuentos como el de Cenicienta.

La idea de que un hermoso caballero con su armadura y a caballo vendrá a salvarlas para darles el beso que las despierte de un gran sueño (como Blanca Nieves) o dejen de ser desdichadas y pasarse la vida trapeando el piso (como Cenicienta), puede ser muy bonito en nuestra imaginación, pero en la realidad esto no ocurre.

El concepto de Cenicienta

El Concepto de Cenicienta (o síndrome) fue estudiado por la investigadora Colette Dowling. Ella lanzó un libro cuyo título es “Complejo de Cenicienta: el miedo de las mujeres a la independencia”. Brevemente, podríamos decir que se trata del deseo inconsciente de las mujeres de ser protegidas o cuidadas en todo momento, dejando de lado sus propios gustos o actividades. Esto puede deberse a la crianza o a las presiones sociales o religiosas. Dowling indica que en realidad, este síndrome procede del miedo a ser independientes.

El nombre que ha dado esta investigadora a su estudio no puede ser más certero. Todos conocemos la historia de Cenicienta: una jovencita que se pasa el día entero cuidando a su madrastra y a sus hermanastras. Un día se organiza un baile para el príncipe y no es tenida en cuenta hasta que un hada madrina la convierte en princesa.

Después, ella pierde su zapato de cristal y el apuesto joven va casa por casa hasta encontrar a la dueña del calzado. Según este cuento, la mujer debe ser al mismo tiempo inocente, bella y resignada, y por supuesto, dependiente del esposo o “príncipe azul”.

En el libro de “Cenicienta”, el hada madrina convierte a la protagonista en princesa y por ello el ejemplar masculino por excelencia la conoce en el baile. Entonces, como dice Dowling, la mujer sólo puede cambiar el curso de la vida gracias a entablar una relación con un hombre. De lo contrario, será una esclava o una sirvienta por siempre.

complejo cenicienta

¿Por qué el Complejo Cenicienta es negativo?

Como primera medida, este complejo o forma de pensar impide que la mujer desarrolle sus habilidades más allá de cuidar del hogar u ocuparse de la crianza de los hijos. Los tiempos han cambiado mucho. En la actualidad la única meta de la mayoría de las mujeres no es casarse y formar una familia. También aspiran a desarrollar una buena carrera profesional.

Al casarse, tanto el hombre como la mujer tienen el derecho de seguir peleando por sus metas y sueños particulares. El Síndrome de Cenicienta indica que esto no es así, ya que la mujer ha de quedarse en casa mientras es “protegida” por el esposo. Esta creencia, poco a poco, se queda obsoleta gracias a la lucha de una sociedad que se ha ido modernizando. Una sociedad que ha comprendido que por ser mujer no se debe criar entre algodones y, mucho menos, depender de un hombre.

Una esposa demasiado dependiente de su compañero es algo asfixiante para ambos. Es por ello que este complejo de “princesa rescatada de la torre más alta del castillo” puede afectar gravemente al matrimonio. La vida de a dos no es un cuento de hadas, por lo cuál, si la mujer no tiene seguridad en sí misma y no toma sus propias decisiones todo se vuelve cuesta arriba para ambos.

Todo tiene su momento

Todos podemos necesitar afecto, protección y “ser salvados” en algún momento puntual de la vida. Sin embargo, esto no puede ser la regla, sino la excepción. Un abrazo que nos rescate de un mal día es perfecto y preciso. Una palabra de aliento en una mala situación puede consolarnos. Necesitar el apoyo de alguien en un momento concreto no nos convierte en frágiles, sino en auténticos.

Por último, el Complejo de Cenicienta es negativo porque no permite a las mujeres lograr sus metas personales. Esto las convierte en seres desdichados, deprimidos, resignados y frustrados. Cada vez más, se observan a cientos de chicas estudiando en la universidad. Sin duda, la situación está cambiando. Son mujeres que luchan por un futuro profesional. Un futuro en el que no tengan que depender de nadie. Porque si fueran «cenicientas» se resignarían a esperar a su príncipe azul.

¿Qué ocurre cuando la “Mujer-princesa” se queda sola?

Esto es un tema que vale la pena analizar en detalle. Pero podríamos decir que en el momento del divorcio, la esposa se da cuenta que no tiene los medios para salir adelante, tanto emocional como económicamente hablando. Entonces, elige a otro hombre que la mantenga en ese cuento de hadas y todo se vuelve un círculo vicioso.

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¿Cómo evitar el Complejo de Cenicienta en nuestra familia?

Si tienes hijas, incúlcales el poder del estudio y de la preparación. Enséñales que es necesario contar con ciertos conocimientos y tener experiencia laboral antes de casarse o formar una familia. Incluso ve más allá. Plantéale cómo quieren que sean sus vidas. También son libres de no querer casarse ni formar una familia. Cría hijas librepensadoras. Que sepan aquello que quieren sin depender de nadie.

Si tienes también hijos varones, enséñales que las tareas del hogar son cosa de todos. De esta forma, se comienza a concienciar que la casa es un asunto familiar y no solo de las mujeres. Todos comemos, todos usamos el baño, el salón… Así pues, ¡todos colaboramos!

Cría hijos e hijas que sean capaces de alcanzar sus metas y cumplir sus sueños, que en el futuro aspiren a disfrutar de una relación de pareja saludable y equilibrada y sobre todas las cosas… no dejes de tratarlas como princesas (o príncipes)… que saben lo que quieren.