¿Qué es la anomia?

Edith Sánchez·
09 Octubre, 2020
Este artículo ha sido verificado y aprobado por el psicólogo Sergio De Dios González al
09 Octubre, 2020
El tema de la anomia hace referencia a la tensión que se produce entre los colectivos y los individuos en el cumplimiento de las normas. Estas son importantes para mantener la cohesión social, pero, a la vez, si no están alineadas con las aspiraciones individuales, entonces aparece el conflicto y, en muchos casos, estas dejan de ser útiles.

La anomia es un concepto muy antiguo del que ya se hablaba en la Edad Media para describir a las personas “sin Dios ni ley”. Sin embargo, fue el sociólogo Emilio Durkheim quien comenzó a trabajar esta idea de manera sistemática y desde entonces el término apareció de forma recurrente en la sociología.

La palabra anomia hace referencia a la ausencia de reglas y a la tendencia a trasgredir las normas. Puede tener lugar en el plano colectivo o individual y equivale también a la carencia de pautas o valores morales para orientar la conducta.

Aunque el concepto de anomia nació en la sociología, también ha sido trabajado por las ciencias políticas, la antropología y la psicología. En todos esos campos se le ha asociado con la conducta delictiva o “desviada”, como el resultado de unas circunstancias históricas o bien como parte de un proceso de la evolución moral.

Toda actividad humana transcurre dentro de la sociedad, sin que pueda nadie sustraerse a su influjo”.

-George Simmel-

Hombre con capucha

La anomia y la inconformidad

Cuando se habla de anomia, se habla también de una tensión entre lo colectivo y lo individual. No hay adherencia a las normas y esto, en principio, obedece o bien a que las normas no consultan con la posibilidad real de una persona para cumplirlas o bien a que el individuo no logra plegarse a las mismas, aunque estas sean razonables.

Para Durkheim, la anomia era resultado de una ruptura o deterioro en los lazos sociales; una separación que, a su vez, conducía a un debilitamiento de la solidaridad. Así pues, si en una familia, un grupo determinado o en el conjunto de la sociedad no hay unos vínculos fuertes, los individuos no sienten que deban cumplir con las normas que le dan cohesión a ese colectivo.

Durkheim señalaba que la misma división del trabajo y la división de clases eran una forma de deterioro en los lazos sociales. Introducen formas de injusticia y de exclusión, que luego se expresan en las normas; estas terminan siendo preceptos legitimadores de situaciones que van en contra de los individuos. A raíz de ello, se origina una gran tensión, al tiempo que una resistencia a cumplir con las reglas.

Anomia y frustración

El concepto de anomia fue asimilado por el enfoque estructural-funcionalista, de origen estadounidense. En este caso, se varió la idea trabajada inicialmente por Durkheim y el énfasis empezó a ponerse solo en el individuo. Se partió de la idea de que lo colectivo, por ser colectivo, funcionaba bien y que si una persona no lograba adaptarse a esto, el problema estaba en ella y no en lo social.

Frente a esto, muchos autores señalan que, si un contexto propone normas y modelos de realización, pero a su vez restringe los medios o las vías para alcanzarlos, se genera una profunda frustración. Por ejemplo, cuando se apuesta por tener éxito y dinero, pero a la vez se dificulta o impide a través de las normas que las personas alcancen estos objetivos.

En esas condiciones no solo hay un debilitamiento de los lazos sociales, sino que también se incuba una fuerte resistencia, pasiva o activa. Esto termina reflejándose en diversas conductas que incluyen la depresión, la violencia urbana, el crimen e incluso el suicidio, entre otros.

Chico pensando

¿Qué o quién debe cambiar?

El tema de la anomia y la adhesión a las normas es complejo. En realidad, se puede afirmar que en ninguna sociedad las reglas se cumplen siempre y en su totalidad. Si hablamos de lo ideal, lo que debería existir es un colectivo en el que el margen de cumplimiento fuera muy amplio, al tiempo que se promoviera la autonomía basada en la responsabilidad ética individual.

Una sociedad así no es fácil de construir, principalmente por la desigualdad económica y social, que también implica desigualdad en las oportunidades. Llegados a este punto, cabe la pregunta de si en condiciones reales lo que se debe promover es un cambio en las normas o un cambio en los individuos, para reducir las tensiones que llevan a la transgresión o a la frustración.

No es fácil darle una respuesta a ese interrogante. Una perspectiva realista tendría que ver con la conciencia de que es importante adaptarse a la realidad, por arbitraria que sea. Al mismo tiempo, dicha adaptación no tiene por qué ser pasiva, sino todo lo contrario: crítica y activa. Habría que lidiar con esa paradoja, ampliar el rango de tolerancia a la frustración y también la fortaleza y la voluntad de cambio.

Girola, L. (2005). Anomia e individualismo: del diagnóstico de la modernidad de Durkheim al pensamiento contemporáneo (Vol. 46). Anthropos Editorial.