¿Qué es la biopolítica?

Edith Sánchez·
24 Agosto, 2020
Este artículo ha sido verificado y aprobado por la psicóloga Gema Sánchez Cuevas al
24 Agosto, 2020
La biopolítica hace referencia a los mecanismos que se implementan desde el poder para gobernar la vida individual de cada ser humano, al tiempo que crean la ilusión de libertad para las personas, aunque estén controladas incluso en su intimidad.
 

La biopolítica o gobierno de la vida es un concepto diseñado por Michel Foucault. Tiene que ver con el despliegue de tecnologías, prácticas, racionalidades y estrategias para introducir la lógica del poder en la vida cotidiana de las personas.

A juicio de Foucault, la biopolítica nace porque para el poder no ha sido suficiente con introducir la división de clases, la propiedad privada y la explotación de los llamados recursos humanos. Era necesario que los explotados aceptaran esas reglas de juego y las aplicaran de forma voluntaria.

La biopolítica es un factor que se instala en la conciencia de las personas y las lleva a aceptar el poder de forma eficaz, con mansedumbre y, de hecho, sintiéndose feliz de hacerlo. Para que se llegue a esto hay una serie de prácticas que se ejercen sobre el individuo, incluso antes de nacer, y que sutilmente llevan a incorporar ciertos valores y lógicas en la vida.

La ‘psiquiatrización’ de la vida cotidiana, si se la examinase de cerca, revelaría posiblemente lo invisible del poder”.

-Michel Foucault-

Michel Foucault

La biopolítica y las tecnologías del poder

 

La biopolítica se implementa a través de una serie de tecnologías de poder que buscan instaurar el control sobre las personas. Algunas de las herramientas de las que se vale, en el caso del capitalismo, es la estadística, la psicología, la sociología, etc.

Desde que una persona nace, e incluso antes de que eso ocurra, entra a formar parte de un registro de control implementado desde el poder. No ha respirado todavía y ya es necesario notificar ese nacimiento a alguna institución, que se encarga de registrarlo y asignarle un número.

También se nace dentro de una institucionalidad médica que determina qué es “normal” y qué no. La institución médica examina, aplica una serie de procedimientos sobre el bebé y lo clasifica dentro de una lógica. Eso continuará por siempre.

No siempre fue así

No siempre las cosas fueron así. En otra época, todos esos hechos pertenecían al ámbito de la vida privada. En la actualidad todo ese ritual supone la posibilidad de entrar dentro del ámbito de un poder y recibir los derechos o beneficios que se derivan de este, aunque en muchos lugares dichos beneficios o derechos no existan, o no se concreten.

A lo largo de toda la vida sigue siendo así. Los eventos cruciales, como alcanzar cierta edad, casarse, divorciarse, etc., siguen siendo registrados a través de algún instrumento público. ¿Para qué sirve esto?

Básicamente le sirve al poder para mantener una vigilancia sobre las vidas de los individuos. A estos, escasamente, les sirve para cumplir reglas establecidas en el derecho, que le serán requeridas por la sociedad para acceder a la escuela, hacer trámites, etc. Sin embargo, en esencia, de forma individual, básicamente no sirven para nada.

 

Las normas

El vehículo a través del cual se hace efectiva la biopolítica son las normas. Al respecto, Foucault hace una diferenciación entre la norma y la ley, como es obvio. La ley rige la vida social, mientras que la norma se encarga de la vida individual.

Las normas no solo determinan la forma de comportamiento social en lo que tiene que ver con respetar el espacio o los derechos de otros. También hay normas para sentir, para bailar, incluso para besar o hacer el amor. Hay toda una serie de códigos que te dicen qué está bien y qué está mal en cada uno de esos ámbitos.

El gran éxito del poder está, dice Foucault, en que las tecnologías del poder nos llevan a tratar por todos los medios de plegarnos a esas normas, sin cuestionar si está bien que lo hagamos o no. Más aun, existe la promesa de que cada uno llegará a sentirse feliz si logra seguir estas normas.

Marionetas colgadas para representar los efectos de la biopolítica

¿Y la libertad?

El gran acierto de la biopolítica es que el poder logra todo lo que quiere de una forma muy sutil. El Estado no dice directamente cómo tienes que hacer el amor; utiliza la publicidad o se vale de folletos redactados desde el ministerio, así tenemos las dicotomías de “bueno/malo” o “normal/anormal”. Para eso también están los padres y las escuelas que tienen que seguir unos dictados muy claros. Todo el tiempo operan sobre la conducta, los pensamientos, los afectos, etc.

 

Lo que surge de todo esto, en la óptica de la biopolítica, es un sujeto que se siente libre, aunque no lo sea. De hecho, el poder mismo crea mecanismos para gestionar la rebeldía. Ahí están los campeonatos de fútbol, o los videojuegos, o las actividades de alto riesgo para darte un margen de transgresión.

Para Foucault, el pensamiento crítico encarna la única forma de resistencia a ese poder abrumador. La pregunta de por qué y la concepción de nuevas formas de hacer, sentir, pensar, etc., son maneras de limitar o reducir la acción de la biopolítica.

 
Foucault, M. (2009). Nacimiento de la biopolítica: curso del Collège de France (1978-1979) (Vol. 283). Ediciones Akal.