Qué es la educación en el asombro

Pedro González Núñez·
10 Julio, 2020
Este artículo ha sido verificado y aprobado por el psicólogo Sergio De Dios González al
07 Julio, 2020
La curiosidad es el motor del aprendizaje a edades tempranas. El niño, cuando experimenta, obtiene la propia respuesta natural del entorno en forma de conocimiento. Y es que, ¿hay algún reforzador más poderoso que el asombro?
 

Imaginemos por un momento a un célebre filósofo y pensador griego que se baña en su tina y, en pleno proceso, mientras juega con el agua, descubre un famoso principio físico que pasaría a la historia de la humanidad conocido como el Principio de Arquímedes. ¿Qué tiene esto que ver con la educación en el asombro? Veamos

Si no lo recuerdas, la anécdota continúa con Arquímedes feliz por su descubrimiento, saliendo desnudo a las calles de la ciudad gritando “Eureka”, que en griego quiere decir algo así como ‘lo logré’ o ‘lo conseguí’.

¿Significa esto que debemos educar a nuestros hijos para que corran desnudos cada vez que hagan un descubrimiento? No, ni mucho menos. Pero sí es un recuerdo de la alegría que puede generar un descubrimiento. Así que, igual que pasó con el bueno de Arquímedes, ¿por qué no promovemos que nuestros hijos se eduquen descubriendo y disfrutando de cada sorpresa y cada nuevo avance con asombro?

Recordemos que, para los niños, su entorno es, en esencia, es su campo de experimentación. Así pues, sus días están repletos de sorpresas. Por nuestra parte, si potenciamos los asombros positivos, lograremos que su curiosidad se mantenga, incluso más allá de lo físico, y trascendiendo a otros terrenos, como puede ser el social o el cultural.

 

“Todo lo que la experiencia vale la pena que nos enseñe, nos lo enseña por sorpresa”.

-Charles Sanders Peirce-

Bebé sorprendido

La educación en el asombro avalada por la ciencia

Esta forma de crianza en la sorpresa o educación en el asombro tiene valedores diversos entre los expertos. Uno de los más activos en su promoción y defensa es el neurocientífico Fabricio Ballarini, del CONICET, el Consejo Nacional de Investigaciones Científicas y Técnicas de Argentina, quien, además, avala que sea utilizado en todos los sectores de la sociedad, superando el ámbito educativo.

En lo que respecta al niño, dado sus esfuerzos por aprender tienen como resultado experiencias divertidas y emocionantes, no es necesario un refuerzo extrínseco para sus andanzas. Aprende que, en sí mismo, experimentar es una actividad placentera, lo que lo anima a ser curioso y a querer más.

 

Además, en un momento en el que cada vez más voces autorizadas, como la de la psicóloga y escritora Alicia Banderas, consideran que los niños están más sobreestimulados y no encuentran atracción en nada, el asombro y la sorpresa y los beneficios que aportan se están perdiendo.

Un pequeño que con apenas 6 u 8 años que maneja internet con soltura, pasa el día ante la pantalla y realiza sus deberes porque es su obligación, no encuentra motivos para aprender nada que no tenga relación con la informática y la navegación, sus videojuegos y algunas de sus aficiones. Pero en otras cuestiones como la ciencia, por ejemplo, pierden la motivación y el interés con facilidad.

Los beneficios de la educación en el asombro

La educación en el asombro tiene muchos beneficios. De hecho, ¿hay algo más bonito que conseguir que un niño tenga la paciencia suficiente por ver cómo una planta que él mismo ha sembrado crece y cobra vida? Pues eso es solo el principio:

  • El niño que se asombra cuando aprende es vivo, despierto, tiene ganas de conocer porque asocia ese fin a una sensación agradable. Por lo tanto, se multiplican las posibilidades de que sea curioso, deseará adquirir más conocimientos y desarrollará una actitud abierta a la investigación y el conocimiento.
 
  • La sorpresa no deja de ser un acto que implica ciertas emociones. El niño aprenderá a gestionarlas de la mejor manera si se convierten en algo relativamente habitual.
  • Además, este tipo de desarrollo en la sorpresa permite que los niños se conozcan mejor. Desde el punto de vista del asombro y las sensaciones y sentimientos que las acompañan, tanto si son positivos como negativos, el pequeño podrá hacer mejores asociaciones dependiendo de sus impresiones y experiencia.
Niña mirando una mariposa

La sorpresa, el asombro y la educación por edades

Dependiendo de la edad del infante, las técnicas a usar en la educación en el asombro variarán, como es obvio. Para ello, es buena idea centrarse en las fases del desarrollo cognitivo del niño propuestas por Piaget. Veamos:

 
  • Entre 0 y 6 años: es el momento en el que el niño se sorprende fácilmente. A partir de los 3 años, cuando ya no todo a su alrededor es nuevo, podemos provocar que el pequeño investigue y aprenda a través de juegos, permitiendo que descubra, y no explicando todo o dejando cada contenido demasiado masticado.
  • Hasta los 10 u 11 años: es más difícil que se sorprendan, pero podemos mantenerlos motivados para que deseen conocer. Por ejemplo, con los famosos DIY o hazlo tú mismo. Podemos ser sus guías, pero las manos ejecutoras deben ser las suyas; se trata de que ellos sean testigos de sus propias creaciones.
  • De 12 años en adelante: el niño ya maneja tecnología, puede incluso tener su propio teléfono móvil y el mundo no le sorprende en demasía. Para ello, es bueno como guías que aprendamos sobre su mundo y usemos la citada tecnología con tanta soltura como el joven, de forma que podamos seguir mostrándole cuanto no sabe y que le resulte igual de asombroso que cuando era más pequeño.
 

Gracias a la educación en el asombro, podemos formar a niños más activos, curiosos, motivados y con ganas de no dejar de aprender jamás. ¿Te apuntas?

Banderas, A., (2017). Niños sobreestimulados. Ediciones La Cúpula: Barcelona.