Qué es un esquema mental y por qué nos limita

Edith Sánchez · 17 marzo, 2019
Este artículo ha sido verificado y aprobado por la psicóloga Gema Sánchez Cuevas el 17 marzo, 2019
El esquema mental se forma a través del aprendizaje que adquirimos mediante nuestra propia experiencia. No siempre ese aprendizaje es correcto, pero lo mantenemos porque esto nos evita la ansiedad de enfrentarnos a lo nuevo.

Un esquema mental es un patrón de pensamiento que está arraigado en nosotros, a veces desde la infancia. Corresponde tanto a una manera de procesar la información que nos brinda la realidad, como los sesgos o tendencias con los que interpretamos el mundo y que tenderán a reforzar los propios esquemas.

También sería válido decir que el esquema mental es un conjunto de creencias centrales  en nuestra vida y sobre la base de las cuales organizamos nuestra visión de la realidad. Son inconscientes y se trata de estructuras por norma estables a lo largo del tiempo.

Un esquema mental explica, por ejemplo, por qué podemos pensar que una persona paciente y tranquila es débil. O por qué podemos creer que alguien que habla poco es menos inteligente o activo que quien habla mucho. También permite comprender la razón por la cual se instalan prejuicios frente a determinados grupos humanos, como mujeres, personas con otro color de piel, extranjeros, etc., e incluso sobre nosotros mismos.

Nada nos engaña tanto como nuestro propio juicio”.

-Leonardo Da Vinci-

El origen de un esquema mental

El concepto de esquema mental fue trabajado principalmente por Jean Piaget, un investigador suizo de mucho peso en la historia de la Psicología. Según sus planteamientos, los seres humanos nacemos con una especie de “procesador” básico en nuestra mente. Comprende conductas reflejas esenciales, esto es, funciones elementales que hacen posible una adaptación básica al mundo.

A medida que el niño crece, sus funciones cerebrales se desarrollan, siempre en función de lo que le ofrece el entorno. Cuando se encuentra con algo nuevo, dice Piaget, hay un choque. Resuelve ese conflicto incorporando esa nueva experiencia a lo que ya conoce o dando lugar a un nuevo aprendizaje. Este proceso involucra dos funciones: asimilación y acomodación. Es en ese proceso de acomodación donde se origina o transforma el esquema mental.

Se entiende más fácilmente con un ejemplo. El niño aprende que empuja una puerta y esta se abre. De pronto se encuentra con una puerta corrediza. Intentará empujarla, cada vez con más fuerza, pero comprueba que esta puerta no se abre. Si incorpora esto a su conocimiento previo, sin más, creará que las puertas de ciertas características no se abren. Si alguien le enseña la forma correcta de abrirla, aprenderá algo nuevo; al esquema mental previo, añadirá uno novedoso.

Niño con cerebro iluminado

Esquemas mentales que evolucionan o no

A lo largo de la vida los esquemas mentales se van modificando, a medida que se accede a nuevas experiencias y, por lo tanto, a nuevos aprendizajes. Sin embargo, esto no siempre sucede, principalmente porque podemos resistirnos a vivir experiencias nuevas o a incorporarlas a nuestros esquemas.

Frente al mundo físico hay leyes que se imponen a nuestras creencias. Las cosas caen, por la fuerza de gravedad, y es básicamente imposible negarlo. En cambio, en el terreno de los hechos subjetivos el asunto es más complejo.

Es posible, por ejemplo, que su madre se atemoriza y se aleja cada vez que ve a una persona pobre. El niño utiliza esa experiencia para formarse la idea de que ese tipo de personas son peligrosas.

Si esto permanece inalterado, es decir, si no cruza la barrera de la simple percepción de una apariencia, es posible que se aferre a ese esquema mental. La única evidencia que necesitaba de niño era el temor de su madre. Y más adelante no accedió a una nueva experiencia frente a esa situación.

Piezas de puzzle

Visiones limitadas

El gran problema con un esquema mental es que damos por hecho muchas “verdades” que no lo son. Esto opera de manera inconsciente, o automática. No somos conscientes de que estamos filtrando la realidad a través del tamiz que ofrece ese esquema.

De hecho, hay una fuerte resistencia a abandonar esos esquemas mentales. Y la hay porque dudar de lo que percibimos introduce un componente de incertidumbre (ansiedad) en nuestra conciencia: en muchos casos dudar de una premisa implica dudar también de lo todo lo que hemos construido sobre ella. Siempre es más cómodo aferrarnos a lo familiar, a lo ya conocido. Cimentamos la identidad con base en ello y no estamos dispuestos a dudar de lo que pensamos fácilmente.

Los esquemas mentales actúan/nos influyen de una manera silenciosa: son coherentes con el todo. Así, es difícil que lleguemos a ser conscientes de cómo actúan y de cuáles son sus consecuencias.

En ocasiones, cuando los modificamos y dejan de ser coherentes con el resto de esquemas, pueden producirnos emociones displacenteras derivadas de la disonancia. Aquí también podemos llegar a sentirnos mal sin saber por qué.

  • Moreira, M. A., Greca, I. M., & Palmero, M. L. R. (2002). Modelos mentales y modelos conceptuales en la enseñanza & aprendizaje de las ciencias. Revista Brasileira de Pesquisa em Educação em Ciências, 2(3).