Que me busques y me eches de menos dejó de importar cuando me marché

Cristina Roda Rivera · 1 julio, 2017

Que me busques cuando me echas de menos dejó de importar cuando me marché. Antes de cruzar esa puerta, dejé atrás una historia de entrega no correspondida. Una compañía nunca apreciada. Un juego de máscaras sin fin que dejó de ser divertido cuando tenía que mostrarme feliz mientras coleccionaba pedacitos rotos por dentro.

Pedacitos que se iban desprendiendo del yeso de tu máscara, que intentaba retirar sin destrozar porque creía que detrás de tu ego había alguien herido. Cada vez que lo intentaba, yo me ensuciaba más. Me llenaba de quimeras por promesas que se hacían sin tener en cuenta que para mí sí tenían importancia.

Sé que me echas de menos, pero yo me fui porque sentía que siempre estaba de más. Era la actriz/actor secundario de una historia de falso amor libre que solo escondía comodidad y exigencias por tu parte. Un juego en el que siempre perdía porque jamás obtuve cartas en el asunto, en el que consideraba que era el nuestro.

Cerré la puerta no para hacerte daño. Cerré ese puerta porque a veces hay que plantarse y dejar de seguir siendo un atrezo en una obra en la que nunca entendí el argumento. Cerré esa puerta para no ser, más que eso así que ahora que me eches de menos ya no importa.

Las ilusiones falsas de las rupturas

Hay ilusiones y esperanzas escondidas tras dar un portazo. Se esconde el deseo implícito de que la otra persona ” abra los ojos” y eche de menos lo que un día echó de más. Cuando eso sucede, estamos saboteando nuestra autoestima y nuestro amor propio. Damos el 100% de nuestro ser y aun así estamos dispuestos a pagar nosotros mismos los intereses a plazo fijo de las dudas e indecisiones de la otra parte.

Nos sentimos victoriosos cuando alguien reconoce tras una ruptura que nos necesita. No nos damos cuenta de que la victoria personal no se basa en ningún reconocimiento o arrepentimiento. La gran victoria es cerrar puertas para siempre cuando se dio todo y no se recibió nada.

El mayor triunfo es no reanudar una historia en la que las oportunidades para cambiar fueron infinitas y nuestra energía residía en esperar solo el cambio de la otra parte. Cerrar una puerta para siempre no es de ser fríos. Se trata de ser cálidos/as con nosotros mismos.

Cuerda rompiéndose

Posponemos nuestra tranquilidad emocional al otro implicado, como si nuestro criterio propio no fuese suficiente para acreditar y darnos cuenta de que nos hemos consumido por dentro y un “lo siento” tardío no cambia nada. Un “te echo de menos, vuelve” sin ofrecer ningún tipo de cambios nos expone a acceder de nuevo a la ruleta rusa de una relación llena de lagunas.

El amor nunca significa perder la dignidad

El amor no nos hace dignos, sino que nos aporta serenidad y pasión para vivir con una ilusión indescriptible. Un motor de plumas escondido en pequeños gestos y rutinas que nos salvan del ritmo frenético diario. Un colchón en el que deseamos una intimidad única, en contacto con nuestra piel, explotando nuestro sentidos y despertando nuestra conexión al mundo.

El amor no es esperar huecos de tiempo para suplir angustias. Recibir llamadas protocolarias que nos hagan entender que seguimos existiendo. El amor, entendido como una pareja abierta a diversos parámetros consensuados por ambas partes, es una relación y unión de fuerzas en las que ninguno de los que forman parte de ella debe sentirse como un comodín de cambio. Alguien que espera una respuesta certera que no llega ante mil planteamientos ambiguos.

“Existen algunas reglas acerca del amor y del matrimonio que sé que son verdaderas. Si no respetáis a la otra persona, vais a tener muchos problemas. Si no sabéis transigir, vais a tener muchos problemas. Si no sabéis hablar abiertamente de lo que pasa entre vosotros, vais a tener muchos problemas. Y si no tenéis un catálogo común de valores en la vida, vais a tener muchos problemas. Vuestros valores deben ser semejantes”

-Mitch Albom-

Barco con velas de alas

El amor libre y sosegado, en el que cada uno conserva su propia independencia, no debe confundirse con la explotación y aislamiento emocional de uno de los implicados. Eso no es amor libre, sino una libertad explícita para utilizar a conveniencia el amor que otra persona te brinda.

Así que cuando cierres puertas, piensa qué te ha llevado allí. Seguramente ningún tiempo del pasado fue mejor si te llevó ahí. Olvida las reconciliaciones literarias para seguir reescribiendo una novela que no lleva a ninguna parte. Un día ya no echarás de menos lo que un día alguien echó de más. Si te echa en falta, ya tuvo tiempo para arreglarlo. Ahora es tu tiempo y lo más importante eres tú para ti misma/o.