Queramos o no, los imprevistos ocurrirán

Este artículo ha sido verificado y aprobado por Gema Sánchez Cuevas el 27 mayo, 2018
Fátima Servián Franco · 27 mayo, 2018

¿Cuál es el propósito de la vida: vivirla o controlarla? Lo primero siempre nos reportará satisfacción, mientras que lo segundo nunca podremos llegar a hacerlo del todo. Entonces, ¿por qué no saborear las experiencias al máximo y exprimir lo que nos ocurre en cada momento? Está claro que los imprevistos ocurrirán, pero aprender a preverlos y a prepararnos para ello nos ayudará a disfrutar más de lo que no podamos controlar.

Por lo general, se utiliza la palabra “imprevisto” para describir algo que nos toma por sorpresa. Por ejemplo, cuando sucede algo que pensábamos que no podría ocurrir. Ahora bien, debemos saber diferenciar lo que es un imprevisto de algo que se puede prever. No podemos engañarnos a nosotros mismos llamando así a situaciones previsibles que, por pereza u olvido, no hemos querido hacer el esfuerzo de evitar. La falta de previsión lleva siempre a la improvisación, lo que no siempre puede salir bien.

Lo peor de los imprevistos es que, una vez han sucedido, estamos tan ocupados buscándoles solución que nos olvidamos de preguntarnos si no pudimos preverlos. Y al darnos cuenta de que es demasiado tarde para solucionar lo ocurrido solemos caer en el desánimo y la indefensión.

“El accidente es sólo orden imprevisto”.

-Novalis-

¿Cómo prepararnos para los imprevistos de la vida?

A veces, la vida se encarga de desbaratarlo todo, incluso los problemas que creemos tener. La existencia no es lo que pensamos o lo queremos, es lo que nos sucede. Solo actuando sobre lo que nos pasa, no sobre lo que imaginamos o deseamos, podremos atajar los imprevistos que nos van surgiendo.

Mujer pensando en quien no tiene tiempo para ella

No es fácil sobrevivir a los imprevistos, pero tampoco es imposible. Ante todo tenemos que tener claro que las situaciones inesperadas están y estarán siempre ahí. Esto implica que, cuando lleguen, es mejor estar preparados y disponer de recursos adicionales de los que poder echar mano. A continuación encontrarás cuatro consejos que te ayudarán a enfrentarte mejor a los sucesos inesperados de la vida:

  • Prepara un plan B. No dejes que tu éxito pueda ocurrir solo de una manera determinada. Siempre debes tener varios caminos abiertos.
  • Anticipación. Piensa cuáles son los sucesos más probables que puedan ocurrir, y prepara un plan de contingencia para cada uno de ellos.
  • Toma decisiones con autoconfianza. Aunque no tengas todos los datos frente a un imprevisto, confía en que sabrás qué es lo correcto en cada situación.
  •  Pide ayuda. No tiene nada de malo reconocer que algo te ha pillado desprevenido y que te vendría bien que te echaran una mano.

“No hay un manual: el mundo de las sensaciones y las relaciones está lleno de imprevistos”.

Hay personas que de tanto controlar se olvidan de vivir

Algunas personas viven pensando que pueden controlarlo todo. Esta creencia está relacionada con los fallos habituales de nuestra memoria, la cual a veces nos juega una mala pasada, al juzgar los hechos y tomar como únicos aquellos datos que avalan la conclusión a la que habíamos decidido llegar anteriormente. Incluso en ocasiones, esto puede llegar a provocar lo que se conoce como la falacia de control.

Hombre pensando en varias opciones

Por otro lado, las personas que se preocupan en exceso por mantener el control dan menos valor a disfrutar de la vida. Presuponen que tienen una responsabilidad excesiva sobre todo lo que ocurre a su alrededor, lo que les provoca cierto sentimiento de omnipotencia. O, por el contrario, se ven como incompetentes en grado extremo para manejar los propios problemas, de tal manera que se sienten externamente controladas por otros o por las circunstancias.

Estas características les hacen ser personas muy obsesivas y controladoras, dejando poco espacio a las situaciones disparatadas o divertidas. Además, suelen sufrir ante aquello que no se pueden controlar y cuando intentan controlarlo, terminan superados.

La terapia de aceptación y compromiso o ACT, nos plantea una reflexión acerca de la utilidad del control. Si bien es cierto que la mayoría de las situaciones y eventos comunes pueden ser manejados mediante nuestro esfuerzo consciente, existe un pequeño pero importante porcentaje de situaciones en las que ocurre todo lo contrario. Cuanto más intentamos controlarlas, más incontrolables y traumáticas se vuelven.

Al final la clave está en adoptar como mantra la frase conocida como Plegaria de la serenidad:

“Señor, concédeme serenidad para aceptar todo aquello que no puedo cambiar, fortaleza para cambiar lo que soy capaz de cambiar, y sabiduría para entender la diferencia.”

-Reinhold Niebuhr-