Reducir el miedo a la muerte: 5 hechos que pueden ayudarnos

25 Septiembre, 2020
Este artículo ha sido escrito y verificado por la psicóloga Valeria Sabater
Tememos la muerte, pero se nos olvida que no hay nada tan desolador como una vida no vivida. Es momento de entender la muerte de otra manera y reducir esa angustia. Profundicemos en una serie de cuestiones.

¿Cómo reducir el miedo a la muerte? Quien más o quien menos lo ha sentido alguna vez. Pocos miedos son tan universales e integrados a su vez en cualquier cerebro, en cualquier universo mental. Sabemos que es poco menos que el precio de estar vivos y que, al fin y al cabo, somos meros inquilinos en un mundo donde nada es eterno, donde todo cambia, fenece y se renueva.

Decía Nelson Mandela que la persona valiente no es aquella que no siente miedo, sino la que a pesar del miedo, se atreve a vivir. Ahora bien ¿cómo hacerlo? Somos conscientes de que, en ocasiones, pasan cosas que nos sitúan de pronto en ese borde. Un accidente, una enfermedad… El miedo a la muerte no es solo experimentar angustia por ese final, por el desconocimiento de no saber qué hay después.

Esa ansiedad se focaliza básicamente en dos aspectos: el temor al sufrimiento y el dejar a nuestras personas amadas. Son por tanto dos temores concretos y comprensibles. Es momento de profundizar en este aspecto. En nuestra sociedad, a diferencia de otras culturas, se habla poco de la muerte: resulta incómoda, duele y pocos se sienten preparados ante ella.

Es hora por tanto de profundizar en algunos aspectos.

Campo de lavanda simbolizando la importancia de reducir el miedo a la muerte

1. Reducir el miedo a la muerte: la aceptación, recuerda que no podemos controlarlo todo

Decía Daphne du Maurier que la muerte debería ser como una despedida en una estación de tren. Debería permitirnos al menos una última conversación, un último abrazo y marcharnos sin sufrimientos ni penurias. Sin embargo, debemos asumir que esto no es así. Somos esa sociedad que se despide cuanto antes de las personas fallecidas y que paga embalsamadores para que, en el último adiós, esos seres queridos nos parezcan casi vivos.

Solemos evitar que los niños vayan a los funerales o cementerios, logrando con ello una temprana incapacidad para entender y asumir qué es la muerte. Todo ello es entendible. Sin embargo, tenemos una cuenta pendiente con la aceptación. Decía Epícteto que debemos dejar de obsesionarnos con que las cosas pasen como nosotros queremos. Hay que aceptar las cosas tal y como vienen: asumirlo nos evitará sufrimientos.

Por otro lado, hay algo evidente. Se nos olvida que somos finitos, que lo que hoy damos por seguro mañana se puede perder. Integrar esta idea nos debe permitir enfocarnos en lo más relevante: vivir la vida con pasión porque es breve, porque no somos eternos.

2. Ya conoces el sufrimiento físico y no, el final no tiene por qué ser doloroso

En un estudio realizado en la Universidad de Haifa (Israel) se pudo ver que la ansiedad por la muerte o tanatofobia suele estar ausente en los ancianos; ellos no temen morir. Lo que les angustia es el proceso de la muerte. Dicho de otra manera: el sufrimiento.

Para reducir el miedo a la muerte debemos dejar de focalizarnos en la angustia por el dolor. El final no siempre va de la mano del sufrimiento o de un dolor constante e insoportable. Hay finales tibios, rápidos y hasta plácidos. Tenemos además la medicina y los cuidados paliativos.

Asimismo, hay algo evidente: quien más y quien menos ya conoce el sufrimiento físico, ya estamos familiarizados con él. Si lo has vivido en algún momento, sabes que puede soportarse y que es algo que siempre termina, que acaba desapareciendo.

3. ¿Qué va a pasar conmigo? ¿Dónde irá mi conciencia?

Es cierto, uno de nuestros temores es no saber qué pasa después. ¿Desaparecemos? ¿Dónde va a parar nuestra conciencia y todo lo que somos y hemos sido durante nuestra existencia? Tememos la nada, la ausencia, nos aterra el no ser, el no tener… Y, sin embargo, el que es sin duda el mayor de los misterios de nuestra existencia es algo que sucede a diario en todo el mundo. Nacemos y morimos, nada es tan natural.

Lo más idóneo en estas situaciones es aferrarnos a nuestras creencias. Hay quien tiene la esperanza de reencontrarse con los suyos, con aquellos que se fueron en un momento dado. Es una buena opción. Otros se focalizan en su religión, en su espiritualidad… Siempre es bueno creer en algo, si ese algo nos confiere paz y esperanza.

4. Cerrar heridas, desatar nudos

Para reducir el miedo a la muerte nunca está de más cerrar cuentas pendientes y nudos existenciales para afrontar ese paso con menos cargas mentales. Es un modo de llegar a ese momento más satisfechos, sin arrepentimientos, sin lamentar lo que no pudimos hacer o solucionar.

De ahí que sea adecuado solucionar ese problema que tuvimos con alguien en el pasado, reconciliarnos con algún familiar o simplemente pedir perdón o incluso perdonar. Pensemos en ello.

Hombre en el horizonte pensando en reducir el miedo a la muerte

5. Una vida significativa para una muerte tranquila

Quien ha tenido una vida plena no teme el final de una manera tan intensa. Para reducir el miedo a la muerte, la mejor estrategia no es otra que saber disfrutar del día a día con todo el ánimo, el corazón y la valentía. No es bueno llegar a ese instante final habiéndonos quedado con las ganas o peor aún habiendo vivido mal la vida. ¿A qué nos referimos esto último? 

Una existencia insatisfecha es aquella que no ha sabido apreciar el maravilloso don que es estar vivo, contar con buenas personas alrededor y con un mundo lleno de bellezas y posibilidades. El objetivo no es otro que dejar que la muerte nos sorprenda disfrutando al máximo de nuestra existencia.

  • Sinoff, G. (2017). Thanatophobia (death anxiety) in the elderly: The problem of the child’s inability to assess their own parent’s death anxiety state. Frontiers in Medicine4(FEB). https://doi.org/10.3389/fmed.2017.00011