Las 9 reglas democráticas según Aristóteles

Pedro González Núñez · 22 abril, 2017

El sabio no dice todo lo que piensa, pero siempre piensa todo lo que dice”. Esta frase es importancia porque estamos en un tiempo en el que muchos políticos hablan como si hubiesen inventado la democracia. Sin embargo, este sistema de gobierno tiene más de 2500 años. Por eso hoy me gustaría hablar de las 9 reglas democráticas según Aristóteles, autor de la cita inicial.

Si bien no hay que idealizar la democracia griega, que realmente no fue tal, sino más bien de Atenas y de alguna ciudad de sus alrededores, sí que tenemos mucha historia para aprender y comparar. Pese a no ser sistemas iguales a los actuales, no cabe duda de que muchas de las premisas presentes en nuestros días se basan en aquellos preceptos.

La democracia ateniense

Muchas ciudades o polis, como se llamaban entonces, no tenían realmente un sistema democrático de gobierno. Si pensamos en Esparta, por ejemplo, encontramos muchas más similitudes con un poder castrense que con la elección libre de los líderes.

Además, la democracia en Atenas y otras polis, pese a que diferían entre sí, solo permitía la participación de los varones de las familias adineradas. Es decir, que las mujeres y niños, los esclavos y los extranjeros estaban excluidos. Sin embargo, resulta curioso que ya hace 2500 años, o puede que incluso más, hubiera sociedades se organizaran de forma que el más justo, sabio o virtuoso tuviera que gobernar con sapiencia para su pueblo, pese a sus limitaciones.

Pilar

Si miramos la evolución social e histórica del hombre, podemos observar que la democracia actual, donde en muchas existe un sufragio universal, es verdaderamente joven. Los sistemas más antiguos apenas tienen unos 300 años de edad. ¿Qué hubiera pasado si de aquella civilización griega hubiese quedado algo más que mera memoria durante casi 2000 años?

Las reglas democráticas según Aristóteles

Sea como fuere, el objeto de este artículo no es imaginar qué hubiera pasado, sino acercarnos a las reglas democráticas según Aristóteles. Este filósofo griego estableció una serie 9 preceptos en su libro “Política”.

Todas las magistraturas se eligen entre todos

En cierto modo, y dado que la política afecta a todos, todos tienen derecho a influir en ella. No es muy diferente a la situación actual, en realidad, aunque no es lo mismo una participación de unos cientos de varones ricos que millones de ciudadanos de un país, por lo que esta regla hoy en día está muy diluida, pero su espíritu permanece.

“El único Estado estable es aquel en que todos los ciudadanos son iguales ante la ley”

-Aristóteles-

Todos mandan sobre el individuo y viceversa

Aristóteles buscaba una democracia sin puntos ciegos, para lo que los intereses colectivos e individuales debían encajar perfectamente. Algo que todavía permanece supuestamente en la democracia actual, aunque no siempre se suele cumplir.

Cargos públicos por sorteo

Una de las reglas más interesantes que propuso Aristóteles fue que la elección de cargos públicos que no necesitasen gran conocimiento técnico se hiciese por sorteo. Con esto quería evitar el temido tráfico de influencias, algo “tan de moda” en la actualidad, por desgracia.

Imposibilidad de ejercer el mismo cargo dos veces

Para Aristóteles, permanecer demasiado tiempo en el mismo cargo podía mezclar intereses personales con objetivos políticos. Un detalle curioso con el que millones de ciudadanos parecen estar de acuerdo hoy en día, pero pocos de los que se dedican al servicio público.

Una persona solo puede ocupar una vez un cargo público

Esta quinta regla entronca directamente con la anterior, buscando una cierta separación de poderes. Sin embargo, hacía una excepción en aquellos que se dedicaban a la protección de la ciudad. En las democracias actuales podemos ver cómo esto ha cambiado mucho: los políticos parecen saltar de cargo en cargo: de presidentes de comunidades, a ministros, a consejeros, a senadores, etc.

Aristóteles

Cargos públicos de corta dirección

Aristóteles tenía especial obsesión por evitar que los humanos se corrompiesen por el poder. De ahí que estipulase una regla que implicaba la corta duración del cargo público para que los intereses personales no interfiriesen en su vida política. No cabe duda de que este punto abre un debate hoy en día de plena actualidad por la corrupción política que viven muchos países democráticos.

Los tiranos se rodean de hombres malos porque les gusta ser adulados y ningún hombre de espíritu elevado les adulará”

-Aristóteles-

Los cargos elegidos administraban justicia

Para evitar la injusticia, serían los cargos elegidos democráticamente quienes debían administrar justicia, que necesariamente tenía que estar por encima de objetivos políticos. Observamos que la democracia griega tenía una separación de poderes más difusa que la actual.

La asamblea del pueblo tenía poder sobre lo demás

Parecido a lo que hoy consideramos un referendum, las decisiones más importantes debían tomarse por el pueblo soberano, y no por unas pocas personas. En este sentido, países como Suiza siguen siendo fieles a esta regla aristotélica.

No existen cargos públicos vitalicios

Ya hemos visto la preocupación del filósofo por evitar la corrupción política. Es evidente que el extra de poder de un cargo público vitalicio podía acabar en situaciones de injusticia. De hecho, la democracia actual lucha contra esta situación, aunque no en todos los países con el mismo rigor.

¿No te parece curioso que casi cualquiera de estas reglas democráticas según Aristóteles se puedan adaptar a la situación actual? ¿Tan poco hemos cambiado en más de 2000 años? Sea como fuere, merece la pena leer a los grandes sabios y aprender de ellos.