Russian Doll: nihilismo y complejidad contemporáneos

Este artículo fue redactado y avalado por la crítica de cine Leah Padalino
17 marzo, 2019
Russian Doll es una serie divertida y amena que burla los convencionalismos. Se ríe de todo y dibuja el modelo urbano actual para, posteriormente, sumergirnos en la complejidad de las personas que lo habitan. En forma de bucle y con cierto humor negro, descubrimos una historia que va de la risa a lo sobrenatural.

Russian Doll es una de las últimas apuestas de Netflix, una serie protagonizada por Natasha Lyonne, que también se estrena como creadora junto a Amy Poehler y Leslye Headland. La serie se mueve entre la sátira, la comedia y el humor negro, pero también aborda cuestiones mucho más profundas. Lo cierto es que, tras haberla visto, las sensaciones son algo raras y confusas.

Episodios breves que mantienen el ritmo y funcionan en forma de bucle atraen la atención del espectador. Cuando ves el primer episodio, no sabes si seguir o no, si va a ser todo el tiempo un bucle o, en algún momento, la trama dará un giro radical. Y eso es, precisamente, lo que te invita a permanecer pegado a la pantalla: la incertidumbre.

Nadia es una joven neoyorquina que acaba de cumplir 36 años, es programadora, trabaja en el mundo de los videojuegos y tiene problemas de adicciones. Asistimos a su fiesta de cumpleaños, pero no por mucho tiempo, Nadia muere esa misma noche de forma repentina. Pero no acaba ahí la historia, sino que resucita y vuelve al punto exacto en el que había comenzado todo: a su fiesta de cumpleaños.

¿Vamos a ver todo el tiempo un bucle en el que Nadia muere y vuelve a resucitar? Sí, pero no, porque Nadia recuerda que ha muerto y se enfrentará a diversos finales paralelos.

Pese a su estructura, la serie va desvelando información, nos va sumergiendo en distintas aventuras y, de manera constante, juega con nuestras dudas. En una fiesta infinita y cargada con mucho humor, Russian Doll nos presenta una interesante aventura entre la vida y la muerte.

Russian Doll: caracterizando una sociedad

Aunque su promoción no fue de las más destacadas, lo cierto es que la serie ya cuenta con el aplauso de la crítica. En el sitio Rotten Tomatoes, encargado de recopilar algunas de las críticas más relevantes, Russian Doll ya roza el 100% de aprobación, una cifra más que significativa.

Russian Doll es una apuesta arriesgada, parte de lo sobrenatural para dibujar una realidad. La serie se construye en la ciudad de Nueva York, una ciudad emblemática que ha servido de escenario a infinidad de series y películas.

El modelo urbano, cosmopolita y una juventud tardía con poder adquisitivo parece encajar a la perfección en esta ciudad. Y es que para residir en una ciudad como esta, hace falta algo más que un trabajo estable.

La ‘bohemia’ actual ya no se configura en apartamentos económicos en los que viven distintos artistas. Ahora, la creatividad pasa por otros lugares como internet o los videojuegos; y las excentricidades, de algún modo, responden al consumo. Esto puede resultar bastante contradictorio, sin embargo, lo que vemos en la serie responde a este nuevo modelo de vida.

Lejos de otras series, como Sexo en Nueva York, que idealizaban esa vida de mujeres modernas e independientes con poder adquisitivo, las mujeres de Russian Doll se alejan de los convencionalismos.

Nadia es carismática, fuma de forma compulsiva, se droga siempre que puede y rara vez acude a su puesto de trabajo. Sin embargo, puede permitirse un apartamento en el que vivir sola y no pasa apuros económicos.

Sus amigas también escapan de los convencionalismos, entre orgías, fiestas y excentricidades ven el fluir de la vida. A pesar de que se trata de personas adultas, muchas de sus actitudes nos hacen pensar en cierto aspecto infantil.

Una forma de vida que roza el nihilismo, en una ciudad demasiado frenética y habitada por personas que, como Nadia, obtienen placer a través de los excesos.

El hecho de que los personajes fumen, aunque a simple vista pueda pasar como algo inadvertido, como un simple apoyo a esta visión de la vida, resulta totalmente rompedor. Actualmente, apenas encontramos series norteamericanas en las que el tabaco adquiera un papel relevante, en las que un personaje se asocie, de forma inmediata, al cigarrillo.

El formato bucle entre la vida y la muerte, las adicciones y la actitud de los personajes dibujan una sociedad muy actual, muy real y refuerzan la idea del nihilismo.

Nada importa demasiado, todos vamos a morir y las consecuencias de nuestros actos no deberían preocuparnos, de este modo, los personajes adoptan cierta actitud hedonista ante la vida. Es decir, si el mañana no debería preocuparme, puedo fumar, drogarme y dejarme llevar por los placeres. 

Nadia, detrás de la armadura

Toda esta idea que veníamos planteando, de algún modo, comienza a desmoronarse en el momento en que Nadia es consciente de que sus actos y sus decisiones pueden repercutir en el futuro.

El bucle va más allá de la vida y la muerte para terminar construyendo diversas realidades o posibilidades que derivan de las acciones de Nadia. Si muere y vuelve al punto de partida, seguramente, es que hay algo pendiente, algo que no está haciendo del todo bien.

Nadia, de forma cómica, deberá sortear las trampas de la muerte -desde escaleras, hasta coches y fugas de gas-, con el fin de aguantar viva el máximo tiempo posible y poder resolver todos sus asuntos. Lo que parecía una broma del destino comienza a cobrar sentido, vamos descubriendo nuevas ‘capas’ de Nadia para, finalmente, darnos cuenta de que no está sola en esta peculiar aventura.

Los diversos ‘despertares’ recuerdan enormemente al filme Groundhog Day y sirven al espectador para profundizar en la personalidad de Nadia.

El personaje guarda ciertas similitudes con la actriz que la interpreta, la carismática Natasha Lyonne. Lyonne sufrió serios problemas de adicciones y, como Nadia, se encontró varias veces al borde de la muerte.

En realidad, los bucles sirven para construir -o descubrir- las diversas capas que conforman la personalidad de la protagonista. Una serie de conflictos internos, voces del pasado y recuerdos han hecho mella en la Nadia que vemos en pantalla.

Bajo una imagen de excentricidad, adicciones y verborrea se esconde mucho más. Nadia es inestable y, como indica el título de la serie, una muñeca rusa. Su propio apellido, Vulvokov, evoca raíces rusas y la idea de la muñeca se asocia a la matrioshka. En otras palabras, las matrioshkas son muñecas que, en su interior, esconden réplicas cada vez más pequeñas y, en ocasiones, menos detalladas. Estas pequeñas muñecas se esconden en una muñeca mucho más grande.

Nadia, como una matrioshka, no es solo lo que vemos, sino que guarda en su interior un gran número de voces y de ‘pequeñas Nadias’ de su pasado. Un conjunto que se encuentra en conflicto y no es capaz de dialogar, no es capaz de conformar una ‘Nadia’ en armonía. Por ello, cada uno de los ‘despertares’ nos dará pistas de la auténtica Nadia y será ella quien deba lidiar con su pasado y encontrar esa armonía.

En definitiva, Russian Doll es una serie tremendamente entretenida, capaz de viajar de lo trágico a lo cómico en cuestión de segundos. Se ríe de todo, burla las apariencias y viaja a la profundidad y complejidad del ser humano.