Señales de que una persona sufrió negligencia emocional en la infancia

La negligencia emocional deja huellas en la personalidad, la confianza y la forma de gestionar las relaciones en la adultez. ¡En este artículo te lo contamos!
Señales de que una persona sufrió negligencia emocional en la infancia
Elena Sanz

Escrito y verificado por la psicóloga Elena Sanz.

Última actualización: 08 noviembre, 2022

En buena medida somos el producto de cómo fuimos criados. El papel de los progenitores es mucho más relevante de lo que pensamos; no solo atienden las necesidades físicas de los hijos, sino que también moldean su mundo emocional. Cuando en esta esfera se registran protocolos emocionales poco adaptativos, derivados de negligencias emocionales sistemáticas durante los primeros años de vida, el devenir en la edad adulta queda comprometido.

Puedes observar estas huellas en ti mismo o en una persona cercana, pero has de saber mirar. Y es que generalmente quienes sufrieron negligencia emocional parecen estar bien, parecen tenerlo todo bajo control.

Suelen ser personas amables, generosas y conciliadoras, cuya compañía es agradable; pero, si ves más profundamente, observarás grietas, heridas y carencias del pasado que siguen teniendo consecuencias en su forma de afrontar lo que les ocurre ahora.

Niño triste
La negligencia emocional ocurre cuando las necesidades de los niños son ignoradas.

¿Qué es la negligencia emocional?

Este es un concepto con el que quizás no estés familiarizado, y es que no es tan sencillo de detectar. Cuando se producen abusos o agresiones activas, estas suelen ser claramente visibles. Los gritos, los insultos o las amenazas son elementos salientes; destacan el trascurrir de los acontecimientos como ese instrumento que está desafinado.

Ahora bien, la negligencia emocional implica una carencia, algo que era necesario, que debió haber estado, pero que no se obtuvo. Y hay determinadas necesidades que no fueron cubiertas y cuya demanda ignorada quizás no fue tan fácil de apreciar.

Entonces, ¿cómo se produce la negligencia emocional? Los tutores:

  • Ignoraron las necesidades del niño; de manera especial, las emocionales.
  • Ridiculizaron y despreciaron sus emociones.
  • Premiaron formas de afrontamiento o de gestión emocional que no eran nada adaptativas, como la violencia o la indiferencia.
  • No lograron, o lo hicieron en contadas ocasiones, que el niño se sintiera protegido y con cierto control sobre su entorno.
  • Rara vez demostraron un cariño o un amor incondicional. Frases como “si no … , ya no te voy a querer” pueden ser muy efectivas para lograr que un niño haga lo que queramos, pero también extraordinariamente peligrosas para su diálogo interno.

En base a estas vivencias, el niño aprende que sus emociones no son importantes y que no son aceptables. Entiende que nadie las va a acoger y que al expresarlas, molestará a personas a las que quiere. Así, para sobrevivir, (y teniendo en cuenta que depende totalmente de los adultos), opta por desconectarse de ellas y reprimirlas.

Señales de que una persona sufrió negligencia emocional

Se ha visto que los cuidadores poco sensibles y receptivos hacen que entre ellos y el infante se desarrolle un vínculo de apego inseguro. Esto marca la personalidad, la confianza y la manera de gestionar los eventos que ocurren en la esfera social, y se manifiesta en comportamientos y actitudes tienen un impacto realmente importante en la vida adulta.

Así, para reconocer a alguien que sufrió negligencia emocional en la infancia puedes buscar los siguientes indicios:

  • Es una persona complaciente. Se preocupa mucho por agradar, por cumplir exactamente con lo que los demás esperan de ella. Podemos decir que este es su reforzador más potente, y por ello es muy vulnerable por aquellas personas que quieran hacerlo, ya sea de manera consciente o inconsciente.
  • Ante la anticipación de un posible conflicto, opta por ceder de manera sistemática.
  • Uno de sus principales temores es que alguien pueda considerarla una mala persona. Lo que la hace muy sensible a las críticas. Cuando alguien expresa disgusto o desacuerdo, se siente realmente incómoda; aunque la persona que se queja no la esté identificando a ella como responsable, no es raro que se disculpe y que también lo haga por el señalado. No quiere conflictos con ella, pero tampoco los quiere a su alrededor.
  • Rara vez habla de sus emociones o comparte cómo se siente.
  • Tiene muchas dificultades para confiar realmente en los demás.
  • Convive con una sensación constante de tristeza y vacío que parece arrastrar allá donde va; es como una especie de sombra.

Estas actitudes reflejan las ideas principales que la persona extrajo de su infancia: mis emociones no son importantes, no son válidas y al compartirlas solo molestaré a otros o me rechazarán por hacerlo. Dichos mecanismos de defensa pudieron ser útiles en su momento, pero hoy en día son un lastre y una limitación que puede afectar el bienestar personal y las relaciones con los otros.

¿Cómo actuar al respecto?

Afortunadamente, hay varias medidas que pueden tomarse para revertir esta situación y sanar las heridas de la negligencia emocional.

  • Entender lo que ocurrió y aceptarlo. Conocer el concepto de negligencia emocional, saber que fuimos víctimas de ello e informarnos al respecto puede sernos muy útil para entender qué nos ocurre. Desde este entendimiento es que podemos abrazar a nuestro niño herido y hacernos cargo, hoy, desde nuestra posición de adultos.
  • Trabajar la inteligencia emocional. Es un factor fundamental que nos faltó en la infancia, pero que ahora podemos abordar. Ampliar nuestro vocabulario emocional, aprender a identificar las emociones y adquirir recursos para expresarnos y regularnos es fundamental.
  • Comenzar a priorizarnos. Esto es, saber conectar con lo que sentimos, queremos, deseamos o necesitamos antes de preguntarnos qué necesita el otro. Establecer límites, hacer las peticiones necesarias y buscar nuestro bienestar. Esto no es egoísta sino saludable, ya que (pese a que nos hicieran sentir lo contrario) tenemos derecho a hacer ruido, incomodar y tener voz y voto.
  • Practicar la autodivulgación y permitirnos ser vulnerables. Hablar sobre nosotros mismos, sobre nuestras inquietudes, temores y sueños es necesario para poder crear intimidad emocional con otros. Hasta ahora el miedo nos ha llevado a encerrarnos tras un muro, pero es hora de bajar la guardia y abrirnos a los demás paso a paso.
  • Ofrecernos la validación emocional que nos faltó. Un adulto en esta situación necesita trabajar y mejorar la relación consigo mismo, fortalecer su autoestima y darse ese apoyo, afecto y sostén que no obtuvo en la infancia. Aprende a acoger tus propias emociones, a entender que son válidas y lícitas. No te culpes ni te fuerces a sentir algo diferente, solo permítete ser y acompáñate en tu sentir con autocompasión.
Mujer mirándose al espejo
Trabajar en nuestra propia gestión y validación emocional es importante para sentirnos mejor.

Acompañar la sanación

Las huellas de la negligencia emocional comienzan a borrarse en el momento en que la identificamos. Como hemos apuntado, esta no es una tarea sencilla, ya que puede camuflarse de muy distintas formas.

Los pacientes que han sufrido negligencia emocional suelen llegar a consulta con una queja prácticamente unánime: hace años que me siento mal, pero no sé por qué -cuidado, que pase esto no significa necesariamente que detrás haya una negligencia emocional-. Muchas de ellas dicen tener a su alrededor personas a las que quieren y por las que se sienten queridas, un buen trabajo y aspiraciones para el futuro. Sin embargo, hay algo que, por lo que sea, no encaja.

En una segunda instancia, nuestro propósito será el de identificar aquellas vías por las que la negligencia, en caso de existir, sigue teniendo influencia en el presente. Finalmente, lo que nos queda es intervenir de un modo consciente sobre esa influencia. Este no es un camino sencillo, por lo que es muy recomendable buscar la ayuda de un profesional.

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