Señales: traumas en el cine de Shyamalan

05 Mayo, 2020
Este artículo ha sido escrito y verificado por la crítica de cine Leah Padalino
La idea de una invasión alienígena ha alimentado la ciencia ficción durante siglos. Shyamalan, en Señales, explora esta rama del fantástico a través de una familia y de unos personajes muy reales con problemas tremendamente verosímiles.

El nombre de M. Night Shyamalan está profundamente vinculado al misterio, al suspense y a lo fantástico, aunque la realidad es que se trata de un cineasta marcado por los altibajos, por los grandes éxitos como El Sexto Sentido, pero también por algún batacazo como El incidente.

Un cineasta que vino pisando muy fuerte y que, tal vez, dejó el listón muy alto y le ha resultado difícil mantener a la crítica contenta.

Quizás, en su día, nos regaló títulos que no terminaron de calar y, actualmente, los estamos redescubriendo. Hoy hablamos de Señales (2002), una película cuyo estreno despertó un enorme interés; un filme con un gran presupuesto que, aunque gustó, en la memoria parece no haber dejado una huella profunda.

Señales es un filme de fantasía y suspense que centra su atención en una familia cuya rutina se ve invadida por la presencia de unos extraños círculos en su cosecha.

Estos círculos, conocidos como agrogramas, invitan al espectador a creer en la existencia de una amenaza, una amenaza no humana que hará tambalear los cimientos de nuestra especie. Paralelamente, los personajes deberán afrontar sus propios temores y reconciliarse con su pasado.

Señales: una nueva masculinidad

El cineasta indio destaca por su habilidad para narrar historias de corte sobrenatural, pero no exentas del componente dramático. Nos sitúa en una tesitura misteriosa en la que el espectador se siente involucrado y tratará de encajar todas las piezas del rompecabezas.

En Señales, nos presenta a una familia compuesta por Graham Hess, un pastor protestante que dejó su vocación al enviudar; Merrill Hess, hermano de Graham y exjugador de baseball cuya carrera quedó algo frustrada; Morgan, el hijo mayor de Graham y Bo, la hija pequeña.

El mundo del cine y del arte siempre puede ser visto como un reflejo -a veces distorsionado- de la realidad del momento. En nuestro artículo de El Sexto Sentido, hacíamos hincapié en la importancia que tenía mostrarnos una familia monoparental a finales de los años 90. Pues se trataba de algo que, pese a lo irrelevante que pueda parecer, respondía a una necesidad: a la necesidad de representar una realidad cada vez más mayoritaria de la que el cine parecía no hacerse eco.

Lo mismo ocurre en Señales, aunque el hilo conductor de la historia no es otro que la amenaza que provocan los extraterrestres, Shyamalan aprovecha la ocasión para mostrarnos un tipo de familia menos convencional, pero no por ello menos real.

De hecho, la innovación se produce al presentarnos una figura paterna que, con frecuencia, podríamos haber asociado a una mujer. Es decir, en cierto modo, Shyamalan se atreve a presentarnos una nueva masculinidad que, por suerte, cada vez está adquiriendo una mayor presencia en el cine. 

Observamos a una familia que debe unirse ante la adversidad y superar sus miedos. A un padre que, lejos de tener un apoyo femenino, cuenta con el apoyo incondicional de otro hombre: su hermano.

En definitiva, Shyamalan nos trae hombres que lloran, que sufren, que tienen traumas y que, como cualquier otro ser humano, buscan apoyo en la familia y luchan contra la adversidad.

No es que se trate de algo absolutamente novedoso y, en la última década, se está convirtiendo en lo normativo. Sin embargo, se trata de una ruptura clara con el referente antiguo, con la masculinidad estereotipada y con el modelo familiar que presentaba el cine más comercial y parecía indestructible.

Adultos y niños sobre un coche

Mantener el suspense

Como buen admirador de Hitchcock, el cineasta encontró en Los Pájaros una buena fuente de inspiración para Señales. La amenaza sobrenatural se adueña de lo real, de un entorno y unos personajes que parecen estar sacados de nuestro propio mundo.

La inquietud viene dada por la puesta en escena y la presencia de la amenaza es sugerida. Todo parece indicar la presencia de extraterrestres, pero su materialización se hará esperar. Mientras tanto, el espectador se dejará llevar por la especulación, por el susto y por el suspense.

En este sentido, me gustaría rescatar la figura del filósofo y teórico literario Tzvetan Todorov, que hacía hincapié en la importancia de la dualidad. Es decir, debía producirse un contraste entre lo real y lo imposible, provocando la implicación del lector y generando la duda. A un mismo hecho podemos darle una explicación racional y otra irracional, en esa tensión, recae lo fantástico.

El hecho de que el protagonista sea un pastor protestante con serios problemas de fe ayuda enormemente a situar al espectador en esa tesitura de explicación sobrenatural frente a la racional. El espectador percibe esa duda como propia y, como consecuencia, mantendrá su atención con el fin de descubrir el desenlace.

La puesta en escena, como decíamos, juega a su vez un papel fundamental, produce escalofríos y nos invita a continuar el relato. De este modo, Shyamalan nos conduce a un sótano oscuro y claustrofóbico en el que se refugia la familia mientras la amenaza tan solo es perceptible a través del sonido. Utiliza con destreza la luz -o la ausencia de la misma- para mantener ese misterio.

En el sótano, tan solo podemos ver gracias a la luz de una linterna, igual que los personajes. Del mismo modo, los reflejos, las sombras y el uso del fuera de campo contribuyen a generar esa sensación de angustia y suspense en el espectador, creando un efecto mágico y cuasi místico que logra la empatía con los personajes.

Adulto y niños con gorros de papel de aluminio

El problema de la comunicación

En medio de todo lo fantástico, lo cotidiano cobra una relevancia excepcional y se materializa a través del trauma y los problemas de la comunicación.

El problema de la comunicación será una constante y, en esta línea, encontramos cierta dualidad en las relaciones y en los conflictos internos de los protagonistas, tal y como apunta el profesor y guionista Antonio Sánchez-Escalonilla en su artículo “Incomunicación y trauma en el cine de Shayamalan”.

Señales plantea un conflicto externo -la invasión de los extraterrestres- de forma paralela al conflicto interno de su protagonista -el trauma por la muerte de su esposa-. Conforme se resuelve el conflicto y se avanza en la trama, Hess irá descubriendo y aceptando su verdadera identidad; logrará, al fin, comunicar el trauma que le había aislado de sí mismo.

La evolución del protagonista se da de manera simultánea a la evolución del tema central de la narración. Graham Hess parece no encajar en el mundo en el que le ha tocado vivir, ha perdido el rumbo, la fe que era el centro de su vida.

El relato aparece fragmentado, pero terminará por asimilarse y repetir una fórmula que a Shyamalan le funciona muy bien: al terminar la película, el espectador percibe que “ahora todo tiene sentido”. De hecho, un segundo visionado de sus filmes cambia absolutamente la percepción, identificando nuevos relieves.

Shyamalan narra historias de misterio marcadas por la desesperanza, la tristeza y la soledad que terminan sucumbiendo a una especie de ‘viaje del héroe’, de camino hacia el aprendizaje.

En definitiva, la ausencia comunicación es el gran problema de los personajes en Señales, pero también lo es para el espectador que tratará de recomponer unas historias marcadas por el fuera de campo, por unos encuadres que muestran la información dividida, desordenada y que impiden que la historia adquiera sentido.

Shyamalan esgrime una metáfora, establece un paralelismo entre los conflictos personales y el entramado maravilloso sobre el que reposan sus filmes.