El sentimiento de culpa en las madres: una condición común

En general, el sentimiento de culpa aporta muy poco. Cuando mucho, lleva a fustigarse y a recriminarse, pero no permite llegar al fondo de una situación, ni es un buen precedente para corregir un error. Siempre sobra.
El sentimiento de culpa en las madres: una condición común
Gema Sánchez Cuevas

Revisado y aprobado por la psicóloga Gema Sánchez Cuevas.

Escrito por Edith Sánchez

Última actualización: 09 enero, 2022

A veces podemos tener la sensación de que la maternidad y el sentimiento de culpa son dos realidades que van siempre de la mano. A lo largo y ancho del planeta, esa condición es muy común en las madres de todas las edades, nacionalidades y creencias. No tendría por qué ser así, pero lo cierto es que se trata de una situación muy frecuente.

Está claro que la maternidad despierta unos sentimientos de amor y de ternura más intensos que cualquier otra condición. También es verdad que los niños necesitan a sus madres para sobrevivir y desarrollarse. El punto es que de ese sentido de responsabilidad al sentimiento de culpa hay solo un paso, que muchas madres dan.

Lo peor de todo es que algunas madres  llegan a experimentar sentimiento de culpa prácticamente por todo. Si se quedan en casa cuidando de los niños, se culpabilizan por no ocuparse de sí mismas. Si van a trabajar, piensan que están fallando a los pequeños. Si los miman porque los mimaron, si no porque no. Incluso, cuando ya son adultos, siguen sintiendo que si algo anda mal en sus vidas es por su culpa.

La culpabilidad, la vergüenza y el miedo son los móviles inmediatos del engaño”.

-Daniel Goleman-

Mujer triste

El sentimiento de culpa en las madres

A veces es tan fuerte el sentimiento de culpa en las madres que estas se culpabilizan por sentirse culpables. Si no se trabaja, se puede convertir en un auténtico infierno: se sumergen en un estado emocional que les impide visualizar con claridad su papel en la crianza y en las responsabilidades que tienen con ellas mismas.

Lo primero que debe pensar una madre es que no va a hacer su papel de manera perfecta, ni tendrá hijos perfectos , ni la vida perfecta. Eso se queda para los folletines rosa. En la vida real, una madre, y todo ser humano, comete errores con frecuencia, lo cual es bueno porque de ellos que se aprende. De hecho, no siempre se aprende y tampoco es grave: solo humano.

Ahora bien, en la vida sí cuentan las intenciones. Casi todas las madres tienen la intención de desempeñar su rol de la mejor manera posible para sus hijos y esto es lo más importante.

Sin embargo, también una madre se cansa, se apresura a decidir y luego se da cuenta de que debió pensarlo mejor; se ofusca, se deprime y tiene todas las experiencias que puede tener cualquier persona. No hay que ser sobrehumanas para ser buenas madres.

Dos factores clave

Hay dos factores clave que toda madre debe tener en cuenta antes de alimentar el sentimiento de culpa. El primero es que nada le hará tanto bien a un hijo  como tener una madre sana y feliz. Aquí hay que tener cuidado con los conceptos absolutos. “Sana y feliz” no quiere decir “totalmente equilibrada y pletórica de dicha”.

Desde del alumbramiento, hay que iniciar una tarea que no es nada fácil y que llevará el resto de la vida. Consiste en administrar el tiempo, de modo que siempre quede algo para la mujer que hay detrás de la madre. Al principio, seguramente, será poco. A medida que vayan pasando los años, cada vez debe ser más amplio ese espacio personal.

El segundo factor clave tiene que ver con comprender que la tarea de la crianza siempre es compartida. Hay que desterrar la idea de que la madre debe ser “el todo” en la vida del hijo. El padre del niño también juega un papel importante, así como los abuelos, los tíos, los maestros, etc. Lo ideal es saber distribuir esos espacios, ya que tanto la madre como el hijo pueden salir muy beneficiados.

Padre con su hijo a hombros

Confiar en el hijo

No importa por cuántos sacrificios y desvelos tenga que pasar una madre: eso no va a evitar que su hijo cometa errores, que a veces se comporte de manera inadecuada, que sufra y que no logre todo lo que quiera. Justamente de todo eso se trata la vida y el objetivo no es evadirla, sino aprender a sortearla.

Una buena madre mantendrá abierta la línea de comunicación con su hijo, pero entenderá que él no siempre le dirá todo. Le enseñará que, así como ella comete errores, él también los cometerá y eso no es motivo para fustigarse. Habrá que reparar una y otra vez lo que es reparable y aprender a asimilar lo que ya no fue o no puede ser.

El sentimiento de culpa no arregla ningún problema, sino que tiende a empeorarlo. Si los asuntos importantes se asumen con seriedad, no cabe la culpa, sino el sentido de responsabilidad. Este lleva a sopesar, evaluar, comprender y, a partir de ello, avanzar. Lo demás sobra.

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La culpa es una sentimiento negativo del que podemos aprender, siempre y cuando nos atrevamos a mirar qué nos está queriendo decir.



  • Echebarria, I. (1992). Sentimientos de culpa y problemática del cambio de valores en la mujer. Revista de psicología general y aplicada: Revista de la Federación Española de Asociaciones de Psicología, 45(1), 91-101.

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