Sentimientos de culpa después de comer ¿por qué aparecen?

10 Enero, 2021
Este artículo ha sido escrito y verificado por la psicóloga Valeria Sabater
Cuando comer nos genera sentimientos de culpabilidad de manera casi persistente, corremos el riesgo de entrar en un peligroso círculo de malestar que puede derivar en un trastorno de la conducta alimentaria. Lo analizamos.

Los sentimientos de culpa después de comer conforman en muchos casos las bases de un trastorno de la conducta alimentaria (TCA). Bien es cierto que la mayoría hemos experimentado ese sentimiento, el de “no debería comerme esto, porque no es sano y tiene un exceso de calorías”, pero a pesar de ello uno lo hace porque un día es un día y toda dieta variada nos permite licencias.

Sin embargo, hay quien lleva esto mismo al extremo. En ocasiones, lejos de comer para nutrirse, hay quien necesita satisfacer sus emociones y, de pronto, la alimentación se transforma en un comportamiento compulsivo (y destructivo). Esto hace que se busque casi en exclusiva productos de baja calidad nutricional, pero que, sin embargo, ofrecen un breve subidón de endorfinas y serotonina.

De pronto la culpa filtra cada aspecto de la vida de esa persona. Así, cuando el acto de comer genera culpabilidad, se crea una dinámica sin salida en la que los sentimientos negativos les abocan a seguir reforzando esa conducta alimentaria deficiente y problemática. Casi, sin darse cuenta, caen en un círculo vicioso altamente peligroso.

Lo analizamos.

Mujer comiendo y experimentando sentimientos de culpa después de comer

Sentimientos de culpa después de comer ¿qué hay detrás de esta emoción?

Los sentimientos de culpa después de comer pueden aparecer en niños, adolescentes y adultos. Es importante saber que la alimentación no es solo un acto de supervivencia, no es solo un comportamiento con fines nutricionales. Para el ser humano comer es, en muchos casos, una conducta social en la que se integran aspectos culturales, educativos y hasta mediáticos.

De hecho, pocos actos tan básicos (y necesarios) como la alimentación están tan distorsionados por muchas de las esferas que nos envuelven. Los sentimientos de culpa después de comer pueden estar motivados por múltiples factores que vale la pena conocer.

La educación y las dinámicas familiares

Los hábitos de alimentación familiares son altamente condicionantesEstudios como los llevados a cabo en la Universidad George Washington, por ejemplo, nos señalan algo interesante. Muchos padres se sienten culpables por el modo en que alimentan a sus hijos y ese sentimiento puede proyectarse a los propios niños.

De este modo, algo que pueden transmitirles desde bien temprano es la necesidad de consumir únicamente productos saludables, logrando que el simple hecho de comer pizza o un donuts de manera puntual u ocasional sea algo sancionable. Esto, puede inocular en el niño un temprano sentimiento de culpa. Por otro lado, también puede suceder otro hecho.

Es posible que durante una parte de la vida, y debido a la influencia familiar, se mantengan unos hábitos alimenticios poco saludables. Al llegar a la edad adulta, la persona procura ser estricto y seguir una dieta saludable. Sin embargo, de vez en cuando asoma el deseo de consumir algo que se sale de esas pautas y, al hacerlo, emerge el peso de la culpa.

La comida tiene significados que van más allá de lo nutricional

Los sentimientos de culpa después de comer son también el resultado de las influencias culturales. Así, algo que todos sabemos es que los alimentos tienen significados que trascienden lo nutricional. Las golosinas, los dulces, los pasteles o el chocolate “son malos”. Las bebidas azucaradas y gaseosas “son nocivas”. Las pizzas, hamburguesas o las patatas fritas son “comida basura y por tanto, perniciosas”.

Crecemos con estas ideas y, aunque sean ciertas, hay matices importantes que considerar. El consumo ocasional de estos productos no es pernicioso ni nocivo; solo la alimentación exclusiva o frecuente de estos alimentos es lo que nos ocasiona problemas de salud.

Los alimentos no son buenos o malos. La comida solo es comida y la clave está en saber comer de manera equilibrada sin prohibirnos nada. La moderación es la regla.

Una sociedad que premia la delgadez

Este es quizá el motivo que orbita en buena parte de los problemas de alimentación: el culto a la delgadez. Vivir en un mundo en el cual, la belleza y los cuerpos esculturales son sinónimo de éxito e incluso de aceptación social, atenta contra el equilibrio psicológico de cualquier persona.

Hay un canon implícito de lo que considera “el cuerpo normativo” y esa figura, ese cuerpo imposible, es a lo que muchos aspiran. Para alcanzar esta meta solo hay un medio: restringir o limitar la alimentación. Los sentimientos de culpa después de comer asoman en este caso no solo tras consumir alimentos poco saludables.

Aparecen ante cualquier producto porque el simple hecho de “alimentarse” genera malestar. Esta es la punta del iceberg de buena parte de los trastornos de la conducta alimentaria.

El estrés, la ansiedad y los sentimientos de culpa después de comer

Las personas no siempre comemos por hambre fisiológica. El hambre emocional es la que media en buena parte de nuestras conductas alimentarias y lo hace hasta el punto de ser un canalizador absoluto del estrés y la ansiedad.

Son muchos los que llegan a su casa tras un día complicado en el trabajo y solo ansían una cosa: comer productos con los que liberar su estrés y ansiedad. Buscan algo rápido, estimulante y lo bastante gratificante para actuar como catarsis del malestar. Sin embargo, la sensación de placer al consumir esa bolsa de patatas fritas o esa pizza es breve, casi efímera y al poco, asoma el demonio de la culpabilidad.

¿Cómo gestionar el sentimiento de culpa asociado a la alimentación?

Cuando llevamos varios meses experimentando esa sensación de culpabilidad asociada a la alimentación, es recomendable consultar con un psicólogo especializado en esta área. Tengámoslo claro, es muy fácil caer en condiciones como la alimentación compulsiva, los atracones nocturnos, la bulimia o la anorexia. Vivir con culpa, como comer con culpa, conforma una base de sufrimiento absoluto.

  • Ante esto, tengamos en cuenta un dato: no hay comidas “buenas” o “malas”. Todo es permisible mientras se consuma con equilibrio y moderación.
  • Aprendamos a comer por hambre fisiológica y no por hambre emocional.
  • Disfrutemos de la alimentación, con calma, sin prisas, deleitándonos de una dieta variada en la cual, podemos incluir lo que deseemos siempre de manera moderada.
  • Integremos en el día a día adecuadas estrategias para manejar el estrés y la ansiedad. La comida no debe ser un canal para ahogar las emociones complicadas.

Para concluir, comer bien es sinónimo de vivir bien. Dejemos a un lado los determinismos sociales, los cánones de belleza, la publicidad… La culpa es un tormento del que no merece la pena ser cautivos.

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