Ser pesimista también tiene sus ventajas

Marcos Merino · 7 octubre, 2018

“Si crees de verdad que algo bueno te va a pasar, terminará ocurriendo”. ¿Cuántas veces has oído un razonamiento similar? En nuestro día a día nunca faltan voces que salgan en defensa del pensamiento positivo, y del (innegable) vínculo entre optimismo y bienestar. Pero, ¿y si también fuera sano y útil dejar un margen para ser pesimista? ¿Y si ser capaz de ver el lado malo de las cosas también tiene, por contradictorio que parezca, su lado bueno?

Aclaremos, antes de profundizar en el asunto, que ser pesimista no es lo mismo que ser depresivo o ser una persona tóxica. El pesimismo, estrictamente hablando, sólo tiene que ver con nuestra forma de calcular y gestionar tus expectativas de éxito.

Llamamos “pesimismo defensivo” a la estrategia adoptada por algunas personas proclives a la ansiedad con el objetivo de ser más productivos en su vida personal y profesional. Consiste, fundamentalmente, en reducir sus expectativas de futuro con el objetivo de tener en cuenta todas las cosas que podrían salir mal y así prepararse para lo peor, permitiéndoles en algunos casos anticiparse.

Así, “ponerse en lo peor” no sólo evita que nos paralice la posibilidad de fracasar, sino que nos permite usar el pesimismo como un modo de alcanzar nuestros objetivos. Podemos verlo así: solo el rey que admita la posibilidad de ser atacado podrá utilizar los tiempos de paz para planificar defensas que protejan a su reino de posibles ataques futuros.

En definitiva, ser pesimista defensivo apuntala nuestra resiliencia: “pasarnos de optimistas” favorece una actitud despreocupada hacia los peligros, la cual nos deja indefensos ante las situaciones de riesgo y estrés cuando éstas surgen.

Mujer mirando por la ventana

Ser pesimista, ¿bueno para la autoestima y la salud?

Un estudio de 2008, que siguió la trayectoria de un grupo de estudiantes a lo largo de sus años de universidad, concluyó que los que encajaban en el perfil de “pesimistas defensivos” experimentaron niveles significativamente más altos de autoestima en comparación con otros estudiantes con tendencia a la ansiedad.

De hecho, su autoestima se elevó prácticamente al mismo nivel que la de los optimistas durante los cuatro años de carrera gracias a su capacidad para anticipar (y así evitar) los peores escenarios que pudieron imaginar.

Frieder R. Lang, PhD, de la Universidad de Erlangen-Nuremberg, llevó a cabo una investigación entre personas mayores, evaluando la asociación entre optimismo/pesimismo y el riesgo de sufrir discapacidad o muerte a lo largo de una década, entre los participantes de una relevante encuesta sobre la situación de los hogares alemanes: “Nuestros hallazgos revelaron que ser demasiado optimista para predecir un futuro mejor se asoció con un mayor riesgo de discapacidad y muerte”.

Tal como afirma Fuschia Sioris, psicóloga de la salud en la Universidad de Sheffield, “cuando los pesimistas enferman crónicamente, su visión negativa del futuro puede ser más realista y fomentar el tipo de comportamientos que los profesionales de la salud recomiendan para controlar su enfermedad”.

Además, añade, “los pesimistas prevén que su salud empeorará en el futuro; adoptar este punto de vista puede llevar a los pesimistas a adoptar estrategias que les permitan un afrontamiento más efectivo del dolor”. Pero, obviamente, no todo puede ser negro: “Una vez dicho eso, los beneficios [de esta actitud] aparecen cuando se da al menos cierto grado de optimismo acerca de la posibilidad de éxito de dichas estrategias”.

Hombre preocupado

Ser pesimista, ¿fuente de serenidad y satisfacción?

Pero algunos destacados pensadores no sólo defienden el pesimismo defensivo, sino que se atreven a abogar por el pesimismo generalizado, es decir, por la asunción de que “desde un principio y justificadamente que las cosas tienden a resultar mal en casi todas las áreas de la existencia“, como expresa el filósofo Alain de Botton (La arquitectura de la felicidad).

Pero él no cree que eso repercuta negativamente sobre el carácter o la vida del pesimista. De hecho, afirma que, muchas veces, no es ser pesimista lo que nos termina conduciendo a la amargura y a la ira, sino la esperanza insatisfecha sobre nuestro trabajo, nuestra familia o la política.

“Nuestra satisfacción en esta vida depende en gran medida de nuestras expectativas. Mientras mayores sean nuestras esperanzas, mayores serán los riesgos de rabia, amargura, decepción y persecución. […] Así, y por extraño que parezca, el pesimismo es una de las mayores fuentes de serenidad y satisfacción humana”.

Pessimism About the Future May Lead to Longer, Healthier Life, Research Finds. (n.d.). Retrieved October 6, 2018, from http://www.apa.org/news/press/releases/2013/02/pessimism-future.aspx
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